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El reloj diminuto con el que Blancpain reivindica 70 años de relojería femenina

La marca suiza celebra los 70 años de Ladybird recuperando una idea nacida en 1956: encerrar un pequeño movimiento mecánico en un reloj pensado como una joya.

Este año se cumplen 70 del nacimiento de Ladybird, una colección de relojes para mujer que la firma suiza Blancpain mantiene en su catálogo y que ha ampliado en los últimos tiempos con Ladybird Colors, variantes coloridas con fases de la luna y modelos joya. A esta línea se suma ahora una pieza pequeña, diminuta: el Lady B. Se podría decir que su concepto es también setentón, porque se basa en el Ladybird Bullet que vio la luz en 1956 y que inauguró la historia de Ladybird.

Blancpain estaba entonces dirigida por Betty Fiechter, reivindicada por Blancpain como la primera mujer al frente de una manufactura relojera suiza desde 1933, cuando ellas no tenían ni voz ni voto en su país (el sufragio femenino se instauró a nivel federal en el país en 1971). Fiechter había sido una de las colaboradoras de máxima confianza de Frédéric-Emile Blancpain, perteneciente a la séptima generación de la familia fundadora, y cuando éste falleció, ella se erigió además en copropietaria de la empresa junto a otro empleado, el director comercial André Léal, que murió en 1939. Durante la etapa en la que compartió mandato con su sobrino Jean-Jacques Fiechter, alumbraron piezas icónicas como el Fifty Fathoms de 1953, considerado uno de los primeros relojes de buceo modernos, y el Ladybird de 1956, equipado con el calibre R55, descrito como “el movimiento redondo más pequeño de su tiempo producido en serie”.

Ese triunfo de la miniaturización se repite hoy en el Lady B (cuya B remite a Betty). Porta el calibre 615, presentado en 1995 y considerado por la manufactura uno de los movimientos mecánicos automáticos contemporáneos de menor tamaño, con 15,7 mm de diámetro y 3,9 de grosor. No alcanza las dimensiones de otros dos prodigios de la micromecánica que siguen utilizándose hoy, aunque ambos son de cuerda manual: el BVL 100 Piccolissimo de Bvlgari, redondo y de 12,3 mm x 2,5, y el calibre 101 de Jaeger-LeCoultre, rectangular, de 14 × 4,8 × 3,4 mm. El 615 es mayor, pero su sistema de carga añade una masa oscilante y el correspondiente mecanismo de remonte. Reúne 180 componentes y ofrece una reserva de marcha de 38 horas.

Con una caja realizada en dos partes, aunque visualmente parece haber sido esculpida a partir de un único bloque de acero u oro rojo, el Lady B mide 19 mm de diámetro y 13,2 de grosor y adopta una forma casi esférica. El cristal de zafiro prolonga ese efecto de burbuja y el fondo, algo más estrecho que el bisel, queda oculto cuando la pieza se observa desde arriba. La propuesta encaja, además, en un momento propicio. Los formatos compactos llevan varias temporadas ganando terreno y en 2026 la tendencia se ha hecho especialmente visible, pues distintas relojeras han apostado por cajas más contenidas y han rescatado proporciones que hace una década parecían destinadas al pasado.

La esfera opalina beis, limpia y luminosa, lleva índices aplicados de oro y solo muestra horas y minutos. La corona incorpora las iniciales JB, por Jehan-Jacques Blancpain, el relojero que en 1735 registró su oficio en Villeret y al que la firma considera fundador de la casa. Es un recurso que Blancpain ya ha utilizado en otros modelos como homenaje a sus orígenes.

También regresa una de las ideas más características del antiguo Ladybird. Si bien en el Bullet la correa atravesaba una ranura posterior y podía sustituirse con facilidad, el de 2026 prescinde igualmente de asas. Una correa de piel de becerro de doble vuelta se inserta en una abertura mecanizada directamente en el metal. Está disponible en siete tonalidades: blanco, beige, moca, burdeos, azul, coral y morado. 

El Lady B no es, por tanto, una reedición del Bullet de 1956. Tampoco supone el retorno de Ladybird, porque la colección nunca ha dejado de formar parte de la oferta de Blancpain. Es una reinterpretación de aquella búsqueda de hace 70 años: hacer de la miniaturización del mecanismo un argumento técnico y, al mismo tiempo, estético.

En cuanto al precio, la versión de acero cuesta 10.950 euros y la de oro rojo de 18 quilates, 16.350 euros. Ninguna es de tirada limitada. Abren un nuevo capítulo en la trayectoria de Ladybird.