El informe refleja una resiliencia del sector turístico frente a factores macroeconómicos como la inflación o las tensiones geopolíticas globales.
Las estancias se alargarán este año hasta una media de 11 días -dos jornadas más que en 2025-, siendo los destinos de sol y playa la opción preferida por el 49,6% de los encuestados, seguidos por los viajes al resto de Europa (28,8%) y el turismo de montaña (18,9%).
A nivel de distribución de gasto, la contratación de alojamiento absorberá la mayor partida con una media de 582 euros, seguida de las actividades de ocio y restauración (309 euros), el transporte (281 euros) y otros desembolsos imprevistos (218 euros).
LA INFLACIÓN IMPULSA LA NECESIDAD DE PAGOS FLEXIBLES
A pesar del optimismo en la intención de viaje, el 78% de los españoles reconoce que el incremento generalizado de los precios ha condicionado su planificación financiera, obligando al 40% de los hogares a ajustar a la baja su gasto previsto, especialmente en las rentas inferiores a los 2.000 euros mensuales y entre los jóvenes de 18 a 24 años.
Como consecuencia de este escenario de contención, las fórmulas de pago aplazado se consolidan en el sector turístico. El 37% de los consumidores considera «imprescindible» que las agencias y proveedores turísticos ofrezcan opciones de financiación a la hora de realizar las reservas.
Esta exigencia se dispara hasta el 60,7% en el segmento de la población joven y alcanza el 46% en las economías familiares con ingresos más ajustados.
Para costear el periodo vacacional, el 71,2% de los españoles recurrirá parcialmente a los ahorros acumulados previamente, un 15,6% lo cubrirá de forma íntegra con sus fondos de reserva, mientras que un 13,2% financiará el viaje exclusivamente a través de los ingresos corrientes del mes o mediante soluciones de crédito al consumo para preservar su liquidez financiera.

