De este modo, la deuda del país galo ha logrado conservar su calificación dentro de la categoría sobresaliente, a pesar de que las presiones que han elevado por encima del 5% por primera vez desde 2002 el rendimiento al bono francés a 10 años, disparando la prima de riesgo de la deuda a máximos de 15 años, en medio de las tensiones sociales y las dificultades para sacar adelante unas cuentas que permitan embridar el déficit.
En su análisis, Moody’s sostiene la calificación ‘Aa3’ de Francia se sustenta en una economía próspera y diversificada, así como en la alta competencia de sus instituciones públicas, aunque admite que la solidez del marco institucional del país se enfrenta a pruebas recurrentes derivadas de un parlamento dividido, así como a periodos de inestabilidad política y social, mientras que la elevada y creciente carga de deuda, junto con un debilitamiento de los indicadores de capacidad de pago, «constituyen otros desafíos crediticios clave».
Además, destaca que los rendimientos de los bonos del Gobierno han aumentado más rápidamente de lo esperado, mientras que las protestas sociales generalizadas han estallado, «lo que podría limitar los esfuerzos de consolidación fiscal».
En este sentido, la agencia afirma que la actual nota de solvencia de Francia «parte del supuesto de que se aprobará un presupuesto para 2027 que reduzca el déficit, y que los costes de financiación y las tensiones sociales disminuirán en los próximos meses».
«A pesar del complejo contexto político y social, partimos de la premisa de que, finalmente, se aprobará un presupuesto que reduzca el déficit para 2027, posiblemente por decreto», señala.
En cualquier caso, advierte de que se necesitará un esfuerzo fiscal significativo y sostenido más allá de las elecciones presidenciales de abril y mayo de 2027 para fortalecer las finanzas públicas de Francia y estabilizar una deuda que superará el 120% del PIB en 2027.
A este respecto, si bien anticipa que el próximo presidente y Gobierno buscarán seguir reduciendo el déficit francés, la expectativa de Moody’s es que difícilmente podrán implementar una consolidación fiscal rápida debido a las tensiones sociales, un entorno político que probablemente se mantendrá fragmentado y un crecimiento del PIB moderado, por lo que la deuda seguirá aumentando durante el resto de la década.
Asimismo, advierte de que el fuerte aumento en los rendimientos de los bonos gubernamentales en los últimos meses «incrementa el riesgo de un mayor debilitamiento de la capacidad de pago de la deuda francesa», el principal indicador para evaluar la solidez fiscal.
De este modo, recuerda que la perspectiva negativa asignada desde hace un año a la nota de la deuda soberana de Francia refleja el creciente riesgo de que la fragmentación del panorama político del país siga perjudicando el funcionamiento de las instituciones legislativas, lo que, junto con las tensiones sociales actuales, amenaza con dificultar la capacidad del Gobierno francés para abordar desafíos clave como un elevado déficit fiscal, una creciente carga de deuda y un aumento sostenido de los costes de endeudamiento.
Dada esta perspectiva negativa, una mejora de la calificación ‘Aa3’ de Francia es muy improbable a corto plazo, señala Moody’s, añadiendo que podría rebajar la calificación crediticia de Francia en el caso de nuevas evidencias de que la capacidad de las instituciones legislativas para adoptar medidas que impidan un deterioro rápido y prolongado de la solvencia de la deuda se ha debilitado.
«Una pausa o reversión duradera de disposiciones clave de reformas estructurales anteriores, sobre todo en materia de pensiones, también ejercería presión a la baja sobre la calificación», advierte, mientras que apunta que una mayor escalada del riesgo geopolítico podría ejercer presión a la baja sobre el perfil crediticio de Francia.

