Opinión Salvador Sostres

El biombo de Javier Godó. La Vanguardia cumple 145 años

La Vanguardia cumple 145 años como uno de los pocos periódicos europeos que mantiene la continuidad familiar y editorial desde su fundación.

En un artículo que sólo puede escribir alguien que se siente muy seguro de sí mismo, el editor de La Vanguardia, Javier Godó, ha explicado que su padre creía tan poco en él cuando entró en la empresa que no le asignó ni un despacho. “Tenía la mesa de trabajo en la hemeroteca, adonde iban a consultar la colección de diarios los lectores, que me observaban desconcertados. Manifesté mi disgusto, pero solo conseguí que me colocaran un biombo para permanecer oculto a los ojos de los visitantes”, explica Javier. Cualquiera que fuera un poco menos que él intentaría disimular una anécdota como ésta, pero él sabe que le da fuerza y grandeza. Javier es el único editor de periódicos de España que continúa siendo de la familia fundacional. Javier sabe que la Historia se construye con lo bueno y con lo malo y que lo único que importa es nuestra forma de contarlo.

El secreto de Javier es que siempre ha creído en sí mismo y en su obra, y tiene razón cuando dice que su padre tenía dudas. Claro que las tenía, pero Javier supo qué hacer con ellas. Que se convirtiera en el Conde Godó y en el editor de La Vanguardia fue mucho más su decisión que la de su padre, y con mucho empeño y determinación, y mojándose en el momento decisivo, consiguió lo que quería. Los hombres que como Javier se imponen a las circunstancias nunca se avergüenzan de explicarlas porque lucharon y ganaron, y esta lucha dio para siempre sentido a su vida. Del mismo modo el editor ha defendido siempre la independencia de su cabecera, y ante ofertas muy tentadoras, y maniobras muy mañosas, ha sabido llegar hasta aquí como único propietario de su casa. Los Godó han tenido siempre este instinto de la propiedad y no ha sido fácil porque todo el mundo ha querido controlar La Vanguardia.

El Conde de Godó, Javier Godó, durante la presentación del 70 Trofeu Conde de Godó, en el Castillo de Montjuïc, a 2 de marzo de 2023, en Barcelona, Cataluña (España).

Muy especialmente Javier ha defendido, a lo largo de su trayectoria, que La Vanguardia respondiera sólo a sus intereses y no a los de los grupos políticos o económicos que la han codiciado, que han sido todos o casi todos, tanto en Cataluña como en resto de España. Los que creen que es un periódico que se inclina ante el poder tendrían que reflexionar sobre este aniversario. Si la misma Vanguardia, con la misma familia propietaria, cumple 145 años en que España ha tenido todos los gobiernos imaginables, y todos han pasado, ¿quién se ha inclinado ante quién? Otros medios y editores que se creyeron más fuertes ya no existen o tienen otros propietarios. ¿Cómo pueden sobrevivir los débiles?

En un mundo tan caótico, tan bello pero tan terrible, y tan cambiante por causa de los avances tecnológicos, un periódico como La Vanguardia, de la venerable edad de 145 años, ha sabido mantenerse en el centro de la vida pública de su ámbito de influencia. Esto ha sido posible por su vocación mayoritaria y porque ha sabido evolucionar desde la centralidad, es decir, pareciéndose a sus lectores, acompañándolos, moviéndose con ellos, y sin tratar de aleccionarlos. Y para poder hacerlo en su justa medida, de fórmula no escrita ha tenido la personalidad de su líder. Sin esta personalidad tan trabajada no lo habría conseguido. Sin el carácter que en muchos momentos de su vida ha demostrado Javier para superar toda clase de dificultades, su obra y él mismo habrían quedado desdibujados, difuminados, como tantos otros que tuvieron más poder que él, y empresas aparentemente más potentes, pero que no crecieron teniendo que ser fuertes para sobreponerse al biombo y tantas otras incomprensiones. Sólo cuando sabemos filtrar lo que somos en lo que hacemos, conseguimos que nuestra obra sea singular, única, y que prevalezca su interés y su importancia. Esto es lo que ha sabido hacer Javier, a veces desde el dolor, a veces desde la estrategia, a veces desde el poder de su influencia y la de sus socios, pero siempre desde la generosidad, sabiendo perdonar las ofensas y convirtiendo la superación de la adversidad y el desprecio en más fortaleza y mérito para conseguir sus propósitos.

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