El maestro Ellena, junto a su hija Céline, han escrito este muy particular perfume que huele a tinta y flores, como si hubieran asistido a una conversación entre madreselvas, ciruelas y jazmines, y el polen que es su manera de relacionarse. Es un perfume sobre dos conversaciones, la de padre e hija, y la de las flores. El olor a tinta, tan sexy, tan infrecuente, y la madreselva en relación con el jazmín y la ciruela. Cuando el verano parece la única estética la tinta negra matiza la estación. Es difícil ser un genio como Jean-Claude Ellena y reservar un espacio para la genialidad de su hija, manifestada en este delicado perfume y también en la luminosa alegría de Pivoine Souveraine, que compuso para Houbigant. Los negocios familiares son siempre los más difíciles, pero la gestión del talento familiar es algo mucho más abstracto y difícil de gestionar. Céline es una maravillosa perfumista, y por supuesto es su mérito, pero que su padre, que es el mayor genio perfumista de todos los tiempos, haya sabido dejarle su espacio es algo de una generosidad que no podemos dejar de subrayar.
La tinta sobre estas flores podría parecer un relato para vender el perfume pero el olor en su conjunto realmente evoca la sensación de que alguien está escribiendo sobre cómo hablan las flores, y cómo las flores -como las rosas de Elliot- ponen cara de ser miradas ante la atención que se les presta.
Sin embargo, algo ha oscurecido mi relación con este perfume y ha sido Liis, la marca para la que los Ellena han trabajado. Por motivos más allá de mi comprensión -y de la de cualquier persona con dos dedos de frente- Flower Glyph no se vende en Europa, o por lo menos no todavía. Ni físicamente ni hay manera de comprarlo a través de la web de la compañía. Que esto suceda en 2026 está completamente fuera de lugar, y más sabiendo que yo vivo en España. Escribí a Liis para que me mandaran un ejemplar y me costó cinco correos que contestaran; finalmente hablé primero con una chica y luego con otra, ambas muy mal educadas, y ni la una ni la otra fueron capaces de realizar el envío por pura desidia y dejadez. Tuve la salvación de que mi querida Marta lo encontró en una página alemana llamada Woodberg, que a veces se hace con este tipo de tesoros. Yo había mirado días antes y no estaba, ella fue más perseverante.
Las marcas han de saber que si no controlan su proyección pública no sirve de nada que sus catálogo contenga obras de arte como sin duda lo es Flower Glyph. Yo procuro comprar mis perfumes, pero cuando es imposible, no tengo más remedio que pedirlos. En las pocas ocasiones que esto ha sucedido, las casas han sido todas muy amables, con especial mención para L’Objet y Puig. Ni la triste actitud de Liis ni ninguna otra circunstancia van a impedir que yo posea cada uno de los perfumes que el señor Ellena componga, y más si tengo a Marta de mi parte. Tomaremos aviones para irlos a buscar si hace falta. Pero Liis tendría que ser más respetuosa con sus artistas y con sus obras, más respetuosa y más elegante. Cuando ves a alguien sin ganas de trabajar, sobre todo en una empresa tan importante, sufres por los centenares de sedientos talentos que hacen cola a la espera de una oportunidad.
Esperemos que Flower Glyph sea la primera de las muchas colaboraciones que la familia Ellena haga para Liis, y esperemos que Liis entienda que los genios han de tener cobertura internacional y que mandar un paquete a Europa es algo que pueden hacer niños y niñas que todavía van a a la escuela, y sin tener que insistir tanto.

