En un país en el que ponerse de acuerdo es tan difícil como hacer una paella sin arroz, donde hasta a los mitos se les busca las cosquillas, el mérito de conseguirlo es incalculable. Se me ocurren pocos casos como el de Antonio Banderas, quien logra lo que parece imposible: tener a la opinión pública a su favor casi sin excepción. He buscado con ahínco, pero no he hallado ninguna columna ácida o casi ningún tweet, retretes contemporáneos de nuestros vómitos, que critiquen con furia al malagueño.

El pasado sábado se puso a prueba en uno de los mayores disparaderos del año: la gala de los Goya. Y, rompiendo con todos los precedentes, no sólo consiguió solventarla, sino que salió reforzado. Ya no tengo dudas: “È un diavolo”.

En los 90, en tiempos del Zorro y de alguna publicidad que hoy sería vilipendiada, el actor andaluz rodaba un anuncio de colonia que, por algún motivo, fue icónico para toda una generación. Ahora sabemos que también premonitorio. Porque Banderas parece haber hecho algún pacto con el diablo. No sólo suscita la aprobación de todos, sino que está envejeciendo de forma envidiable. Cuando todos maduramos como una fresa en un frutero en un día de calor, el ‘diavolo’ parece más sereno que nunca y, sobre todo, en una forma física y mental que no puede ser normal sin haber negociado con el que apesta a azufre. Logra lo imposible.

Quizá tengáis en la cabeza a alguien que cae bien a todos y que envejezca así de bien, pero la prueba definitiva de que Banderas tiene un pacto con el diablo es haber logrado algo tan difícil como dejar de comer pistachos: presentar los Goya y que no haya decenas de comentarios riéndose de cómo lo hizo o cientos de artículos en los medios criticando sus discursos. Puede que la clave fuera que Banderas no intentó ser lo que no era, no buscó tener gracia como si fuera un humorista, no quiso ser un activista y correr el riesgo de que sus palabras sonasen como el discurso de otro. Fue natural, honesto, empático, puso la dosis justa de cada ingrediente, empleó el tono que el año requería y, sobre todo, habló sobre lo que sabe: cine.

Cuando vuelva la vida cotidiana, cuando la gala de los Goya recupere la normalidad y el glamour que Microsoft Teams es incapaz de dar, espero que la organización haya aprendido de lo que se vivió el pasado sábado. No siempre podrán contar con los servicios de Banderas, que hizo el favor a su profesión y a su tierra, por la que tanto se ha entregado; pero los aprendizajes de ayer deberían perdurar: se puede romper con el formato tradicional de gala, los presentadores no tienen por qué responder a un mismo patrón y las fiestas no siempre tienen que celebrarse con un tono “humorístico” invariable. Seguro que se ha tomado nota. Aunque me temo que ‘Diavolo’ sólo hay uno: Antonio Banderas.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.