Opinión Eugenio Mallol

Del crack de la carne cultivada a la ‘comida ozempic’

El acuerdo de la UE con Mercosur llega después de un 2025 catastrófico en la inversión de capital riesgo en tecnologías agroalimentarias, la innovación busca propósito, pero hay que asumir que nunca tendremos una vaca neutra en CO2

El acuerdo de la UE con Mercosur nos ha devuelto al campo de batalla del sector agroalimentario, donde se está forzando una transformación tecnológica, pero no resulta fácil saber hacia dónde: ¿buscamos fuentes de proteínas alternativas para dejar de consumir carne de animal o seguimos mejorando la eficiencia de las explotaciones para que sean más respetuosas con el medio ambiente y económicamente viables?

Hay que asumir que, si bien nunca tendremos una vaca neutra en carbono, ni una granja enteramente sostenible a escala industrial, hay margen para reducir su impacto y convivir con ello. Cerrar industrias lácteas o porcinas en Europa simplemente conduciría externalizar más producción a otros países que, por lo general, son mucho menos eficientes. Y con las frutas y hortalizas, igual. Al menos, de momento.

El espacio The Mixing Bowl ha detectado 350 empresas productoras de bioestimulantes y biofertilizantes en 2025, 100 más que en 2023. Varios países de Latinoamérica, Brasil en particular, están consiguiendo liderar la innovación a nivel global en este tipo de sustancias biológicas que mejoran el rendimiento agrícola y combaten las plagas.

Utilizan ingredientes como algas marinas, proteínas, bacterias y hongos para potenciar los procesos naturales de las plantas. Frente a ese modelo, Europa debe reconocer que no es infalible. Resulta doloroso esgrimir el escándalo de Bayer con el glifosato Roundup que heredó de Monsanto, tras las 67.000 demandas presentadas ante la Corte Suprema de EEUU de personas que aseguran que les ha provocado cáncer.

Elaine Watson, de AgFunder, hace una crónica demoledora del “desgarrador” 2025, en lo que a la actividad del capital riesgo se refiere. Describe un encuentro reciente del sector en la Universidad de Tufts en Boston como “una especie de terapia colectiva”. La gran perdedora es la categoría de comida innovadora. El año pasado sufrió un desplome de la inversión del 60% interanual y del 80% con respecto al excepcional 2022. Consuela saber que la española Heura Foods figura, no obstante, en el top10 tras captar 22 millones.

Tender Food decidió dejar de destinar su tecnología de hilado de fibra a la carne alternativa y se pasó a los snacks y la comida para mascotas. Su CEO, Mike Messersmith, dijo en Tufts que no podía seguir recaudando fondos para una empresa de carne vegetal a pequeña escala. “Ese camino se acabó…”

La startup de mariscos cultivados con células Wildtype, pese a contar con la aprobación de la Administración norteamericana, necesitaría todos los tanques de acero que existen en el mundo para producir el 1% del marisco que se consume. Imposible escalar tanto. Believer Meats, dedicada a la producción de carne cultivada, cesó en 2025 abruptamente sus operaciones, y Meati colapsó.

Beyond Meat, pionera en este campo, apenas consiguió reestructurar su deuda; la canadiense de productos del mar a base de plantas Konscious Foods cesó su actividad; y Miyoko’s, del sector de productos lácteos alternativos, se declaró insolvente y ha tenido que ser subastada.

Afortunadamente, sigue habiendo ejemplos de éxito en el ámbito de la carne cultivada, como EdiMembre, de Merck, capaz de generar cortes enteros de músculo estructurado en los que imita la vasculatura con fibra hueca comestible. EntoCellular produce proteínas para mascotas a partir de células de insectos y Truemeat diseña fibras individuales de tejido muscular, las retuerce y las agrupa para crear estructuras complejas.

La alternativa al modelo actual no acaba de calar, pero “quizás dentro de 20 o 30 años, todos miraremos hacia atrás y nos preguntaremos: ¿cómo logramos sacrificar animales a esta escala para obtener nuestra carne?”, apunta aceradamente Elaine Watson.

El propósito de la innovación está definiendo sustancialmente la actitud de los inversores. Bruce Friedrich, fundador del Good Food Institute, destaca el incremento del apoyo gubernamental a la ciencia en India, Israel, Brasil, Corea, Japón, China y varios países de Europa. “Ninguno lo hace por el clima, la biodiversidad, la salud mundial, el hambre o la desnutrición; todos lo hacen por la autosuficiencia alimentaria, la seguridad y la resiliencia de los sistemas alimentarios”. Esa es una buena razón, como hemos dicho.

Llama la atención que las actividades que más interés despiertan entre los inversores en tecnologías ligadas a la alimentación son las de bioingeniería y biomateriales, con 1.120 millones de euros desembolsados.Ocho de las diez principales operaciones en esta categoría responden a la preocupación por la fiabilidad de la red eléctrica, la creciente demanda de datos y las energías renovables… sí, en el campo se habla bastante de ello. La biometanización de residuos ha permitido a la española Gestcompost situarse en el tercer puesto mundial con 112,5 millones, tras la toma del 40% por Suma Capital.

Algunos actores de la carne cultivada se están reorientando hacia la biofarmacia. Una pista a seguir es la respuesta a los medicamentos basados en la hormona GLP-1, como el famoso Ozempic, utilizado para adelgazar. Si un porcentaje elevado de la población los acabara tomando, el impacto en la industria alimentaria podría ser enorme. Por eso, algunas empresas buscan fabricar productos complementarios para quienes los utilizan o tratan de dejarlos, y otras optan por intentar imitar sus efectos.

Otra vía de diferenciación en auge son los productos premium. Perfect Day ha recaudado 710 millones de euros para producir en India proteínas lácteas reales en tanques de fermentación utilizando microbios. La agricultura vertical ha vivido cierres como los de Plenty, que recaudó 345 millones, y Aerofarms, que llegó a alcanzar el estatus de unicornio, pero tiene su nicho. Pero los productores de azafrán o vainilla en este tipo de instalaciones podrían ganar en el futuro más dinero que los de lechuga.

La sorpresa del año, según AgFunder, la ha protagonizado la categoría de robótica, mecanización y equipamiento agrícola, que ha captado590 millones de dólares en 67 acuerdos. La mano de obra es un desafío para los agricultores, especialmente en Europa, y se va a convertir, por lo tanto, en una oportunidad para las startups. Ese sí es un propósito claro y en ascenso.

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