Según las previsiones de la entidad dirigida por Elvira Nabiúllina y su actual política monetaria, la inflación anual disminuirá hasta el 4,5%-5,5% en 2026, mientras que la tasa subyacente se situará cerca del 4% en la segunda mitad del año, mientras que en 2027 y años posteriores, la inflación se mantendrá dentro del objetivo del 4%.
En este sentido, el banco central ruso señala que, si bien las expectativas de inflación de hogares y empresas han disminuido, en general siguen siendo elevadas, lo que podría impedir una desaceleración sostenible de la inflación.
Asimismo, el crecimiento económico continúa a un ritmo moderado tras una desaceleración temporal a principios de año, mientras que la política fiscal será más expansiva de lo previsto, lo que podría requerir una trayectoria de la tasa de interés de referencia más elevada que la contemplada en el escenario base de abril.
«El escenario base del Banco de Rusia partía de la premisa de que la política fiscal contribuiría a frenar la inflación a medio plazo», recuerda la entidad, para la que la persistencia de déficits presupuestarios primarios estructurales hasta 2029 podría requerir una política monetaria más restrictiva que la prevista.
«Los riesgos proinflacionarios siguen predominando sobre los desinflacionarios a medio plazo», ha advertido la institución, apuntando que estos riesgos inflacionistas se han incrementado debido a una caída temporal en la producción de combustibles ante el deterioro de las perspectivas económicas mundiales en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas.

