Desde su origen, el Foro Iberoamericano de Turismo cuya III Edición se ha celebrado recientemente en San Pedro Sula, Honduras, ha intentado ocupar un espacio muy concreto: el de convertir el diálogo entre actores diversos en capacidad de acción. Un foro que nutre a los encuentros empresariales de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno.
En México comenzamos una conversación necesaria sobre el papel estratégico del turismo en Iberoamérica y sobre la necesidad de entenderlo desde una perspectiva mucho más amplia que la puramente económica.
En Santa Marta, Colombia, dimos un paso adicional. Identificamos desafíos estructurales que atraviesan a buena parte de nuestros territorios: fragmentación institucional, dificultades de coordinación, brechas tecnológicas, problemas de gobernanza, falta de continuidad en muchas políticas públicas, dificultades para traducir sostenibilidad en competitividad real y una necesidad urgente de fortalecer las capacidades locales.
Y en Honduras hemos avanzado hacia una nueva etapa.
La conversación ya no podía quedarse únicamente en el diagnóstico. Necesitábamos hablar de implementación, de decisiones, de prioridades y de mecanismos concretos de transformación.
Estamos viviendo una aceleración tecnológica sin precedentes. La inteligencia artificial, la automatización, los sistemas predictivos, la conectividad y el análisis de datos están modificando la manera en la que las economías producen valor, toman decisiones y se relacionan con las personas.
El turismo no está al margen de ese proceso.
La pregunta es si Iberoamérica va a limitarse a adaptarse a esos cambios o si puede convertirse en una región capaz de liderar modelos propios de aplicación tecnológica orientados al desarrollo territorial, la sostenibilidad y la cohesión social.
Creo sinceramente que tenemos una oportunidad extraordinaria. Iberoamérica tiene experiencia acumulada, diversidad territorial, capacidad empresarial, conocimiento técnico y una enorme riqueza cultural y humana para convertirse en un laboratorio de innovación aplicada al turismo.
Pero también sabemos que la tecnología, por sí sola, no resuelve los desafíos estructurales de nuestros territorios. No existe transformación tecnológica sin gobernanza.
No existe inteligencia artificial útil sin instituciones capaces de coordinar información, tomar decisiones y sostener políticas en el tiempo, ni digitalización real si las comunidades, las pequeñas empresas y los trabajadores quedan fuera del proceso.
Y no existe sostenibilidad posible si el desarrollo turístico no mejora efectivamente la vida de las personas.
Por eso este foro insiste tanto en el valor del diálogo público-privado: porque los grandes desafíos del turismo ya no pueden ser resueltos desde compartimentos aislados. Los ministerios, las empresas, la academia y los territorios no pueden avanzar solos.
Necesitamos espacios capaces de reunir perspectivas distintas alrededor de objetivos comunes y, sobre todo, capaces de traducir esas conversaciones en hojas de ruta compartidas.
Ese es el valor diferencial de este foro que no veníamos únicamente a intercambiar ideas, sino a construir capacidades colectivas. Y, sobre todo, a definir cómo utilizar la tecnología para gestionar mejor los flujos turísticos, cómo fortalecer la productividad de nuestras empresas, cómo formar talento para una nueva economía turística, cómo hacer más resilientes nuestros destinos y cómo garantizar que el desarrollo turístico genere prosperidad territorial y cohesión social.
Porque al final, cuando hablamos de turismo, hablamos de territorios. Hablamos de ciudades, de comunidades, de empleo, de identidad, de oportunidades y de calidad de vida. Hablamos de cómo convertir nuestros territorios en destinos capaces de generar desarrollo sin perder aquello que los hace valiosos.
Y en el momento internacional que atravesamos, creo que Iberoamérica tiene algo importante que aportar: una visión del desarrollo turístico donde la tecnología esté al servicio de las personas. Ese puede y debe ser uno de los grandes aportes de nuestra región a la conversación global.
Estoy convencido de que, con el tiempo, este foro será recordado como uno de los espacios que ayudó a construir una hoja de ruta iberoamericana para transformar el turismo a partir del conocimiento, la cooperación y la innovación aplicada.
El III Foro Iberoamericano de Turismo cuenta con el impulso de organizaciones empresariales e instituciones líderes de la región: CEIB, FIJE, COHEP, Gobierno de Honduras, Instituto Hondureño de Turismo, ONU Turismo; y con el apoyo de la OIE, ICEX Exportación e Inversiones, CAF, SEGIB, BCIE, BID, entre muchas otras.
“Compromiso de San Pedro Sula: del diálogo a la acción, capacidades sistémicas para la transformación turística en Iberoamérica”
Como resultado de los debates desarrollados durante el Foro, el Compromiso de San Pedro Sula identifica seis ámbitos prioritarios de actuación que deberían orientar los esfuerzos de gobiernos, empresas, organismos internacionales y actores del sector durante los próximos años.
La primera de estas prioridades es el fortalecimiento de la gobernanza y la coordinación público-privada mediante mecanismos estables de colaboración que permitan alinear estrategias, compartir responsabilidades y garantizar una mayor continuidad de las políticas turísticas.
El documento apuesta también por impulsar una gestión basada en datos e inteligencia turística, promoviendo sistemas de información, observatorios y herramientas de análisis que faciliten la toma de decisiones y permitan anticipar tendencias, riesgos y oportunidades.
Otro de los ejes fundamentales es el acceso a financiación y la transformación empresarial, especialmente para las micro, pequeñas y medianas empresas turísticas, consideradas esenciales para la competitividad y el desarrollo económico de numerosos destinos de la región.
La declaración concede igualmente un papel prioritario al talento y al desarrollo de capital humano, defendiendo la necesidad de reforzar la formación, actualizar competencias y estrechar la colaboración entre administraciones, empresas e instituciones educativas para responder a las nuevas exigencias del mercado laboral.
La sostenibilidad y la resiliencia territorial constituyen otro de los pilares del acuerdo. En este ámbito, el documento propone fortalecer las capacidades de los destinos para gestionar recursos naturales y culturales, adaptarse a los efectos del cambio climático y construir modelos de desarrollo más equilibrados y sostenibles. Finalmente, el texto identifica la cooperación regional como una de las principales herramientas para acelerar la transformación turística de Iberoamérica, favoreciendo el intercambio de experiencias, la generación de conocimiento compartido y el desarrollo de iniciativas conjuntas entre países y territorios.
Se trata de un compromiso abierto a toda la comunidad turística iberoamericanaquenace con vocación de convertirse en una plataforma de colaboración permanente entre los dinamizadores del turismo: instituciones públicas, organizaciones empresariales, organismos multilaterales, universidades, centros de conocimiento y empresas relacionadas con la industria turística.
Y ojalá que cuando miremos hacia atrás podamos decir que Honduras fue el punto de partida de muchas decisiones importantes.
Las Islas Canarias en España nos esperan en marzo de 2027.

