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Hernández de Cos avisa de que la IA puede hacer más difícil para los bancos centrales comprender la economía

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La inteligencia artificial (IA) está transformando la economía global y es una de las razones que explica las resiliencia ante las actuales tensiones geopolíticas, según ha señalado el director general del Banco de Pagos Internacionales (BPI), el español Pablo Hernández de Cos, para quien esta nueva tecnología complica la labor de los banqueros centrales, no solo en lo que respecta a la política monetaria, sino también a la estabilidad financiera, ya que puede «dificultar la comprensión de la economía».

En su intervención este lunes en la Conferencia Internacional de Banca 2026, organizada por Banco Santander, el que suena como uno de los principales candidatos a suceder a Christine Lagarde al frente del Banco Central Europeo (BCE) en 2027 no ha dudado en admitir que la IA «está dificultando nuestra labor, la de los banqueros centrales, no solo en lo que respecta a la política monetaria, sino también a la estabilidad financiera».

En este sentido, el director general del BPI, considerado como el banco central de los bancos centrales, ha subrayado que, si bien la IA no cambia el mandato de las instituciones, «puede dificultar la comprensión de la economía», lo que aumentar la relevancia de la medición, el criterio, la agilidad en las políticas y la cooperación internacional para aprender de la experiencia de los demás.

De este modo, para Hernández de Cos el futuro de la IA estará determinado no solo por los avances tecnológicos, sino también por la calidad de las políticas e instituciones.

En este sentido, el que fuera gobernador del Banco de España ha señalado que la IA ya está transformando las condiciones macrofinancieras globales, con efectos evidentes en la demanda y un impacto muy positivo en la inversión, el consumo y el comercio, especialmente en las exportaciones, sobre todo en algunos países.

Asimismo, el español ha destacado que la IA tiene el potencial de afectar tanto la productividad como el empleo, añadiendo que es el impacto potencial de la tecnología sobre los mercados laborales donde la preocupación pública es más acuciante, ya que la IA, si bien puede complementar el trabajo humano, aumentando la productividad, «también sabemos que puede sustituir a los trabajadores que realizan tareas cognitivas rutinarias».

En este sentido, ha subrayado que la fuerza que finalmente predomine variará según las ocupaciones, los sectores y, en última instancia, también entre países, destacando que «hasta ahora, el desplazamiento real ha sido limitado» puesto que muchas empresas mantienen una actitud de cautela, experimentando con la tecnología mientras se enfrentan a la incertidumbre sobre la regulación, el coste y la fiabilidad de la propia IA.

Sin embargo, Hernández de Cos ha avisado de que «están surgiendo los primeros indicios de desplazamiento en tareas y ocupaciones específicas», como la atención al cliente, la programación y el trabajo administrativo y las más recientes conferencias sobre resultados empresariales sugieren que «las empresas ya se están preparando para esta transición» y casi el 80% de las firmas analizan planes para automatizar procesos de producción y aumentar la sustitución de mano de obra.

«La lección que extraigo de este análisis y de estos datos no es que debamos resistirnos a la tecnología, sino que debemos preparar a las personas para ella», ha defendido, señalando la importancia de reestructurar y capacitar a la fuerza laboral para que se adapte al ritmo de la IA para garantizar que esta complemente el trabajo humano en lugar de sustituirlo.

Asimismo, en un escenario potencial de ‘cuello de botella’, en el que los ingresos se desvían cada vez más del trabajo hacia una mayor inversión en IA y, dado que cada trabajador desplazado representa también un consumidor perdido, el director del BPI ha avisado del impacto sobre el gasto que apoya la innovación y un potencial estancamiento de las ganancias de productividad, «no por falta de tecnología, sino por falta de demanda».

IMPACTO EN LA ESTABILIDAD FINANCIERA.

Por otro lado, el exbanquero central español ha hecho hincapié en los efectos potenciales de la IA sobre la estabilidad financiera, más allá de los relacionados con amenazas cibernéticas, en referencia a unas valoraciones cada vez más elevadas y concentradas en un pequeño número de empresas clave en el sector de la IA ante unas ambiciosas expectativas de ganancias futuras.

Al mismo tiempo, ha advertido de que la inversión de capital de las mayores empresas del sector supera sus flujos de caja, lo que impulsa una creciente dependencia de la deuda, principalmente del crédito privado y de la llamada financiación circular.

«Si la rentabilidad de la IA resulta decepcionante, una reducción de la inversión podría convertir el actual auge del gasto de capital en una crisis», ha señalado Hernández de Cos, apuntando que este riesgo se ve agravado por la constante «carrera armamentística de inversión» entre las empresas de IA, donde la intensa competencia puede llevar a una sobreasignación de recursos.

De tal modo, teniendo en cuenta la experiencia histórica del ciclo de impacto de revoluciones tecnológicas anteriores, cuando hay un auge, también se produce una crisis y la corrección posterior tiene consecuencias para toda la economía, aunque el director del BPI ha alertado de que las consecuencias de una corrección de este tipo podrían ser mayores que en el pasado, ya que los hogares en la actualidad concentran una mayor parte de su patrimonio y una brusca reapreciación podría repercutir con mayor fuerza en el consumo y no solo transmitirse a través de la inversión.

En este sentido, dado que las acciones estadounidenses representan una gran parte de los mercados bursátiles mundiales, los efectos podrían propagarse a nivel global, ha advertido.

«No digo que este sea el camino que deba seguir el ‘boom’ de la IA, pero la magnitud y la velocidad del actual auge de las inversiones y el peso de las rentabilidades esperadas que conlleva justifican la cautela», ha apostillado.