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La biotecnología puede cortar la dependencia del campo del uso de fertilizantes hasta un 32%

La biotecnología de precisión puede cortar la dependencia que los agricultores tienen en la actualidad del uso de fertilizantes y reducir la factura del agricultor hasta un 32%, sin perder rendimiento, según se ha constatado en la jornada ‘Soluciones tecnológicas competitivas para la producción de alimentos. Nuevas estrategias de fertilización para un futuro sostenible’, organizada por el Grupo Alimentario de Innovación y Sostenibilidad (GIS) con el patrocinio de Fertinagro Biotech.

En concreto, según los cálculos del sector, la biotecnología de precisión podría ahorrar al campo español entre 600 y 800 millones de euros al año, con reducciones de hasta el 32% en la factura de fertilizantes por hectárea, y además permitiría dejar de importar hasta 286.000 toneladas anuales de nitrógeno.

Carlos García Izquierdo, Profesor de Investigación del CEBAS-CSIC, ha indicado que la investigación científica está demostrando que la salud del suelo es uno de los pilares estratégicos de la agricultura del futuro, al tiempo que destacó el «enorme potencial» de una nueva generación de fertilizantes funcionales basados en microorganismos beneficiosos, biomoléculas y metabolitos de origen biológico, capaces de estimular los procesos naturales del suelo y mejorar su fertilidad y funcionalidad de «forma sostenible».

«Ya no se trata únicamente de producir más, sino de producir mejor: alimentos de mayor calidad nutricional, obtenidos mediante tecnologías que regeneran el suelo, mejoran la eficiencia en el uso de los nutrientes y reducen la dependencia de insumos externos», ha señalado García.

Por su parte, la secretaria general de Recursos Agrarios y Seguridad Alimentaria del Ministerio de Agricultura, Ana Rodríguez Castaño, que ha señalado la necesidad de acelerar la adopción de las nuevas tecnologías de fertilización y de trasladar a los agricultores el mensaje de que innovar no significa gastar más.

Por su parte, Agustín Miranda (Asaja), Pablo Fernández (Cooperativas Agro-alimentarias de España), Vicente Muñoz (Fertinagro Biotech), Víctor Yuste (Foro Interalimentario) y Manuel Martín (UNAE) comparten que cuando los fertilizantes se encarecen, los agricultores recortan la aplicación, bajan las cosechas, sube el precio de los alimentos y el consumidor paga la factura de una dependencia exterior que dura décadas.

Para los consumidores, los productores, la industria y la distribución deben compartir información, impulsar proyectos conjuntos de innovación y mejorar la planificación para optimizar costes y desperdicios.

Así, las Administraciones Públicas deben ser el principal facilitador para la producción y distribución de alimentos accesibles y seguros, así como apoyar la digitalización y garantizar la transparencia.

Además, los participantes coincidieron en que la solución no vendrá sólo de las ayudas de emergencia, que consideran «necesarias, pero insuficientes», sino de una transformación estructural en tres frentes: producción nacional de fertilizantes tecnológicos, economía circular en la fabricación de abonos y digitalización de la gestión de nutrientes para ajustar las dosis a las necesidades reales de cada parcela.

De esta forma, el nuevo marco europeo, según señalaron los comparecientes en la jornada, ofrece por primera vez el respaldo normativo y financiero para hacerlo.