Opinión Javier Ortega Figueiral

Finnair: cómo reinventarse cuando el mapa cambia

Un A350 de Finnair en vuelo. Todos los aviones de largo alcance de la compañía son del constructor europeo Airbus (AY)

Hace un par de semanas tomé un vuelo triangular. Fue nocturno y frío, aunque luminoso. Tuvimos incluso una aurora boreal visible durante buena parte del trayecto. Despegando de Helsinki, aterrizamos en Kittilä con el termómetro marcando -23° C a medianoche, aunque antes pasamos como escala intermedia por Ivalo, el aeropuerto más al norte de la Unión Europea, allí el termómetro marcaba “sólo” -18° C.

El viaje aéreo fue toda una experiencia local: finlandesa, nórdica, lapona. Habría mucho que contar, aunque esta semana no quiero centrarme en la nieve ni en las auroras, sino hablarles de algo más amplio. De cómo una aerolínea centenaria ha tenido que reinventarse a medida que el mapa del mundo ha ido cambiando.

Durante años, Finnair jugó una carta estratégica casi perfecta. Su ubicación en el extremo norte de Europa convertía a Helsinki en un punto ideal para unir Europa y Asia. Volar sobre Rusia permitía trazar rutas más directas, rápidas y eficientes. Ese pequeño gran detalle geográfico convirtió a la compañía finlandesa en una de las opciones preferidas para conectar ambos continentes.

Helsinki-Vantaa

A destacar en la ecuación anterior su Hub. El centro de conexión de vuelos de la compañía es Helsinki-Vantaa, un aeropuerto gestionado por Finavia, “la Aena de Finlandia”, que gestiona los 20 aeropuertos y aeródromos del país. En el principal de la red tiene una instalación cómoda donde las conexiones son sorprendentemente fáciles, rápidas y gratas. La percepción de que todo es más sencillo allí es un Win-Win entre la aerolínea y el operador aeroportuario de cara al pasajero.

En realidad, hay algo más detrás de esa relación entre país y aerolínea. En Finlandia, esta compañía no es percibida solo como un transportista. En cierto modo, es una empresa muy propia. En un país relativamente aislado geográficamente, con apenas seis millones de habitantes, la aviación siempre ha tenido un valor especial.

Lo comentaba hace unos días Mia Eloranta, del equipo de comunicación de la aerolínea, mientras tomábamos café (no es casualidad: los finlandeses son los ciudadanos del mundo que más café consumen, un dato bastante desconocido fuera del país). “Si uno tira del hilo en cualquier conversación, casi siempre aparece alguien que trabaja o ha trabajado en Finnair o tiene un familiar, un amigo o un vecino vinculado a la compañía”, me decía. La aerolínea forma parte del tejido cotidiano de este joven estado nórdico y, en cierta medida, también de su identidad.

Embarcando en un Airbus A321. Los aeropuertos sin pasarela directa terminal-avión dejan sentir claramente las temperaturas en pista (Javier Ortega Figueiral).

Cuando las cosas se tuercen

Cuando llegó la pandemia en 2020, esta golpeó a toda la aviación mundial. Sin excepción. Cuando el sector empezaba a levantar cabeza, llegó el segundo golpe, que fue especialmente contundente para esta compañía: Rusia cerró su espacio aéreo a las aerolíneas occidentales tras la invasión de Ucrania. De la noche a la mañana, el gran activo de Finnair desapareció. Los vuelos hacia Asia se alargaban, los costes aumentaban y la ventaja competitiva que durante años había definido a la compañía quedaba seriamente tocada.

Para una aerolínea cuyo modelo de negocio estaba construido alrededor de esa geografía, el impacto era enorme. Sin embargo, en lugar de quedarse mirando y lamentando el problema, Finnair decidió hacer algo mucho más complejo: redefinir su mapa.

Asia sigue siendo importante, por supuesto. Sin embargo, ya no es el único pilar. La compañía ha reforzado su presencia en América del Norte, ha ampliado su red europea y está apostando con fuerza por el tráfico regional nórdico y escandinavo. Es una estrategia de diversificación que busca compensar lo que antes era una ventaja geográfica casi natural.

Cartel del aeropuerto de Kittilä por el lado tierra. Esta instalación es una de las 20 que gestiona Finavia, el gestor aeroportuario finés (Javier Ortega Figueiral).

Esa adaptación también se refleja en su operación en España. Desde Madrid y Barcelona, por razones operativas y de slots que permiten que el mismo avión complete la ida y vuelta en el mismo día, Finnair confía sus vuelos a Iberia. La compañía española pone avión y tripulación, aunque lo hace al servicio de Finnair: un curioso equilibrio donde el vuelo lo opera Iberia al cien por cien, aunque comercialmente es Finnair neto.

En el resto de España (los destinos en Andalucía, Levante o Canarias) la operación se realiza con los Airbus propios de la compañía finlandesa gracias a los horarios. La de Iberia es una colaboración que, según nos explicaba su CEO, Turkka Kuusisto, funciona francamente bien. No deja de ser lógico: ambas aerolíneas forman parte de la alianza oneworld y comparten una visión bastante similar sobre la conectividad global. Por cierto, entre las novedades de este 2026 como destinos servidos por la compañía está Manises. València sigue ganando destinos directos.

Turkka Kuusisto, quien es el CEO de Finnair desde julio de 2024 y curiosamente es hijo de un querido piloto de la compañía. (AY)

Lo interesante del caso Finnair es que no intenta negar la realidad. El mundo cambió, y con él cambió el mapa de la aviación. Lo que antes era una autopista aérea sobre territorio ruso hoy es un desvío largo y costoso. Y en lugar de esperar a que la situación vuelva a ser como antes, que es algo que ya nadie sabe cuándo ocurrirá, la compañía ha decidido adaptarse.

La de esta compañía de transporte aéreo, no es una reinvención espectacular ni llena de titulares. Es algo más difícil: una adaptación estratégica, silenciosa y pragmática. La de una empresa que entiende que, si en aviación la geografía importa, la capacidad de reaccionar es todavía más importante.

El caso es que al final, en este negocio de la aviación, los mapas no cambian por decisiones de las aerolíneas. A veces lo hacen por la política, por las crisis o por las guerras, como estamos viendo más que nunca en fechas recientes. Cuando eso ocurre, solo sobreviven quienes saben volver a trazar la ruta.

Se calcula que en Finlandia hay 3,3 millones de Saunas, lo que da una media de 1,6 habitantes por sauna. Una de ellas es la de la foto y está en la sala VIP no Schengen de Finnair en el aeropuerto de Helsinki (AY)

Finnair, al menos por ahora, parece haber entendido bien la lección: a cielo cerrado, cambio de rumbo. Si este cierre se alarga, adaptación al nuevo escenario y a seguir intentando volar alto.

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