Primera hora de la tarde de cualquier día de la semana. En un aparcamiento del aeropuerto de El Prat, un Airbus de Vueling espera su siguiente rotación mientras las tripulaciones cambian de turno. A simple vista es una escena cotidiana: técnicos de mantenimiento revisando el avión, personal de tierra preparando la siguiente salida y pasajeros que en unos minutos volverán a llenar la cabina rumbo a otro destino nacional o europeo.
Esa normalidad refleja algo más profundo que la simple rutina de una compañía aérea. Habla también de cómo está cambiando el transporte aéreo. Durante décadas, la aviación ha sido un mundo abrumadoramente masculino. La imagen dominante era la del aviador al mando, casi siempre hombre, en una industria donde también los puestos técnicos y de responsabilidad estuvieron tradicionalmente ocupados por hombres. Poco a poco, esa fotografía ha cambiado.
Una de esas transiciones para bien se puede observar en Barcelona. La compañía del grupo IAG con sede en la ciudad ha consolidado la paridad de género en su plantilla. Según datos recientes de la empresa, las mujeres representan el 51% de sus cerca de 5.000 empleados, una proporción que se mantiene estable por segundo año consecutivo.
El equilibrio también se refleja en su Comité de Dirección, compuesto actualmente por cuatro mujeres y cuatro hombres. No se trata únicamente de una cuestión simbólica en las oficinas del Viladecans Business Park, cuartel general de la compañía. En puestos de dirección y gerencia, la presencia femenina alcanza el 40%, superando las medias española (38%) o europea y mundial (ambas con el 34%), según el informe Women in Business 2025 de la consultora Grant Thornton.
En un sector históricamente masculino como la aviación comercial, estos avances tienen un significado especial. En el caso de Vueling, por ejemplo, el porcentaje de mujeres piloto alcanza ya el 5,6%, en línea con la media internacional. Aun queda por hacer, aunque tiene una tendencia claramente ascendente.
Una curiosidad: a escala global hay un dato revelador. El país con mayor proporción de aviadoras no es Estados Unidos, como muchos podrían pensar, sino India. En el país más poblado del planeta, las mujeres representan cerca del 17% de los pilotos comerciales.

Volviendo a la protagonista de este texto, el cambio tampoco se limita a la cabina de mando. Las mujeres representan el 77,1% de los tripulantes de cabina de pasajeros y el 44,7% del personal de tierra en oficinas y aeropuertos. Al mismo tiempo, iniciativas como el programa “STEAMing: dando alas al talento femenino”, desarrollado junto a la Fundación Princesa de Girona, buscan despertar vocaciones entre las jóvenes en disciplinas científicas y tecnológicas vinculadas a la aviación.
La diversidad en la compañía tampoco se limita al género. Por ejemplo, el grupo interno Flying Free, creado en 2024 para promover la inclusión LGBTQ+, fomenta un entorno de trabajo donde todas las identidades se sientan representadas, complementando adhesiones como la a REDI, la Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión.
Más allá de las cifras, todos estos datos reflejan algo importante: una industria que empieza a parecerse cada vez más a la sociedad a la que sirve y con la que vuela. Mientras conecta más de 250 rutas en 30 países y transportó cerca de 40 millones de pasajeros en 2025, Vueling también intenta conectar talento sin distinción de género ni orientación.

En aviación hablamos mucho (por ejemplo aquí, cada lunes) de aviones, rutas o flotas. Sin embargo, como en cualquier industria, muchos cambios verdaderamente importantes siempre tienen que ver con las personas. Historias como esta recuerdan por qué el transporte aéreo nos sigue fascinando tanto. Porque detrás de cada avión, de cada aeropuerto y de cada vuelo siempre hay algo mucho más importante que la tecnología o las infraestructuras: están estas “personas del aire” que hacen posible que todo funcione.
Cuando algo deja de ser excepcional y pasa a formar parte de la normalidad, es cuando realmente sabemos que hemos avanzado. Por eso conviene recordarlo regularmente, aunque no sea 8 de marzo.
Porque, en realidad, todos los días son 8M. También en aviación.
