Hay clichés molestos pero inofensivos. En los 15 años que he trabajado fuera de España me han preguntado en varias ocasiones cómo hacemos para conseguir dormir la siesta todos los días con un horario laboral “normal”, o si nos enseñan a bailar flamenco en el colegio.
Otros tópicos –los autoimpuestos– son más perniciosos porque pueden desincentivar el cambio, justificando el statu quo sin necesidad de darle muchas vueltas. He visto cómo se cerraban discusiones sobre cómo conseguir que más personas se acerquen a la inversión con un: “los españoles son muy conservadores, la inversión no es para ellos”. Trabajar en una multinacional me ha permitido ganar perspectiva, porque he estado sentado en discusiones similares que se cerraban con la misma frase cambiando “españoles” por “holandeses”, “alemanes”, o “belgas”.
Los españoles no son especiales. Por supuesto que tenemos miedo a la hora de invertir nuestros ahorros. En la encuesta que ING ha llevado a cabo en toda Europa, un 56% de los españoles menciona ese miedo como el principal problema a la hora de invertir, por encima de la media del 48% de Europa. Pero estar por encima de la media no implica ser diferente. La mitad de los países –entre ellos Francia, Italia y el Reino Unido– lo están. España lidera la encuesta en un ámbito: consideramos que la falta de conocimiento es una barrera muy relevante (43% vs 35% en Europa).
Estas son las principales explicaciones que nos damos para explicar por qué no invertimos. No sabemos si son reales o excusas, pero el hecho es que invertimos poco. Dos de cada tres españoles no invierten, y, de los que invierten, dos tercios lo hacen en las opciones más seguras, a sabiendas de que renuncian a rentabilidad.
Ese dinero no invertido supone un enorme coste de oportunidad desde dos ángulos. Primero desde las familias que podrían generar una enorme cantidad de recursos adicionales. El hecho de que los ahorradores hayan optado por los depósitos tiene un coste altísimo en términos de riqueza acumulada. Si desde 2002 los hogares europeos hubieran invertido en fondos una cuarta parte del dinero que pusieron a plazo en bancos, las familias tendrían más de un billón de euros extra (1,17 para ser exactos). En España, cien euros aparcados en depósitos a plazo hace 20 años serían hoy 119, pero invertidos en fondos, se habrían convertido en 274.
El segundo impacto lo sufren las empresas europeas que pierden una fuente de financiación potencial que les podría ayudar a conseguir escala. Sí, el dinero está en los bancos europeos, pero estos se enfrentan a fuertes limitaciones a la hora de prestar. Es muy improbable que una empresa de tecnología naciente salga de un banco europeo con un acuerdo de financiación.
¿Estamos condenados? Probablemente no. No hay nada que incapacite genéticamente a los europeos para invertir. Estos comportamientos ultraconservadores pueden modificarse, pero cambian con lentitud. La transformación requiere que se alineen una serie de factores: educación financiera, abundancia de productos sencillos de fácil acceso, una fiscalidad adecuada y un ciclo financiero que traiga una cierta estabilidad. Con esto y un poco de tiempo, el cambio se produce. En la encuesta de ING sobre pensiones de 2019 casi un 80% de los encuestados españoles afirmaban no conocer ningún producto de inversión. Hoy invierte un 37% de la población. El dinero que las familias dedican a depósitos y cuentas corrientes ha pasado del 40% al 33% en los últimos 20 años. Y en fondos de inversión España está en máximos históricos: tres de cada cuatro euros de ahorro nuevo se están yendo a fondos, y es el cuarto año consecutivo en el que esto ocurre. El cambio ocurre, pero despacio.

De la encuesta emerge un dato crucial que anima a creer que el cambio continuará en España: la predisposición está presente. Los españoles son los europeos que menos se desanimaban ante factores como la fiscalidad, los malos rendimientos de una inversión, la complejidad de los productos o la falta de ahorro. Apenas una cuarta parte lo menciona como problema, la mitad que en el resto de Europa.
Europa se juega mucho. El nuevo contexto geopolítico obliga al continente a realizar inversiones masivas en seguridad energética, defensa y tecnología. Los europeos tenemos la posibilidad de formar parte de ese proyecto y, por el camino, de beneficiarnos como inversores activos.
Por Francisco Quintana, director de Estrategia de Inversión de ING España.

