«Se tomó la decisión unánime de que estábamos en una posición suficientemente buena como para esperar información adicional», ha resumido la francesa, recordando que, antes de la reunión del próximo 17 de diciembre, se conocerán numerosos datos y habrá más información, así como un nuevo escenario macroeconómico de los economistas de la entidad.
«A menos que haya un acontecimiento importante, la dirección que tomaremos es bastante clara para todos», ha afirmado.
En este sentido, si bien durante su intervención ante los medios ha admitido que la situación actual «podría haber justificado una subida», la presidenta del BCE ha defendido que, por el momento, no se aprecia riesgo de efectos de segunda ronda adicionales a los ya contemplados en las proyecciones publicadas en septiembre.
Al mismo tiempo ha destacado la especial atención del Consejo a los «dos cambios clave» detectados, incluyendo los precios de la energía y su impacto en la inflación, pero también el aumento observado en el coste de la financiación a largo plazo, con un fuerte repunte del rendimiento medio de los bonos soberanos a 10 años.
Ante este panorama, el Consejo de Gobierno del BCE debatió si una subida era apropiada, aunque decidió por unanimidad que «un enfoque prudente seguía siendo apropiado».
La francesa ha evitado entrar en detalle en la situación de la deuda de su país, que durante la semana pasada llegó a alcanzar el coste más alto desde 2002 para financiarse a diez años vista, asegurando que se aprecia un incremento significativo «no específicamente en un Estado miembro ni en toda Europa, sino en el mundo entero», aunque ha reconocido que algunos Estados miembros de la UE «se enfrentan a desafíos particulares».
NO REDUCIRÁ LAS REUNIONES.
Por otro lado, la presidenta del BCE ha rechazado la posibilidad de que la institución reduzca el número de reuniones que mantiene cada año para evaluar la política monetaria, después de que la Reserva Federal de Estados Unidos anunciara ayer que pasará de ocho revisiones a tan solo seis en 2028, con un periodo de adaptación en 2027 que contará con siete reuniones.
«¿Hay motivos para reducir nuestra actividad a las reuniones trimestrales? No y no tenemos planes de limitar el número de reuniones que tratarán sobre política monetaria», ha indicado.

