En concreto, el proyecto piloto, que se desarrollará durante seis meses en una plantación de almendros de 600 hectáreas ubicada en Logrosán (Cáceres), evaluará el comportamiento del combustible renovable en operaciones del sector agrario, el cual puede incorporarse en los motores actuales y reducir hasta en un 90% las emisiones de CO2 en todo su ciclo de vida en comparación con el diésel tradicional.
La prueba, que se inició en el mes de junio y tendrá una duración aproximada de seis meses, supondrá que Moeve suministrará 15.000 litros de diésel 100% renovable, producido a partir de residuos orgánicos, que se utilizarán para propulsar una flota de 12 vehículos agrícolas, compuesta por ocho tractores y cuatro cosechadoras.
Un 28% de las emisiones de carbono de ISFA proviene de su maquinaria agrícola, a través de este suministro se evitará la emisión de 43 toneladas de CO2 y se evaluará el desempeño de los combustibles renovables como una alternativa sostenible y de incorporación inmediata para sectores de difícil electrificación como el transporte pesado, aéreo y marítimo.
La directora Comercial del área de Clean Energies de Moeve, Cristina Ballester, señaló que la reducción de las emisiones asociadas a la actividad agrícola «es prioritaria para avanzar en la transición energética y requiere soluciones inmediatas que protejan su competitividad». «Los biocombustibles 2G permiten avanzar en ese objetivo con una alternativa ya disponible y compatible con los motores actuales», dijo.
Por su parte, Iker Baron, socio y director de Sostenibilidad de ISFA, destacó que la adopción de biocombustibles 2G es «una gran alternativa para alcanzar nuestros objetivos de sostenibilidad sin necesidad de reemplazar nuestra maquinaria a corto plazo».
PLANTA DE BIOCOMBUSTIBLES 2G EN HUELVA.
Para garantizar el acceso al diésel 100% renovable, Moeve avanza, junto a su socio Apical, en la construcción de una nueva planta de biocombustibles 2G en Huelva, que se integrará en el mayor complejo de biocombustibles de segunda generación del sur de Europa.
Con una inversión acumulada de 1.200 millones de euros y una capacidad de producción flexible de 500.000 toneladas anuales de HVO y combustible sostenible de aviación (SAF), esta infraestructura es clave para alcanzar el objetivo de la compañía de liderar el mercado ibérico de los biocombustibles 2G con 2,5 millones de toneladas anuales en 2030.

