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Por qué este despacho de abogados con IA está abandonando la facturación por horas

Una startup con sede en Nueva York, Crosby, combina agentes de IA y abogados para revisar contratos rápidamente, cobrando por página, para clientes como Cursor y Runway. Su CEO, Ryan Daniels, lo denomina una “neofirma”.

Ryan Daniels (izquierda) y John Sarihan (derecha) cofundaron el despacho legal de IA Crosby en septiembre de 2024. Hoy, unas 100 empresas son clientes y utilizan su IA para revisar contratos y cerrar acuerdos más rápido. Crosby

Ross Weiser no es como la mayoría de los abogados. En lugar de pasar horas revisando documentos y respondiendo correos de clientes, en un día típico supervisa una especie de enjambre de agentes de IA. Después de que estos analizan contratos y los anotan con comentarios y sugerencias, él revisa su trabajo, corrige matices legales que se les hayan escapado y se asegura de que no hayan inventado nada. Luego colabora con un equipo de investigadores en IA, sugiriendo mejoras en los prompts y explicando por qué una respuesta generada por IA es mejor que otra desde el punto de vista legal.

Hace seis meses, Weiser se unió a Crosby, un tipo completamente nuevo de despacho donde un conjunto de agentes de IA y 30 abogados colaboran para acelerar la revisión de contratos comerciales como acuerdos de servicios, acuerdos de procesamiento de datos y NDAs. El trabajo es radicalmente distinto a su anterior puesto como asociado en el prestigioso bufete Sullivan & Cromwell. Aunque la firma implementó ChatGPT para ayudar en tareas legales, él consideró que el chatbot era poco útil para tareas complejas y frustrante de usar.

“Sentía que, con más indicaciones, quizá podría conseguir lo que quería, pero no tenía tiempo para eso porque tienes que facturar horas y cumplir plazos”, explica a Forbes.

Ahora ya no es necesario facturar por horas. En su lugar, Crosby cobra por contrato, que sus agentes de IA pueden revisar en cuestión de horas en lugar de días o semanas, con un abogado humano haciendo la revisión final. La idea es alinear los incentivos financieros del despacho con los de sus clientes: cerrar acuerdos más rápido. “Creo que este es el cambio más drástico para los abogados en cien años”, afirma el CEO Ryan Daniels, abogado que trabajó durante más de una década como asesor interno en varias startups de IA. Cofundó Crosby en septiembre de 2024 junto a John Sarihan, exdirector de ingeniería en Ramp.

El joven despacho ya presta servicio a unos 100 clientes, entre ellos startups de IA muy populares como Cursor, Clay y Cognition, así como grandes empresas como la firma inmobiliaria Tishman Speyer (con 64.400 millones de dólares en activos bajo gestión). Sus agentes han revisado hasta la fecha 13.000 contratos y sus ingresos han crecido aproximadamente un 400% desde octubre. El lunes, la startup anunció que ha recaudado 60 millones de dólares en una ronda Serie B codirigida por firmas de capital riesgo de primer nivel como Index Ventures y Lux Capital, con la participación de Sequoia Capital, Bain Capital Ventures y el inversor individual Elad Gil. La empresa, que se mudó hace un mes a su sede en Crosby Street, en el barrio de SoHo de Manhattan (el nombre es una coincidencia), está ahora valorada en 400 millones de dólares, según una fuente cercana a la operación.

En esencia, Crosby está transformando la forma en que trabajan los despachos tradicionales. Bajo el modelo actual de facturación por horas, los abogados registran meticulosamente su trabajo en intervalos de seis minutos y envían múltiples facturas por cada contrato —un sistema que Daniels califica de “agotador”—. En su lugar, Crosby cobra entre 250 y 1.000 dólares por contrato, aproximadamente en función del número de páginas, lo que equivale a unos 10 a 50 dólares por página. (Los despachos tradicionales fijan precios similares para revisiones básicas de contratos, pero pueden llegar a cobrar hasta 3.000 dólares por los más complejos, según el sitio especializado Mondaq). Además, solo factura una vez, independientemente del número de revisiones del contrato.

Daniels define a Crosby como una “neofirma”: un negocio de servicios construido desde cero para la era de la inteligencia artificial.

“Creo que este es el cambio más drástico para los abogados en cien años.”

—Ryan Daniels, CEO y cofundador de Crosby

Pero su verdadero diferenciador no es el precio ni siquiera el uso de la IA. Es la velocidad.

Crosby suele trabajar con startups que no tienen abogados o que cuentan únicamente con un asesor jurídico interno. Un cliente puede enviar contratos a Crosby a través de Slack o por correo electrónico en cualquier momento del día (o de la noche). Los contratos se cargan automáticamente en un sistema central llamado Bailiff, que también almacena documentos relevantes como plantillas de acuerdos, políticas, directrices básicas y normas.

A continuación, entra en acción el conjunto de ocho agentes de IA de Crosby, construidos sobre modelos de OpenAI, Anthropic y Gemini. Cada agente se encarga de una parte distinta del proceso de negociación: extraer contexto relevante de contratos anteriores, proponer cambios en palabras o frases específicas o generar comentarios explicando las revisiones. Una vez que el sistema de IA revisa el documento de principio a fin, genera una puntuación de confianza y lo pasa a un abogado humano para pulir las partes que lo necesitan. Todo esto ocurre en cuestión de horas.

Además, hay un bucle de retroalimentación integrado. Los agentes se entrenan con miles de revisiones de contratos anonimizadas y 50.000 cláusulas etiquetadas manualmente por los abogados internos de la empresa. Con cada cláusula y contrato que revisan, los agentes perfeccionan el “arte de la abogacía”, según Daniels. Esto, a su vez, ayuda a reducir el intercambio constante entre las partes involucradas.

Para startups de IA que avanzan a un ritmo vertiginoso, Crosby encaja de forma natural. La startup de programación con IA Cursor ha utilizado Crosby para revisar 2.000 contratos, reduciendo el tiempo de revisión en aproximadamente un 50%. En un retiro de CEOs organizado por Index Ventures el verano pasado, Daniels consiguió cerrar acuerdos con tres startups de IA como clientes, entre ellas la empresa de IA de voz Cartesia y la startup de infraestructura de búsqueda en IA Parallel, fundada por el ex CEO de Twitter, Parag Agrawal.

“Muchos de nuestros clientes son pequeñas startups que no tienen equipo legal, y su opción es hacerlo ellos mismos con Google o ChatGPT o contratar a un bufete caro que les cobre 500 o 1.000 dólares por hora. Y para cuando terminan de negociar, cualquier beneficio del acuerdo ya se lo han comido los honorarios legales”, explica Weiser.

“[Crosby es] con diferencia la opción más rápida y la que mejor se adapta al ritmo de nuestro negocio frente a cualquier otra que hayamos probado.”

—Lainie Yallen, miembro fundadora de Simile

Simile, una startup de IA que desarrolla simulaciones digitales de personas para estudios de mercado, utiliza Crosby para revisar acuerdos con proveedores de datos y modelos, así como con clientes empresariales. Lainie Yallen, responsable de la estrategia comercial de la empresa, afirma que Simile ha multiplicado por 28 sus ingresos en los últimos seis meses. Necesita un equipo legal que pueda seguir ese ritmo. “[Crosby es] con diferencia la opción más rápida y la que mejor se adapta al ritmo de nuestro negocio frente a cualquier otra que hayamos probado”, señala.

La revisión de contratos es un trabajo bastante repetitivo que a menudo se externaliza, lo que lo hace ideal para la automatización. Unos meses antes de fundar Crosby, Daniels visitó empresas de externalización de procesos legales en India, donde observó una enorme demanda de servicios legales más rápidos y baratos. El mercado global de servicios legales alcanzará aproximadamente 1,1 billones de dólares en 2026, según la firma de investigación Mordor Intelligence. “Creo que la tesis de ‘ir a por el gasto en mano de obra legal’ es la correcta”, afirma Brandon Reeves, socio de Lux Capital y codirector de la ronda.

Se trata de una oportunidad enorme que otras startups también están aprovechando. En febrero, el despacho británico impulsado por IA Lawhive recaudó 60 millones de dólares para expandirse en Estados Unidos. En enero, la startup con sede en San Francisco Ivo levantó 55 millones de dólares para vender herramientas de IA a equipos legales internos de empresas como Uber y Shopify para la revisión de contratos. Quizá la mayor amenaza para Crosby: Anthropic lanzó su propio plugin legal para Claude Cowork, que también puede revisar contratos. Pero, a diferencia de estas compañías, Crosby es un despacho legal registrado, lo que significa que asume responsabilidad por cada contrato. Daniels es el único propietario, un riesgo que, según él, los laboratorios de IA más avanzados no están dispuestos a asumir.

“No quiero depender de ordenadores de silicio. Por muy inteligentes que sean… sigo queriendo confiar en personas que conozco y en las que tengo confianza.”

—Robert J. Couture, investigador principal en el Center on the Legal Profession de Harvard Law School

Crosby también se diferencia de startups de IA legal como Harvey y Legora, que venden software a despachos tradicionales que facturan por horas y no están incentivados a ser más eficientes con su tiempo. “El beneficio por socio es la métrica clave con la que se miden los bufetes”, afirma Daniels. En 2024, los 100 principales despachos de Estados Unidos registraron 69.000 millones de dólares en beneficios netos, según Law.com. Ese dinero va directamente a los bolsillos de los socios en lugar de reinvertirse en investigación y desarrollo, porque “todo giraba en torno al capital humano: atraer, formar y retener a los mejores socios”, explica. Pero ahora la IA puede encargarse de gran parte del trabajo repetitivo.

Los grandes despachos están invirtiendo agresivamente en herramientas de IA, viéndolas como una ventaja competitiva para captar más clientes, señala Robert J. Couture. Aunque los jóvenes abogados recién graduados ya no tendrán que realizar tanto trabajo rutinario, él cree que el derecho seguirá siendo una profesión centrada en las personas. “Desde la perspectiva del cliente, deben tener la confianza de que el despacho respalda todo lo que hace”, afirma. “No quiero depender de ordenadores de silicio. Por muy inteligentes que sean, y lo son hoy, y lo serán aún más, sigo queriendo confiar en personas que conozco y en las que tengo confianza.”

Couture no cree que la facturación por horas vaya a desaparecer pronto, al menos en los grandes despachos que gestionan trabajos legales complejos. “La inteligencia artificial cambiará drásticamente la forma en que ejercen los abogados, pero no creo que tenga un impacto significativo en el modelo de negocio de los grandes bufetes”, afirma.

A medida que los agentes de IA de Crosby mejoren, su sistema podría participar en lo que Grace Isford, socia de Lux Capital e inversora en Crosby, denomina “negociaciones autónomas multipartes”. Cada cliente podría tener su propio conjunto de agentes que negocien entre sí hasta alcanzar un acuerdo en su nombre. Pero, al menos por ahora, los humanos siguen siendo los responsables finales.

Este artículo se ha publicado originariamente en Forbes.com