Espacio, redes y corazón de la inteligencia artificial (IA). Esos son los ejes de coordenadas en los que se mueven las grandes corrientes de cambio en el Mobile World Congress (MWC) 2026, uno de los más relevantes desde el punto de vista geoestratégico de su historia. Hoy, todo evento tecnológico con impacto global se vive con inusitada intensidad, como si nos estuviéramos jugando la vida de Occidente en cada pasillo.
La atención real del mercado se sitúa muy lejos de los mensajes del marketing de situación que nunca fallan y siempre se olvidan. Hoy se vende 6G como ayer se vendía Metaverso: en Oulu (Finlandia) pude ver la solitaria torre nevada con la que Nokia hizo la primera prueba de concepto hace unos meses para conectar un automóvil. Sin estándares, sin casos de uso, sin nada que probar todavía, hablar de 6G es como mentar la teletransportación.
La presencia más jugosa del MWC es la de la presidenta y COO de SpaceX, Gwynne Shotwell, a la que acompaña el vicepresidente de Starlink, Michael Nicolls. La compañía ha diseñado una campaña despiadada en Barcelona para convencer a las operadoras y a los reguladores que aún se resisten, como el de India, de las bondades de su servicio de comunicaciones satélite-móvil, Starlink Mobile, lanzado hace dos años y acelerado ahora.
“Disponible en 32 países con 35 socios de telecomunicaciones, está llamado a revolucionar la conectividad móvil”, asegura Shotwell. La próxima constelación de segunda generación se lanzará a mediados de 2027 y “ofrecerá capacidades de banda ancha comparables a las del 5G”. Temblad operadores o, más bien, sentaos a negociar cuanto antes.
El asunto tiene derivadas. Consolidarse como operador global de telecomunicaciones móviles puede suponer una baza clave para el éxito de la salida a Bolsa de SpaceX este verano. Pero hay batalla. Sobre el tapete del MWC, los de Elon Musk tienen que bregarse con Leo, la competencia de Amazon, que planea prestar servicio a consumidores de EEUU y de otros países este mismo año.
John Stankey, presidente y CEO de AT&T, habla sobre el escenario de Barcelona de «la creciente importancia de la competencia intermodal, incluida la integración de satélites»; y Margherita Della Valle, CEO de Vodafone Group, presenta en el mismo foro su iniciativa Satellite Connect Europe, en asociación con AST SpaceMobile, que ofrecerá servicios a Telefónica entre otras compañías.
“El progreso tecnológico está superando los marcos regulatorios actuales”, advierte, no obstante, Della Valle. Aboga por la cooperación internacional para evitar “un entorno caótico de ‘salvaje Oeste’ en este sector en auge”. Ya te digo, lo más intenso del MWC en años viene del espacio. La visión de Vodafone es crear “la plataforma IoT [internet de las cosas] más grande del mundo occidental».
Empresas como Eutelsat y Globalstar, socio de Apple para el servicio directo a móvil, pondrán también picante a la carrera. Por no hablar de Shanghai Spacecom Satellite Technology, impulsora del rival chino de Starlink, llamado Qianfan.
El segundo gran vector de cambio, como venimos explicando, tiene que ver con las futuras redes de telecomunicaciones basadas en IA. Guiqing Liu, presidente y CEO de China Telecom, presenta a su compañía como “un proveedor de infraestructura de IA” y asegura que se encuentra inmersa en “la transformación de un operador de telecomunicaciones tradicional a una empresa basada en la tecnología”.
Ese es el camino que debe seguir el resto del sector, aplastado financieramente por la losa de la inversión en unas redes de telecomunicaciones que, en el caso del 5G, no acaba de dar todo el retorno esperado. Ni siquiera en un país como el nuestro, que les ha dado todo el poder para gestionar el espectro. Los clientes industriales, principales damnificados por el cierre de las redes privadas de 5G, son quizás la mejor pista.
Y la tercera clave de lo que sucede en Barcelona se encuentra en el corazón del sistema de esa IA que viene en aluvión a revolucionarlo todo. Converso a unos cientos de kilómetros de distancia, a raíz de su participación en la jornada Smart Business Lab de Valencia, con Stratos Idreos, director del DASlab, el Laboratorio de Sistemas de Datos e IA de Harvard.

“Cuando escuchas hablar a un CEO, es 100% marketing”, responde al preguntarle por la disonancia entre su línea de trabajo y los mensajes que se proyectan hoy en los grandes foros globales. La tesis de Stratos Idreos es que necesitamos construir un sistema que elimine toda la complejidad actual de la IA, porque de otro modo no será una herramienta útil para entornos difíciles y heterogéneos, como una ciudad o una empresa.
Ve en la situación actual muchas similitudes con otras anteriores, también tecnológicamente intrincadas, que se saldaron con el surgimiento de innovaciones como los sistemas operativos de los ordenadores personales, a las bases de datos o a la nube. Existía entonces, como hoy, una necesidad fundamental de simplificar las cosas.
“Los modelos de IA no son suficientes”, explica. Crear un solo modelo puede costar uno o dos años y sólo pueden hacer “algo pequeño, una sola cosa, de modo que, en realidad, se necesita mucha infraestructura para resolver problemas complejos, cientos de modelos para cada cuestión que se quiera solucionar”. La solución tiene que ver con la gestión del contexto como fuente de datos, con eso de leer los versos de TS Eliot al revés.
El laboratorio de Stratos Idreos trabaja en nuevos sistemas operativos de la IA que permitan usar esa información para “crear tus propios modelos, cientos de ellos, incluso uno al día si el sistema es lo suficientemente rápido”. La idea es que un problema muy complejo se puede resolver de muchas maneras diferentes, “dependiendo de los datos y del contexto”, pero ¿cuál es la correcta?
La solución de Stratos Idreos identifica todas las posibles formas de diseñar el modelo y luego crea “algoritmos que exploren ese espacio”. Inventa nuevos sistemas “al instante, específicamente diseñados para ti”. Pueden ser “hasta mil veces más rápidos que los mejores sistemas disponibles”. Lo han hecho ya con IA de imágenes, y funciona.
El desafío será escalar esa solución del ámbito académico al mercado y convencer a un sector tecnológico pasado de revoluciones ahora mismo, inmerso en la tarea de conseguir financiación para las descomunales inversiones en infraestructura de IA. Pero, escucha MWC, ¿estamos abordando el desafío de la IA con las herramientas equivocadas?
