Opinión Javier Ortega Figueiral

Volotea habla cada vez más griego

Uno de los 16 Airbus A319 de Volotea. En la actualidad su flota está exclusivamente formada por los modelos A319 y A320 (Dylan Agbani).

Cuando Carlos Muñoz Beraza lanzó su segunda aerolínea al mercado, posiblemente no pensaba mucho en Grecia más allá de convertirla en destino para sus aviones. En 2012, cuando los primeros Boeing 717 de su compañía (con sede en España, aunque con intereses principales en Italia y Francia), comenzaban a operar, la aviación griega estaba inmersa en una etapa de cambios: Aegean se hacía con Olympic Air, la heredera de la mítica Olympic Airways que un día fue del célebre armador Aristóteles Sócrates Onassis. Desde el 56 de Travessera de Gràcia de Barcelona, toda aquella historia de compañías aéreas helenas quedaba muy lejos.

Sin embargo, la vida (y más aún la aviación) tiene una curiosa tendencia a acercar mundos aparentemente lejanos. Socios, intereses comunes y oportunidades acaban cruzándose en el momento menos esperado. Y compañías que en origen no tenían nada que ver terminan encontrando puntos de conexión… primero operativos, después estratégicos y, finalmente, accionariales.

Hasta 2021, cuando Volotea y Aegean firmaron un primer acuerdo de código compartido, lo único que ambas aerolíneas tenían en común era un modelo de avión: el 717, que durante unos años también operó Olympic. Poco más. Cada una seguía su propio camino, con estrategias, mercados e identidades bien definidas. Sin embargo, ese primer acuerdo marcó el inicio de un conocimiento mutuo que iría creciendo con el tiempo.

Desde sus inicios, Volotea había puesto sus ojos en las islas griegas como destinos estacionales desde sus bases italianas. Atenas se incorporó a su red en 2015 y, en 2018, la compañía de Muñoz abrió base en el aeropuerto de la capital helena, consolidando su presencia en un mercado dominado por Aegean. Poco a poco, la aerolínea española empezaba a hacerse fuerte en casa de su futura socia… sin saber aún que acabaría siéndolo.

Lo que comenzó como una relación comercial fue evolucionando hacia algo más profundo. Porque si algo ha caracterizado a Volotea desde su nacimiento es su pragmatismo. Su modelo de conectar ciudades medianas europeas al margen de los grandes hubs ha sido sólido, aunque también exigente en capital y resiliencia.

Uno de los 17 Boeing 717 que tuvo Volotea fotografiado en Vigo. De este avión se construyeron únicamente 156 unidades, por lo que la española voló más de un 10% de los construidos (Bene Riobó).

Tras la pandemia, el sector aéreo europeo entró en una nueva fase marcada por la necesidad de reforzar balances, la presión competitiva de los grandes grupos y una tendencia creciente hacia la consolidación. En ese contexto, seguir siendo independiente no solo era una cuestión de estrategia, sino, sobre todo, de músculo financiero.

La entrada de Aegean en el accionariado de Volotea en 2024 fue el inicio de una construcción progresiva. Primero a través de instrumentos financieros; después, mediante participación directa, la aerolínea griega ha ido ganando peso hasta situarse, hace apenas unas semanas, por encima del 20% del capital tras las últimas ampliaciones.

¿Qué ve Aegean en Volotea? Principalmente, complementariedad. Mientras la compañía griega domina el tráfico hacia y desde su país con una red bien estructurada, Volotea aporta capilaridad en mercados regionales europeos donde Aegean apenas tiene presencia. A eso se suma un modelo eficiente en nichos muy concretos y una oportunidad clara de posicionamiento en un tablero europeo cada vez más dominado por grandes grupos.

Detalle de uno de los 17 Airbus A321neo con los que vuela actualmente Aegean. La griega se ha convertido en accionista de referencia de Volotea (Airbus Operations GmbH).

Sin embargo, creo que la pregunta clave es la contraria: ¿por qué Volotea se deja querer por una compañía griega?

La respuesta está en el equilibrio entre independencia y estabilidad. Lejos de optar por una integración total en un gran grupo, la aerolínea parece haber elegido una vía intermedia: abrir su capital de forma selectiva, incorporar un socio industrial y reforzar su posición sin renunciar a su identidad.

La creciente presencia de Aegean no apunta a una absorción inmediata, aunque tampoco a una relación superficial. Es, más bien, una alianza con vocación de largo plazo, construida paso a paso.

Y eso deja en el aire una incógnita inevitable: si esta historia se quedará en una participación estratégica… o si estamos ante el primer capítulo de algo mayor. Porque en la aviación europea, cuando dos aerolíneas empiezan compartiendo rutas y, después, capital… rara vez la historia termina ahí.

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