Durante su participación en la 52ª edición del ciclo de desayunos ‘La Industria de la Felicidad’, organizado por el Grupo Hotusa en el hotel Eurostars Madrid Tower bajo el título ‘La otra cara del turismo: el vino que crea destino’, ambos directivos han dialogado, en un encuentro moderado por el subdirector de El Español y director de Invertia, Arturo Criado, sobre el auge de la enogastronomía internacional y los retos de futuro del sector.
El acto ha sido inaugurado por el presidente de Grupo Hotusa, Amancio López, quien ha ejercido como maestro de ceremonias y ha destacado el legado de los ponentes. López ha recalcado que «la historia, la cultura y la tradición son y seguirán siendo los grandes elementos diferenciadores de Europa», sirviendo como marco para una actividad turística vinculada estrechamente al paisaje y la identidad local.
En el transcurso del debate, Eduardo Muga ha explicado la evolución que ha experimentado el sector vitivinícola, donde las bodegas han dejado de ser meras instalaciones industriales para consolidarse como destinos turísticos propios.
«Una bodega deja de ser solo un espacio de producción cuando abre sus puertas y permite entender todo lo que hay detrás de una botella», ha señalado, apuntando que los visitantes de Bodegas Muga buscan comprender una tradición familiar de casi un siglo y oficios singulares como su tonelería propia, imbricados en el paisaje de la Rioja Alta y el Barrio de la Estación.
Por su parte, Pedro Ruiz Aragoneses ha enfatizado que el perfil de viajero actual que acude a Alma Carraovejas busca, por encima de todo, «autenticidad y territorio». «El verdadero impacto del enoturismo radica en su capacidad para transformar un territorio rural en un destino singular, donde el vino es el hilo conductor de una experiencia emocional, gastronómica y cultural que no se puede replicar en ningún otro lugar del mundo», ha manifestado.
Asimismo, los ponentes han coincido en que el futuro del enoturismo exige «profesionalizar los servicios sin perder la autenticidad ni la cercanía». En esta línea, Ruiz Aragoneses ha advertido de que esta actividad no debe tratarse como una «simple atracción turística», sino como un «viaje cultural y humano profundo con capacidad única de conmover y fijarse en la memoria».
Por ello, han defendido la importancia de la hospitalidad entendida como un «arte transversal» donde el ‘terroir’, el paisaje, el ‘genius loci’, la arquitectura y la atención personalizada confluyen armónicamente.
IMPULSO AL TURISMO RURAL.
Otro de los ejes prioritarios del encuentro ha sido el impacto socioeconómico del sector sobre el territorio rural. Ambos líderes empresariales han expuesto que el turismo del vino actúa como un vector multiplicador para la hostelería, la restauración y los proveedores locales, logrando retener población y ofreciendo un modelo de crecimiento equilibrado y sostenible frente a las tensiones de los destinos turísticos tradicionales.
Respecto a la proyección exterior, Eduardo Muga ha recordado que su firma está presente en más de 84 países y que España goza de una posición «extraordinaria» gracias al prestigio internacional de sus regiones vitivinícolas. «Más que replicar modelos, la clave está en reforzar aquello que hace único a cada territorio», ha sugerido, poniendo en valor el origen y la artesanía.
A este respecto, Ruiz Aragoneses ha apuntado que el cliente contemporáneo «ya no busca solo el lujo material, sino que busca el lujo consciente en ese valor inmaterial y emocional ligado a la experiencia, el tiempo y la artesanía».
Para concluir, ambos expertos han coincidido en que el sector del vino constituye una de las mayores fortalezas competitivas del país. «Genera riqueza, preserva nuestro patrimonio y proyecta nuestra identidad al mundo», ha zanjado Muga, mientras que Ruiz ha concluido recordando que el territorio es un patrimonio «que no se puede deslocalizar» y que, si se salvaguarda el respeto al entorno, España se consolidará como un referente e indiscutible líder mundial en experiencias enoturísticas.

