S&P Global Ratings ha elevado la calificación crediticia a largo plazo de Repsol en un escalón, de ‘BBB’ a ‘BBB+’, reafirmando su calificación a corto plazo en ‘A-2’, y ha situado su perspectiva en ‘estable’, debido a la fortaleza de la medidas crediticias del grupo.

En un comunicado, la agencia de calificación destacó que la combinación de los «fuertes» precios de los hidrocarburos, con unas operaciones que han mejorado su balance y unas políticas financieras «prudentes», ha ayudado a Repsol a fortalecer sus medidas crediticias.

Asimismo, S&P espera que ahora la multienergética presidida por Antonio Brufau mantenga su ratio fondos de operaciones (FFO) sobre deuda por encima del 50% a lo largo del ciclo.

Además, la agencia subrayó que la perspectiva ‘estable’ para el rating de Repsol indica que las condiciones de mercado para la mayoría de las empresas energéticas probablemente seguirán siendo favorables durante los próximos 12 a 18 meses, lo que ayudará a la compañía a «reducir aún más su posición de deuda neta y fortalecer su balance, antes de que los mercados se debiliten».

El pasado mes de febrero, S&P ya abrió la puerta a una mejora de la calificación de Repsol mejorando su perspectiva a ‘positiva’ ante los sólidos resultados que presentó en el ejercicio 2021 y ante la previsión de que la política financiera de la compañía podría respaldar una mayor reducción de su deuda en 2022.

En 2022 los precios de los hidrocarburos han alcanzado sus máximos, aunque la firma prevé que volverán a caer en 2023, al igual que los márgenes de refino, que comenzarán a normalizarse el próximo ejercicio.

Sin embargo, consideró que estos precios máximos ya han supuesto unos flujos de efectivo mucho más altos para Repsol de lo que preveía, como ha sucedido con el resto de compañías del sector, lo que ha dotado a la compañía de «mucha más flexibilidad para llevar a cabo sus objetivos estratégicos».

Asimismo, el grupo ha llevado a cabo en lo que va de año dos importantes operaciones, como son la incorporación como socio de su negocio de ‘Upstream’ a EIG, que adquirió el 25% de este negocio por un valor de 4.800 millones de euros, y la venta del 25% de Repsol Renovables, transacción que se completó a finales de septiembre por 985 millones de euros.

S&P estima que, aunque Repsol no ha anunciado dónde destinará los ingresos de estas operaciones, la compañía dirigirá alrededor de un tercio a pagar la deuda. El resto probablemente se dividirá entre retribución a los accionistas y financiar su programa de inversión, que incluye aumentar su negocio de bajas emisiones de carbono, añade.