Opinión Andres Allende

La geopolítica de los recursos escasos

Para el 2026, algunos esperábamos que se asentase el polvo del 2025. Pero la guerra abierta en Irán es ahora el foco de todas las miradas y de todos los miedos.

Desde nuestra atalaya de inversores en bolsa global, sabemos que nos perdemos muchos matices –de ahí nuestro foco en pocas compañías y sus negocios, buscando catalizadores operativos que ayuden a cristalizar el valor oculto. Pero por nuestra cercanía a esos negocios, de vez en cuando somos capaces de entender, que no predecir, algo de lo que ocurre en el mundo.

En el tablero, aunque las piezas varíen, los objetivos parecen siempre los mismos, los recursos escasos. Hoy se habla del petróleo, por el atasco del estrecho de Ormuz. Con anterioridad, el foco eran las tierras raras y las vacunas. En civilizaciones pasadas se luchaba por el agua, las rutas comerciales, el oro… La historia rima y se repite.

En 2024 Donald Trump regresó a la Casa Blanca con algunas ideas claras: protegerse frente a la carencia de medicamentos, de semiconductores y de energía. Para cualquiera de estas tres, nuestro apetito es insaciable: siempre queremos más longevidad, más tecnología y mayor consumo de energía. Las políticas de Trump se orientaron a subsanar la vulnerabilidad de sus capacidades locales, amenazando con aranceles y ofreciendo incentivos, para reconstruir su industria de medicamentos, tecnológica y energética.

«En el futuro, la vulnerabilidad dependerá de quién controla el acceso a GPUs, memoria DRAM y modelos de IA»

De vuelta al presente, lo más urgente es el atasco de petróleo en el estrecho de Ormuz. Pero es probable que se trate de nuestra última crisis geopolítica por culpa del petróleo. Frente a lo urgente, está lo importante, que marcará el foco de los acontecimientos en ciclos venideros: la tecnología. Debido a la amplitud del término y la complejidad de la cadena de valor en tecnología, a menudo se olvida que algunos de sus eslabones se han concentrado en monopolios. Por la velocidad evolutiva y la brutal competencia, hay segmentos que cuentan con apenas 1, 2 o a lo sumo 3 compañías a nivel global, que han desarrollado ecosistemas propios a su alrededor. La concentración geográfica tiene en Taiwán y Corea del Sur los principales exponentes. Sin ellas, no hay chips avanzados de IA, ni suficiente memoria DRAM, ni 5G, etc. Por eso, EE UU, pionero en diseño de chips, está intentando relocalizar el resto de la cadena de valor sin cesar en su apuesta en centros de datos y modelos de IA. China, mientras tanto, aspira a “adelantarnos por la derecha”. Europa, aunque aún cuenta con el dominio en equipos litográficos, sigue sin tomarse en serio ninguna apuesta.

En los próximos años lo que se está sembrando dará frutos, por el despegue de las capacidades de computación, el aumento de contexto en inferencia y la profundidad en razonamiento hecho posible por la memoria de banda ancha; y por todo ello, la proliferación de agentes de AI, que a su vez crean otros agentes, y que logran automatizar tareas y acelerar la innovación en casi cualquier campo. Se trata de un asunto estratégico al más alto nivel, con consecuencias económicas y hasta militares, como demuestra la actual disputa entre Anthropic y el Pentágono por el uso de sus modelos. Así, en el próximo ciclo, la vulnerabilidad dependerá de quién controla el acceso a GPUs, memoria DRAM y modelos de IA. El recurso escaso del futuro se medirá menos en barriles, y más en “unos y ceros”, o en tokens.