Europa atraviesa el momento más decisivo en materia de Seguridad desde el final de la Guerra Fría. La guerra en Ucrania ha devuelto la Defensa al centro de la agenda política y económica, obligando a la Unión Europea a replantearse no sólo su capacidad militar, sino su modelo industrial y su arquitectura estratégica.
En ese contexto, Andrius Kubilius ocupa una de las carteras más sensibles y estratégicas de la Comisión Europea. Ex primer ministro de Lituania y con una larga trayectoria en política europea, Kubilius asume la responsabilidad de articular la respuesta comunitaria en Defensa y Espacio en un momento de crisis estructural. Su misión no se limita a coordinar programas industriales, implica redefinir la relación entre soberanía, competitividad y seguridad.
Mario Draghi ya anticipó en 2024 que la industria de Defensa y Espacio podía convertirse en uno de los grandes motores de crecimiento europeo. Hoy, con el compromiso de la OTAN de elevar el gasto al 3,5% del PIB —más un 1,5% adicional en ámbitos relacionados—, esa reflexión se traduce en cifras de una magnitud inédita: hasta 7 billones de euros en inversión nacional en la próxima década.
Pero para Kubilius, la cuestión no es únicamente cuánto se gaste, sino sobre todo cómo. En esta conversación aborda los grandes dilemas de la nueva arquitectura europea: la fragmentación histórica de la industria de Defensa, la necesidad de un mercado único, la posibilidad de articular una auténtica Unión Europea de la Defensa, el papel de un eventual Consejo Europeo de Seguridad, la lección del fracaso de proyectos como el FCAS y el desafío de evitar que el aumento del gasto derive en descoordinación o inflación de precios.
También amplía el concepto tradicional de Defensa hacia una Defensa extendida, lo que denomina un ecosistema de Defensa: movilidad militar, logística, innovación acelerada, integración industrial y participación activa de Ucrania como socio. “La batalla la gana la infantería, pero la guerra la gana la logística”, recuerda, citando al general Sherman. Y advierte: “En la guerra moderna, sin espacio no se puede operar”.
En ese escenario, España aparece como un actor con potencial estratégico y destacadas capacidades navales, industriales y en guerra electrónica; eso sí, siempre que apueste por la agenda paneuropea y la cooperación estructural como claves para la superación de la fragmentación. Ésta es la visión del comisario europeo encargado de convertir el rearme en política industrial y la Defensa en competitividad.
Andrius Kubilius atendió a Forbes el pasado 20 de febrero durante su visita oficial a España, y accedió a responder por escrito dos preguntas sobre el complejo escenario en Oriente Medio tras el estallido bélico de los últimos días en Irán.
P: ¿Cómo evalúa la actual escalada en Irán y el escenario de guerra emergente que está tomando forma en Oriente Medio? ¿Qué papel debería desempeñar la Unión Europea como actor estratégico?
R. La situación en Oriente Medio es preocupante para todos, tanto en Europa como en el resto del mundo. La UE debe velar por sus intereses estratégicos y protegerlos: la seguridad y la evacuación de sus ciudadanos, la prevención de crisis migratorias o el terrorismo en territorio de la UE, la mitigación de posibles aumentos del precio de la energía y una posible crisis del transporte marítimo o aéreo, el apoyo a las capacidades de defensa de los Estados miembros de la UE, priorizando las capacidades de defensa aérea y los esfuerzos adicionales para seguir apoyando la defensa antimisiles de Ucrania.
P: Si la situación evolucionara hacia una escalada prolongada, ¿qué impacto podría tener en el equilibrio geopolítico global y en la estabilidad económica y energética? ¿Debería Europa acelerar aún más sus capacidades en términos de preparación, resiliencia y coordinación en defensa?
R. Si el conflicto se prolongara – circunstancia que la UE no puede predecir ni prevenir – los esfuerzos de la UE para reforzar sus capacidades de defensa serán aún más importantes.

P. Hasta ahora, Europa ha basado su integración en la política económica y las reglas fiscales, hoy hablamos de rearme e industria de Defensa. ¿Se ha convertido la Defensa en política económica?
R. Es una pregunta muy pertinente. Conviene recordar el informe Draghi de 2024 sobre competitividad. En ese informe se dedica mucha atención a la industria de Defensa y Espacio, y Draghi afirma claramente que la industria de Defensa puede ser un factor decisivo para el desarrollo de la competitividad de la eurozona.
Pero también señala que nuestra industria de Defensa tiene grandes problemas estructurales, porque está muy fragmentada y no existe un mercado único de Defensa. Desde los años 50 del pasado siglo hemos tenido políticas nacionales de Defensa separadas y eso es un legado histórico que hoy nos penaliza. El consejo de Draghi fue muy claro: Europa necesita superar la fragmentación de su industria de Defensa y crear un verdadero mercado único para poder desarrollar su competitividad. Cuando las industrias están fragmentadas y no pueden utilizar la escala que ofrece un gran mercado único, pierden su sitio y capacidad frente a empresas estadounidenses, chinas e incluso coreanas.
«La industria de defensa puede ser el gran factor de competitividad de Europa«
Como consecuencia, nuestros gobiernos gastan grandes cantidades de dinero fuera de la industria europea y, por tanto, no estamos fortaleciendo nuestra propia base industrial. Eso significa que tampoco estamos utilizando la Defensa como un factor de impulso para la competitividad general de nuestra economía.
Draghi dijo también que, para mantener la competitividad europea, necesitamos encontrar la manera de invertir 800.000 millones de euros adicionales cada año en la industria europea. Si los Estados miembros implementan el compromiso de la OTAN de dedicar un 3,5% del PIB a Defensa durante los próximos 10 años, estaríamos hablando de alrededor de 7 billones de euros. Eso supone aproximadamente 700.000 millones al año, una cifra muy cercana a la que Draghi consideraba necesaria.
Es decir, la Defensa no es sólo seguridad, es también economía e industria.
P. La política de Defensa sigue siendo prerrogativa nacional, ¿es el momento de incorporar una Defensa estructural europea, incluso a nivel de tratados?
R. Los tratados son ambiguos. Por un lado, dicen claramente que la Defensa es una prerrogativa nacional. Por otro, cuando hablan de la Política Común de Seguridad y Defensa se refieren principalmente a la acción exterior —operaciones militares en África, en el Sahel u otros lugares—, pero no a cómo organizamos nuestra propia Defensa territorial, la Defensa de los Estados miembros y de la Unión Europea en su conjunto. Ahí existe una carencia.
Al mismo tiempo, los tratados también establecen la obligación de avanzar de forma evolutiva hacia una Defensa común. No está claro qué significa exactamente ni cómo debe gestionarse, pero la obligación está ahí.
Siempre digo que ahora es el momento de debatir estas grandes cuestiones. Si no lo hacemos en una situación de crisis de seguridad como la actual, ¿cuándo lo haremos?
Cambiar los tratados es difícil. Una posibilidad podría ser construir una Unión Europea de la Defensa mediante un nuevo tratado intergubernamental, como ocurrió con Schengen: algunos países comienzan y otros se incorporan después. Pero, desde mi punto de vista, lo primero que necesitamos es una plataforma específica donde estas cuestiones puedan discutirse de manera profunda, responsable y rigurosa.
“Tenemos la obligación de avanzar hacia una Defensa común”
Por eso he propuesto retomar una idea planteada hace casi 10 años por Emmanuel Macron y Angela Merkel: la creación de un Consejo Europeo de Seguridad. En ese consejo podrían participar Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y, eventualmente, el Reino Unido, junto con otros miembros y representantes de la Comisión y del Consejo. Sería un primer paso —quizá no el más ambicioso—, pero permitiría disponer de una estructura estable donde abordar estas grandes cuestiones estratégicas. Porque cuando miro atrás, me sorprende comprobar que muchas de estas ideas llevan años formuladas, pero no hemos avanzado suficientemente en su aplicación. Ahora necesitamos encontrar la manera de ejecutarlas.
P. De cara al próximo ciclo presupuestario, ¿tiene Europa capacidad productiva suficiente? ¿Cómo se puede evitar que el aumento del gasto genere más fragmentación en lugar de consolidación?
R. Debemos distinguir dos niveles de inversión: el nacional y el europeo.
A nivel nacional, si los Estados miembros cumplen durante los próximos 10 años el compromiso de invertir el 3,5% del PIB en Defensa —más un 1,5% adicional en ámbitos relacionados—, hablamos de aproximadamente 7 billones de euros. No todo será inversión en equipamiento; habrá salarios y pensiones, pero alrededor del 50% de esa inversión podrá destinarse a capacidades reales.
A nivel europeo, si se aprueba nuestra propuesta para el próximo marco financiero, podremos disponer de unos 131.000 millones de euros para invertir en Defensa y Espacio. Mi estimación es que podría dividirse aproximadamente a partes iguales: unos 65.000 millones para Defensa y otros tantos para Espacio.
Eso significa que el presupuesto europeo es 100 veces menor que el nacional. Por eso debemos utilizar los fondos europeos de manera estratégica.
“En Europa el conocimiento práctico para desarrollar proyectos conjuntos es casi inexistente”
A través de programas como el EDIP —el Programa Europeo de la Industria de Defensa— podemos incentivar a los Estados miembros a gastar de manera prudente: fomentar la contratación conjunta para reducir la fragmentación, promover el desarrollo conjunto de proyectos y ofrecer subvenciones europeas cuando el gasto se realice dentro de Europa.
Además, necesitamos nuevos instrumentos, porque en Europa el conocimiento práctico para desarrollar proyectos conjuntos es casi inexistente.
La experiencia reciente del FCAS muestra que los acuerdos basados en la voluntariedad entre Estados o industrias pueden colapsar. Por eso proponemos que determinados programas se desarrollen como Proyectos Europeos de Interés Común. Es decir, si el Consejo aprueba un proyecto con ese estatus, deja de ser una iniciativa voluntaria y se convierte en un auténtico proyecto europeo. Y si recibe fondos europeos, existe una responsabilidad clara de rendir cuentas y entregar resultados. Si se ha recibido financiación, debe existir un producto.
P. Usted habla de un ecosistema de Defensa que se extiende más allá del armamento, ¿dónde termina lo militar y empieza lo sistémico?
R. Hay varios niveles. Uno es la estrategia de Defensa clásica: armas, personal militar, industria. Pero también existe la preparación. En mi cartera, una de las mayores responsabilidades es la movilidad militar.
El año pasado propusimos un paquete muy ambicioso para eliminar obstáculos burocráticos en las fronteras e introducir un sistema único de permisos para el tránsito de personal y material militar en toda la Unión Europea. Es un enfoque nuevo a nivel europeo, totalmente revolucionario.
Pero debemos ir más allá de la regulación y de las infraestructuras físicas. Cuando hablamos de movilidad militar, debemos hablar también de logística: suministro de combustible, asistencia médica en ruta, todo lo necesario para sostener un conflicto prolongado.
Siempre recuerdo las palabras del general Sherman, que dirigió las tropas estadounidenses en Europa durante la Primera Guerra Mundial: “La batalla la gana la infantería, pero la guerra la gana la logística”. Ésa es la esencia del ecosistema.
“La guerra la gana
la logística”
Y el ecosistema también es industria e innovación. Cuando viajo a Kiev veo algo que describe perfectamente ese ecosistema. En el mismo edificio hay una sala para ingenieros y diseñadores, otra para producción con impresoras 3D y otra llena de operadores que gestionan drones en el frente desde el centro de la capital.
Los operadores trabajan con un sistema de incentivos, reciben bonificaciones en función de los objetivos alcanzados. Existe incluso competencia entre equipos. Además, disponen de estadísticas digitales muy precisas desde el frente. Si detectan que un tipo de dron deja de ser eficaz porque los rusos han comenzado a interferirlo, modifican inmediatamente el diseño. Es un sistema de retroalimentación constante entre operación e innovación.
Por eso digo que no basta con aprender a fabricar drones. Debemos aprender el ecosistema completo. Y por eso defiendo que Ucrania participe en programas europeos como el EDIP como socio igualitario.
“Ucrania nos muestra lo que significa un verdadero ecosistema”
He intentado convencer a los países de la frontera oriental de la UE para que inviten a Ucrania a participar en el desarrollo de capacidades de Defensa de primera línea. Si lo hacen, aprenderán mucho más de lo que hoy imaginan sobre lo que significa realmente la guerra moderna.

P. ¿Es el espacio la nueva infraestructura crítica europea?
R. Sin duda alguna. En primer lugar, cuando analizamos la guerra moderna, queda muy claro que no se puede operar sin lo que yo denomino Espacio para la Defensa. En mis visitas a Kiev he tenido la oportunidad de ver todo lo que podemos hacer, el tipo de datos que podemos obtener del espacio. Ahí es cuando te das cuenta de que es una parte crucial.
En segundo lugar, debemos recordar que nosotros, como europeos, hemos perdido la competencia en lanzamientos al espacio frente a empresas privadas estadounidenses. Sin embargo, en grandes proyectos paneuropeos de alta tecnología, como Galileo para navegación o Copernicus para observación de la Tierra, somos los mejores del mundo.
Así que realmente tenemos un potencial tecnológico e industrial que debemos utilizar para desarrollar las capacidades que necesitamos. Y aquí España está desempeñando un papel muy importante. Estáis muy avanzados en diferentes áreas y, sin duda, eso será importante a partir de ahora. Debemos utilizar ese potencial tecnológico e industrial.
Ahora bien, lo que es importante es nuestra agenda inmediata, lo que llamamos Space for Defence. En ese contexto, IRIS2 proporcionará comunicaciones satelitales seguras a plena escala en 2029. Los expertos dicen que será mejor que Starlink. Mientras tanto, ya hemos establecido un programa precursor, GovSatCom, que permite la interoperabilidad de activos nacionales existentes y ofrece servicios en toda la Unión Europea. Por supuesto, no tiene la calidad y el volumen que tendrá el sistema completo, pero estamos haciendo grandes progresos y, según me han informado, las empresas españolas que participan en GovSatCom desempeñan un papel muy importante.
“Sin espacio no se puede hacer guerra moderna”
También estamos desarrollando ya un servicio gubernamental avanzado de observación, que se dedica precisamente a la obtención de datos de inteligencia desde el espacio, con mayor frecuencia de revisita para ver el mismo punto con precisión. Ahora mismo no tenemos esa capacidad. Estados Unidos dispone de sistemas que pueden observar el mismo punto cada seis minutos y los chinos lo están desarrollando. Nosotros aspiramos, al menos, a poder hacerlo cada 30 minutos con sistemas ópticos o radar avanzados.
Tenemos empresas europeas que ya son líderes mundiales en la aplicación espacial de esta tecnología de Radar de Apertura Sintética (SRA) y que demuestran que existe un liderazgo tecnológico importante. Debemos aprovecharlo. En ese contexto, además, España desempeña un papel relevante en estos programas.
P. España cuenta con una base industrial sólida, ¿qué papel puede desempeñar en la nueva arquitectura europea?
R. No soy un experto en todos los detalles de la industria española, pero España es fuerte en espacio, en sistemas electrónicos y radares, en producción de armamento tradicional y en sistemas navales.
Hay muchos proyectos realmente importantes que España puede construir y desarrollar. Ahora existe una gran demanda de nuevos productos de Defensa europeos. Por supuesto, la cuestión esencial es que los plazos de entrega sean lo más cortos posible.
También debemos evitar que la llegada de grandes volúmenes de financiación, si no va acompañada de un aumento de la producción, provoque una subida de precios. Se trata de es un riesgo común a todas las industrias europea.
“España debe impulsar la agenda europea”
Desde mi punto de vista, el Gobierno español no debería centrarse únicamente en desarrollar capacidades nacionales. Debe impulsar activamente la agenda europea: reducir la fragmentación, promover el mercado único, fomentar adquisiciones conjuntas y un desarrollo conjunto de proyectos. Eso abrirá a la industria española mercados mucho más amplios fuera de España.
Debería ser una política deliberada del Gobierno de España; no tener miedo a abrirse, a comprar productos de otros Estados miembros cuando tenga sentido. Al contrario, ser más proactivos en convencer a los demás Estados miembros para apostar por el desarrollo conjunto y avanzar en proyectos comunes europeos. Ésa es la política que, a largo plazo, beneficiará más a la industria española
