La gozada de conversar con los innovadores, riesgo y oportunidad en vena. “¿Qué me garantiza que las colecciones de moda que crea vuestra IA son buenas?”, le pregunto a Yuliya Raquel, CEO de la estadounidense Patternfast, en la reciente edición de VivaTech París. Entorna los ojos, lista para hacerme fosfatina: 30 años en el sector de la moda y ha logrado que las revisiones repetitivas se reduzcan en un 92%.
“¿Cuántas cámaras necesitáis para monitorizar ese muro de ahí?”, les digo señalando una de las enormes paredes del piso 7.2 de la París Expo Puerta de Versalles a los representantes de la japonesa SYNRA. “Sólo una cámara”, contestan, normalmente requeriría 10.000 sensores. “Y una camiseta fabricada con vuestra fibra sintética PlaX, ¿cuánto tiempo dices que puede llevarse sin generar bacterias?” El representante de Bioworks me mira entusiasmado y me deja tocarla: “¡120 días! Piensa en lo que eso supone para el deporte de aventura”.
Agata Zuzana Sabala se resiste a explicarme cómo funciona la tecnología térmica con la que Jikantechno es capaz de convertir una tonelada de restos de arroz en 200 kilos de silicio apto para usarse en semiconductores. Muchas vías alternativas en París para obtener materias primas sin pasar por China.
“La computación cuántica necesita un avance revolucionario, no otro cúbit”, dice la gente de Qolumbus. Hablan de cúbits superconductores y espines semiconductores en una arquitectura híbrida única. Me intereso por el futuro de los medios de comunicación en la era postSEO. “Todo el contenido estará disponible a través de la IA”, me explica el responsable de la francesa Maple Labs, “menos audiencia, pero mucha más rentabilidad para quienes hagan contenido de calidad”.
De la plataforma de seguimiento hormonal diario que combina IA y un microscopio basado en saliva de la ucraniana Ovul, al gemelo digital de plantas de Cybeletech para simular matemáticamente su comportamiento. El mejor nombre comercial del certamen: Dracula Technologies, una startup que elimina la dependencia de las baterías en el internet de las cosas con un módulo fotovoltaico orgánico.
Nada más entrar en VivaTech se siente la presencia totémica de la industria de la moda y la cosmética. Muchas startups miran de reojo a L’Oréal, cuyo espacio de exposición recibe majestuosamente a los visitantes y convierte en una mera figura-decorativa-para-selfies al ordenador cuántico que IBM Quantum exhibe en el expositor vecino.

El propio Bernard Arnault se encarga de entregar los Premios a la Innovación LVMH a la francesa Fairly Made, dedicada a la trazabilidad de las materias primas; la británica Synthesia, especializada en creación de vídeo empresarial basado en IA; y la norteamericana Bluefish AI, que mide la imagen de marca y el posicionamiento de productos mediante motores de inteligencia artificial. “Estoy en negociaciones con Inditex”, me aseguran varios innovadores, “¿puedo hacer una foto a tu acreditación?”
François Bitouzet, director general de VivaTech, explica el interés del certamen en servir de puente entre la demanda, fundamentalmente industrial, y los innovadores de todo el mundo. “Si LVMH busca startups para obtener nuevos textiles, utilizamos nuestra base de datos para organizar un concurso”, apunta, “el año pasado, el 50% de las startups que expusieron en VivaTech generaron hasta el 20% de sus clientes potenciales anuales aquí. Eso significa que el evento no es solo para comunicación o marketing”.
Las empresas tecnológicas jóvenes necesitan inversores, “el año pasado trajimos a más de 2.000 a VivaTech”, pero sobre todo “necesitan negocios, lo cual es más importante ahora que en 2016, porque el dinero ya no es barato después de la COVID-19. Los inversores quieren que funcionen como empresas reales y que ganen su propio dinero”.
La japonesa Archilys crea nanoetiquetas de oro invisibles para autenticar el diseño de textiles. Con la distancia, me entran dudas acerca del dato: ¿es posible que me dijeran que un kimono tiene 1,3 millones de puntos cosidos y por eso cuesta años crearlo? “Trabajamos con marcas de lujo, cosmética y comercio electrónico”, insisten, “¡este año colaboramos con artesanos textiles ‘shokunin’ de Kioto!” Otros a la caza de Inditex.

Temperise desarrolla contenedores térmicos inteligentes capaces de calentar y conservar líquidos y alimentos sin necesidad de una fuente de energía externa, y SPACECOOL propone materiales de refrigeración radiativa, a investigar esto, que reducen el calor sin electricidad. La canadiense RHST Industries aborda la escasez de agua dulce en la agricultura con Water Pearls: perlas orgánicas que reducen la evaporación del suelo y disminuyen las necesidades de riego hasta en un 50%. “Pero ¿generan restos?”, les pregunto. “No, son polímeros”. Vaya.
Se percibe, aunque menos de lo que se podía haber sospechado, el potencial de la economía espacial y la defensa. La francesa ALATYR construye centros de datos orbitales con procesamiento de alta seguridad para aplicaciones críticas. yNeuro está desarrollando Neuro ID, la primera tecnología de autenticación neuronal del mundo, pensada para la próxima generación de dispositivos portátiles, comenzando con las gafas inteligentes. A seguir la propuesta de nanocódigo de Easylience para hacer frente a los ciberataques que ya usan el Gobierno y el Banco de Francia, a España se viene a los parques de aerogeneradores de Iberdrola.
Atención, en fin, a los agentes de IA, la nueva ola en la que andamos metidos. Prisme.ai vende el sistema operativo con agentes para grandes empresas. Se presenta como “la única alternativa a los hiperescalares”. Y Rippletide ofrece un entorno para interceptar las decisiones de los agentes de IA antes de su ejecución y validarla. “Los agentes proponen. Rippletide autoriza”.
Imposible recoger el aluvión de ideas de VivaTech, irán apareciendo. Para concluir, dos momentos en los que el fundador de OpenClaw, la empresa que ha roto el mercado de soluciones de agentes de IA, Peter Steinberger, ha reído y se ha puesto nervioso. “Uno de mis amigos tiene un agente personal y otro en el trabajo. A este último, le pidió que recopilara todas sus reuniones semanales y que se conectara con el agente personal para obtener sus niveles de azúcar en sangre por hora. Lo que sucedió fue que los dos agentes comenzaron a debatir qué persona lo estresaba más”.
En cuanto a la anécdota que puso “un poco nervioso” a Steinberg, sucedió cuando un amigo decidió usar los agentes para solucionar un problema con su madre, que siempre se quejaba de su tardanza en responder. “Construyó un claw de agentes para hacerlo, pero ella se dio cuenta enseguida: le contestaron demasiado rápido”. El ‘test de la madre’. Para hacernos pensar.

