Opinión Salvador Sostres

El siglo XXI explicado entre dos olivos: de la aceituna esférica de Ferran Adrià, a Delphes de Jean-Claude Ellena

El olivo, raíz y símbolo, como metáfora de un tiempo que exige volver a lo esencial para entender hacia dónde avanzamos.

Ferran Adrià fundó la modernidad con la aceituna esférica, atropelló a la cocina francesa y a Santi Santamaria, esa Ghislain Maxwell que la nouvelle cuisine tenía en Cataluña. Fue una muerte por asalto, fue la muerte de lo que tenía que morir para que una luz distinta y jamás no vista fundara lo nuevo. No sólo empezábamos a comer de una manera nueva, también a escribir, a jugar a fútbol, a amar y a vivir como nunca antes lo habíamos hecho.

Han pasado 23 años, El Bulli ha cerrado, Cruyff ha muerto. Robuchon ha muerto. Paul Simon se retiró de los escenarios aunque por suerte ha vuelto, comer o no comer se ha vuelto un ejercicio orgánico, y en el mejor de los casos, retórico; y de la fertilidad de aquella era sólo sigue en pie un genio, que es Jean-Claude Ellena. En los últimos días ha presentado Delphes, un perfume para L’Objet basado en los olivos de Delfos y que de alguna manera conecta con la aceituna esférica porque por primera vez se ha utilizado para la perfumería el raro extracto Olive Grignon Absolute, compuesto por el maestro.

Delphes es un perfume sobre la cultura, sobre la audacia con que el señor Ellena ha entendido el latido del Mediterráneo. Es un perfume sin turistas, que condensa lo esencial del paisaje: las hojas del olivo, las violetas, la madera, y la pimienta negra para recordarnos que el esta tierra hecha a mano por Dios siempre nos interpela y quiere algo mejor de nosotros. Jean-Claude Ellena ya sólo compone para personas o ideas que merezcan la pena. Siempre con su finura, trabajando con pocos ingredientes y nada es banal ni superfluo. En un mundo de la perfumería en que todo es igual aburridamente igual, el genio de mi perfumista sobrevuela en su precisión y hermosura. Le une a Ferran la creatividad, la esencialidad, todo lo que ambos hacen es relevante, significativo y sirve para que el mundo avance. Entre la aceituna esférica y Delphes hay ante todo un sentido del buen gusto. Preocuparse por las aceitunas y por los olivos es de personas sensibles, que saben cuáles son las cosas importantes. También se asemejan en que con su arte mejoran la obra de Dios: la aceituna esférica es una clara superación de la aceituna de la naturaleza, tal como el Delphes del señor Ellena es una fragancia mucho más precisa, sugerente e inteligente que la que existe en el paisaje. La inteligencia es precisamente lo que más caracteriza a los genios, y no es tan habitual. Con mucho dolor aprendí, hace algunos años, tampoco tantos, que el talento y la inteligencia eran dones diferentes y que muy raramente los poseían las mismas personas. Es el caso de Adrià y Ellena, que todas sus creaciones se basan en una idea -una idea inteligente- y con el talento le dan profundidad, nos sorprenden y consiguen estirar un poco más allá los límites de la Humanidad.

Nos ha tocado -por suerte- un siglo sintético, en que la voluntad de estilo ha sido poder decir más con menos. Los avances científicos y tecnológicos se han visto reflejados en el arte y han permitido esta precisión. Pese a los problemas y a las dificultades, y a la incertidumbre que a veces nos asalta, está siendo un siglo en que el avance es clarísimo. Tenemos mucha más esperanza que problemas. La inteligencia y el talento, el hallazgo y todo lo que sabemos filtrado por todas las disciplinas artísticas, científicas y sociales entremezcladas, nos permiten vivir encadenando maravillas y milagros.

Delphes es esta inteligencia primera, sobria, afilada por la técnica y la delicadeza del procedimiento. La manera de componer del señor Ellena es tan elegante como él. Nada es banal, todo tiene su propósito. Y luego está la luz, lo prodigioso, lo que cambia el tema de conversación y ya no estamos hablando de un perfume sino de nuestras vidas reflejadas en él, como sucede con el arte, la literatura, la música y por supuesto con El Bulli, porque la esencia de un genio es que su obra sirva para explicar a cada uno de nosotros.