En los últimos tiempos han proliferado numerosas críticas contra los fondos de deuda privada o contra la democratización del capital privado, con “expertos analistas” demonizando esas categorías de activos. Es, por tanto, muy buen momento para poner algo de cordura y defender las bondades de las inversiones en mercados privados.
De partida, invertir en mercados privados permite acceder a un universo mucho más amplio de oportunidades de inversión, enriqueciendo sumamente la exposición del inversor a la economía real. No olvidemos que en Europa alrededor del 95% de empresas con más de 100 millones de euros de ingresos son privadas. Aun siendo cierto que no todas esas empresas están abiertas a operaciones corporativas, negarse a invertir en empresa privada implica reducir el universo invertible.
Además, una empresa tiene valor para el inversor por el crecimiento de la industria en la que opera, por su posicionamiento estratégico, por la recurrencia de sus ingresos y de sus márgenes operativos, por su generación de caja o por su excelente equipo directivo, y no es automáticamente buena por cotizar y mala por ser privada. ¿O no hay empresas privadas en España que han creado una ingente cantidad de valor a sus socios y empresas cotizadas cuyos accionistas han perdido hasta la camisa? La rigurosa selección en mercados privados es fundamental, igual que sucede en mercados públicos.
“Invertir en mercados privados permite acceder a un universo más amplio de oportunidades»
Recordemos también que generalmente la inversión en mercados privados se canaliza a través de sociedades gestoras con equipos de inversión incentivados a maximizar rentabilidad para sus inversores. Esos equipos se dedican a la identificación de oportunidades de inversión y a la creación de valor en las mismas, por mecanismos como la profesionalización del equipo directivo, la internacionalización de la compañía o la consolidación sectorial. Además, seleccionan los momentos concretos de inversión y desinversión, que no es baladí teniendo en cuenta que la psicología del inversor de compañías públicas puede hacer que compre o venda en el peor momento.
Más allá de los argumentos, los números no engañan. En España, la gestión de capital privado a través de este tipo de entidades ha sido creciente, pasando de menos de 300 gestoras de private equity y venture capital en 2016 a casi 650 en 2024, y más que duplicando los capitales en gestión en dicho período para situarse en 58.500 millones de euros en 2024. La inversión de estas entidades en empresa privada se ha consolidado como una de las fuentes de financiación más valiosas para empresas familiares sin una sucesión clara o que buscan un socio que impulse sus operaciones.
Y entonces, ¿no hay riesgos? Pues claro que sí. Tener claro que la inversión en mercados privados tiene una razón de ser muy válida no implica que no haya riesgos. Entre ellos destacan la iliquidez de las inversiones, la credibilidad de las valoraciones periódicas o la incapacidad de los “fondos semilíquidos” de atender los reembolsos periódicos que prometen. Además de una mayor complejidad operativa cuando la inversión es vía compromisos y llamadas de capital en lugar de vía desembolso directo.
En definitiva, el camino no es demonizar la categoría completa sino ofrecer productos de calidad que vayan dirigidos al inversor adecuado, en la proporción adecuada y teniendo en cuenta los riesgos asociados.
Juan Carlos Ureta Estades es Director de Desarrollo de Negocio en Renta 4 Banco.

