En este contexto, la llegada de la IA está transformando la forma en que las organizaciones desarrollan y adquieren talento.
Además, esta tecnología está reduciendo barreras de acceso a capacidades que hasta hace poco estaban reservadas a perfiles altamente especializados.
Asimismo, la posibilidad de interactuar con sistemas capaces de generar código, analizar información o resolver tareas complejas está difuminando las fronteras tradicionales entre perfiles técnicos y no técnicos.
Como consecuencia, cada vez resulta más importante la capacidad de formular las preguntas adecuadas, interpretar resultados y aplicar el conocimiento al contexto específico de cada organización.
De hecho, esta evolución cobra relevancia en un momento en el que, según los datos compartidos durante el encuentro, siete de cada diez competencias demandadas actualmente por las empresas no existían hace apenas cinco años.
Por ello, el ‘reskilling’ deja de ser una iniciativa puntual para convertirse en una necesidad permanente.
Uno de los conceptos que protagonizó el encuentro fue el del «trabajador centauro», una figura que representa la combinación entre las capacidades humanas y el potencial de la inteligencia artificial.
En este sentido, lejos de plantear la IA como una amenaza o un sustituto, los participantes defendieron una visión en la que la tecnología actúa como una herramienta capaz de potenciar las habilidades de las personas.
En consecuencia, en estos momentos la diferencia ya no está únicamente en los conocimientos técnicos o en la experiencia acumulada, sino también en la capacidad para adaptarse, aprender y utilizar la tecnología como una extensión de las propias capacidades.
Así, la actitud, la curiosidad y el pensamiento crítico emergen como factores cada vez más determinantes para desenvolverse en entornos marcados por la automatización.

