La emergencia climática se ha posicionado como uno de los problemas que más preocupan a la población y prueba de ello es el impacto mediático surgido con motivo de la celebración de la Cumbre del Clima 2019 en Madrid, que contó con la participación de 200 países y un total de 1.500 ponencias, o el acaparamiento de portadas que generó el activismo de Greta Thunberg. Porque, aunque la biodiversidad terrestre siempre ha sufrido crisis ambientales y a lo largo de los 600 millones de años se han identificado cinco episodios de extinción masiva de vida en el planeta, el ser humano, a través de la explotación de los recursos naturales, se presenta como una fuerte amenaza para su propio ecosistema y la biodiversidad que le rodea.

Cada vez son más las personas comprometidas con un cambio de actitud y comportamiento que, a través de su poder de influencia, piden los acuerdos políticos necesarios y unas leyes medioambientales acordes. En paralelo, surge una corriente que tiene como base todas esas pequeñas acciones que están al alcance de cualquier individuo consciente de que, si se quiere lograr el cambio, no se puede pretender seguir con el mismo estilo de vida. Lo decía ya en 1795 el geólogo y naturalista James Hutton: “son las pequeñas acciones, continuadas en el tiempo, las que traen los cambios más importantes para la Tierra”.

Pero, como es necesario comenzar por el principio, se puede partir de interiorizar las cinco erres de la ecología: reducir, reparar, recuperar, reutilizar y reciclar.

Precisamente la última, reciclar, es la base de todo, una actividad sencilla con la que reducimos la contaminación, ahorramos en recursos naturales, colaboramos en la fabricación de nuevos productos y creamos nuevos puestos de trabajo. La encuesta publicada a finales del 2019 por la consultora IPSOS, mostró algunos datos esperanzadores al respecto, como que el 90% de los encuestados afirma reciclar o separar residuos de manera habitual o con cierta frecuencia.

Sin embargo, antes de llevarlo a cabo, es fundamental saber cómo hacerlo, “hay mucha gente que no sabe cómo reciclar, sobre todo de generaciones anteriores, esto ocurre porque no ha habido una educación ambiental y no estamos muy bien informados, cosa que afortunadamente ahora está cambiando en las escuelas” nos comenta Marta Abril, quien desde The Comoonity ayuda a la gente a reconectar, a nivel mental y físico, con sus raíces a través de retiros holísticos o talleres de ayurveda. En este sentido las plataformas Ecoembes y Ecovidrio, desde su página web, ejercen una gran labor informativa, así como las apps My little plastic footprint o Reciclaya, esta última creada por Carrefour.

Una cuestión de cantidad

El estilo de vida actual nos lleva a consumir a una velocidad tal que la naturaleza no puede asimilar la cantidad de residuos que se acumulan, ni filtrar todos esos elementos químicos que se emiten a la atmósfera. Este consumismo es extrapolable a todos los niveles de nuestra vida: la moda, la cosmética, los alimentos, la luz o los combustibles fósiles. Así lo entiende Javier Sánchez cofundador de Wai Wai, tienda online de productos ecológicos y zero waste, “para resolver este problema no basta con reciclar, hay que reducir el consumo y tratar de eliminar los plásticos de un solo uso de nuestros hábitos de consumo” (una simple botella de plástico de PVC o PET puede tardar de 100 a 1.000 años en degradarse).

Cambiar esto pasa por ser conscientes de qué es aquello que realmente necesitamos o si lo que estamos consumiendo lo podemos hacer de otra forma, esto es, evitando envases de comida innecesarios en favor de la compra a granel, sustituyendo los botes de gel o champú por aquellos en formato sólido, utilizando el transporte público, reutilizando los recipientes para darles una segunda vida o volviendo a tomar la costumbre que tenían nuestros antepasados de reparar aquello que se rompe, “lo sostenible es intentar que las cosas que tenemos duren, así podemos ayudar al planeta” afirma Marta Abril.

Precisamente en el tema de los residuos plásticos es la cosmética convencional la segunda industria más contaminante, una problemática que desde Wai Wai combaten a través de los cosméticos sólidos, que duran más tiempo y para cuya elaboración se requiere menos agua. Javier Sánchez explica que ellos envasan sus productos en papel kraft, lo que les ha posibilitado ahorrar en un año más de 1,5 toneladas de plástico en forma de botes de champú o gel de ducha.

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Por su parte, la marca de ropa Ecoalf también decidió tomar cartas en el asunto del consumismo masivo y por ello lanzó en el 2019 la campaña anti Black Friday apodada #RecyclingBlackFriday, con la que se quiso mostrar el impacto de la industria de la moda, la segunda más contaminante después del petróleo. Carolina Álvarez-Ossorio, directora de Marketing y Comunicación de la marca, nos explica que “los consumidores están cada vez más preocupados por el impacto que generan sus compras” y reconoce que “la educación es un tema vital, ya que los valores de innovación y sostenibilidad tienen que inculcarse desde el principio”. Por eso han decidido invertir tiempo en dar charlas en colegios y universidades para dar visibilidad al problema y mostrar que hay otras formas de hacer las cosas.

Industria contaminante

Para hacerse una idea del gasto energético que supone fabricar ropa, solo hace falta saber que, para confeccionar unos vaqueros, se necesitan 7.500 litros de agua, o lo que es lo mismo, el líquido que bebe de media una persona en siete años. Además, el transporte de todas estas prendas emite más carbono que todos los vuelos y transatlánticos juntos. Para más inri, su producción se ha visto impulsada por un aumento del 60% en el consumo de ropa debido, en gran parte, al ritmo con el que cambian las modas y la expansión de líneas de ropa más económicas.

Son muchas las marcas que han emprendido un nuevo camino más sostenible y consciente con el que hacer frente a los datos anteriores y conseguir rebajarlos. Es el caso de Stella McCartney con el empleo de materiales orgánicos y el rechazo del cuero, de las líneas ecológicas que han creado grandes marcas de moda rápida como Arketo o H&M y de la innovación en el uso de materiales más resistentes como el Blocktech de Uniqlo. Asimismo, Ecoalf lanzó en el 2015 el proyecto Upcycling the Oceans, con el que se ha logrado sacar más de 500 toneladas de basura del fondo del mar con la ayuda de 3.000 pescadores voluntarios en 42 puertos de España y en 5 islas de Tailandia. “Nuestra visión desde el 2009 es la de dejar de consumir los recursos naturales de este planeta de forma indiscriminada y nuestra misión es la de crear la primera generación de productos reciclados con la misma calidad y diseño que los mejores no reciclados” defiende Carolina de Ecoalf.

Incluso en el tema del reciclaje hace falta ser creativo, y es que nadie se podría imaginar que, a partir de neumáticos usados, café post consumo o redes de pesca, se pudiesen crear tejidos válidos para confeccionar todo tipo de vestimenta. En Ecoalf esta innovación les ha posibilitado crear más de 300 tejidos diferentes y, además de su colección habitual, lanzar una línea de yoga 100% sostenible para la que han empleado Q-Nova (nylon reciclado), las nuevas zapatillas Sandford Knitting creadas con botellas de plástico recogidas del Mediterráneo, las flip flops hechas con neumáticos reciclados gracias a una colaboración con Signus y CTCR o el modelo Courb que lanzan esta primavera junto con Camper.

Alimentación con conocimiento

Los problemas con la alimentación parten de un modelo económico no siempre sostenible, que está basado en la sobreexplotación excesiva. En consecuencia, aparecen problemas sociales como el desequilibrio económico o el deterioro del medio natural. Pero una cuestión fundamental no es tanto lo que ingerimos sino lo que no consumimos o, mejor dicho, lo que desechamos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que cada año una tercera parte de la producción mundial de alimentos para consumo humano se pierde o desperdicia en algún punto de esa interminable cadena que se inicia en las explotaciones agropecuarias y que termina en los negocios de restauración y la cocina de nuestros hogares. Todo esto resulta en 1.300 millones de toneladas anuales, suficientes para alimentar a 3.000 millones de personas. En este sentido, Carolina Davico, responsable de Compras y Comunicación Institucional de los Supermercados Ecológicos NaturaSí, afirma que “hasta que no se cambie el modelo de conciencia y consumo, no se valorarán los alimentos de la misma forma (…) y el cambio de paradigma necesario tiene que venir en gran parte motivado por los gobiernos”.

Hablar de alimentación es hablar también de la salud, y la preocupación por los valores nutricionales y el origen de lo que ingerimos es cada vez mayor. Como consecuencia de esto, están surgiendo cada vez más tiendas de alimentación ecológica o líneas de alimentos con el sello ‘bio’ que entran en el mercado como una nueva alternativa. NaturaSí es uno de estos supermercados que, aunque de origen italiano, lleva 20 años en España. “La agricultura ‘eco’ plantea de base respetar los recursos naturales que tiene la tierra y tratarla bien, además de defender una acción social colectiva”, aclara Carolina Davico.

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Con la moda de lo ‘bio’, llega también el engaño, algo que preocupa y sobre el que Carolina cree que es el consumidor quien tiene el poder de decidir, “pero es complicado porque tiene que ver con la cultura, la educación, las necesidades, etc”. Por ello cree que es fundamental el conocimiento y sentido común, “un ejemplo de esto es cuando coges un snack que tiene tres ingredientes, frente al que tiene muchísimos como potenciadores de sabor, colorantes, etc. El sentido común te dice que en el segundo algo no va bien”. Por su parte, Marta Abril cree que “la mejor manera de comer con conciencia es pensar en cómo lo hacían tus abuelos, ellos vivían conectados”, esto se traduce en utilizar productos locales, de temporada y no desperdiciar absolutamente nada.

Trotamundos responsable

El turismo es uno de los sectores que más riqueza genera en la economía mundial (supone el 10% del PIB mundial), pero el turismo masivo ha provocado un aumento de la contaminación y la degradación medioambiental. En respuesta a este problema, hay agencias de viajes que apuestan por un turismo más sostenible que tenga como principios básicos la conservación del patrimonio natural y cultural de los lugares turísticos, y la contribución al progreso de la comunidad donde se desarrolla. Una de estas agencias es Abora Travels, con base en Tenerife, cuyo equipo ha decidido crear una base de datos para que los usuarios puedan encontrar, por países, contactos para alquilar viviendas locales, hoteles y residencias ‘eco’, restaurantes que sigan las reglas FLOSS (fresh, local, organic, seasonal, sustanaible), medios de transporte alternativos, u organizaciones solidarias con las que poder colaborar. Porque como afirma Alicia Medina, Directora de Comunicación de la agencia, “desde Abora nos proponemos tener una labor educativa e informativa, ya que el mayor problema al que nos enfrentamos es precisamente a la falta de ambas”.

Y como el cambio viene de las soluciones reales, Alicia cree que éstos deben partir de un cambio de sistema con soluciones políticas y económicas, como se está haciendo en Suiza, Costa Rica, Islandia, Dinamarca o Croacia, o de evitar en la medida de lo posible medios de transporte altamente contaminantes como el avión o los cruceros, en favor del tren o de barcos con propulsión de gas licuado (GNL), como ya hace Costa Esmeralda.

12 datos para entender por qué cuidar el medio ambiente es un trabajo común

El cambio climático constituye una de las mayores amenazas medioambientales a la que se enfrenta el hombre. Una manera de proteger la biodiversidad comienza por un consumo respetuoso del medioambiente.

  • Cerca de 200 países acordaron fijar en 1,5º el umbral máximo de aumento de la temperatura del planeta.
  • Debemos reducir a cero las emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2040 en toda la UE si no queremos vivir los peores efectos del cambio climático. 
  • Según el Instituto Elcano, el 81% de la ciudadanía piensa que España no hace lo suficiente para luchar contra el cambio climático. 
  • En el año 2050, 9.600 millones de personas habitarán el planeta. 
  • Hoy en día, se extraen y emplean alrededor de un 50% más de recursos naturales que hace 30 años.
  • En la Unión Europea se consumen más de cien mil millones de bolsas de plástico y solo se recicla un 7%

Los hábitos alimentarios actuales están contribuyendo a la obesidad. Cada vez más niños siguen dietas desequilibradas, algo que aumenta los riesgos de padecer diabetes, cáncer y enfermedades de corazón.

  • En el mundo 1.400 millones de personas sufren sobrepeso.
  • 870 millones están desnutridos crónicamente.
  • Casi el 50% de los europeos sufre sobrepeso.
  • Entre 1990 y 2008, un área equivalente al doble de la superficie de Bélgica se deforestó, fuera de la UE, para producir alimentos para los ciudadanos europeos.
  • Si todo el mundo viviese como un europeo, ne- cesitaríamos el equivalente a 2,7 planetas para satisfacer la demanda de recursos naturales. Aunque no todo corresponde a los alimentos, el dato muestra que estamosviviendo por encima de los límites del planeta.
  • Si todo el mundo cambiase su dieta, aumentando el consumo de alimentos con menor huella de carbono, podríamos reducir hasta un 25% las emisiones de CO2.