Opinión Eugenio Mallol

El papel de la tecnología ante el fin de la ‘aldea global’

El sector tecnológico va a tener que mantener la llama del tecno-optimismo en un entorno de fragmentación global, difícil tarea para un CES Las Vegas en el que las novedades ya no son lo más relevante, sino lograr que “la gente hable entre sí, para asegurarse mutuamente de que el mundo está bien”.

La actriz Justine Ezarik probando un producto. CES Las Vegas

El paleontólogo y jesuita francés Pierre Teilhard de Cardin fue el creador del concepto de “convergencia” que ha inspirado los últimos 75 años de tecno-optimismo global. Para él, sólo suponía un paso más en la evolución humana, atribuible al impacto en nuestros cerebros y en la sociedad de cuatro grandes tecnologías: radio, televisión, teléfono y el todavía incipiente ordenador electrónico.

En sus obras, anticipó un único sistema nervioso de la humanidad, vaticinó una conciencia unificada que cubriría el mundo “como una piel pensante” e invitó a incorporarse a la emergente “noosfera”. Teilhard murió en 1955, mucho antes de que existiera el ordenador personal y, por supuesto, internet. La Iglesia no le permitió publicar ninguno de sus manuscritos, en los que aceptaba muchas de las teorías evolucionistas que fueron derivándose de los trabajos de Charles Darwin.

Tras su muerte, sin embargo, fue su secretaria la encargada de sacar a la luz aquellas reflexiones, incluido el tratado El fenómeno humano, por el que se interesó Marshall McLuhan. Con las ideas de Teilhard, combinadas con las del historiador económico Harold Innis y con su reciente conversión al catolicismo, McLuhan configuró su conocida visión de la “aldea global”, publicada en La galaxia Gutemberg.

Los acontecimientos de Venezuela son el corolario de un año que, para muchos, ha servido para constatar que el mundo omnisciente y orquestado que intuyó Telhard y estampó McLuhan ha quedado sometido al pragmatismo de la fragmentación y a la evidencia de los bloques geoeconómicos.

El sector tecnológico arranca 2026 en una posición estéticamente complicada, en ese sentido. Cada vez es mayor su autonomía respecto al ámbito institucional público tal y como lo conocemos, con separación de poderes, seguridad jurídica, esto, lo otro y lo de más allá. Hoy no se mueve una línea de código sin el beneplácito de Donald Trump y Xi Jinping. Intervencionismo estatal y capitalismo radical son ya dos caras de la misma moneda.

CES Las Vegas

Las big tech disponen de más liquidez y margen de maniobra financiera que muchos Estados, manejan mejor conocimiento científico y tecnológico de vanguardia que la mayoría de universidades, controlan el talento y se encuentran fuera del control efectivo de muchas regulaciones que son manifiestamente inaplicables, como las leyes de inteligencia artificial (IA) y datos de la UE, aunque nadie lo reconozca públicamente.

Mark Zuckerberg, fundador y CEO de Meta, pronunció hace un año la frase que sintetiza en mi opinión el fin del contrato social roussoniano y el inicio de la nueva era de la Nación Tecnológica: “Vamos a trabajar con el presidente Trump para hacer retroceder a los gobiernos de todo el mundo, que persiguen a las empresas estadounidenses y presionan para que se censure más”. No hay más preguntas, señoría. Hola, Selva Inc.

En su siempre estimulante y madrugador informe Top Risks 2026 para el Grupo EuroAsia, Ian Bremmer y Cliff Kupchan sostienen, de hecho, que “Estados Unidos mismo está deshaciendo su propio orden global”. Aconsejan no dejarse llevar por dos “pistas falsas”: una asume la Desglobalización, por mucho que “Estados Unidos ya no quiere liderar un orden comercial multilateral basado en normas ni servir como motor principal de la globalización”; y la otra se apunta a la retórica de las Esferas de Influencia, “el mundo es más caótico que eso, y mucho más difícil de partir”, dicen.

Quizás sea más interesante seguir la pista que deja la reciente adquisición de la firma de origen chino Manus por parte de Meta. En primavera pasada, cuando lanzó su plataforma de agentes de IA, capaces de realizar tareas complejas para los usuarios, el atrevimiento de Manus fue descrito como «el segundo momento DeepSeek». Su valoración rondaba los 500 millones de dólares, una cifra nada desdeñable para una startup con medio centenar de trabajadores.

Pero los directivos de Manus querían internacionalizarse y eso, en ámbitos delicados como el de la IA, hoy significa eliminar cualquier apariencia de tener sede y origen chinos. En julio, dejó de ofrecer sus servicios en China, eliminó sus cuentas de redes sociales tras despedir a aproximadamente el 70-80% de su plantilla en el país y trasladó al equipo técnico principal a Singapur, según explica Paul Triolo en su blog.

Dejó también de colaborar con Alibaba para desarrollar una versión de la plataforma centrada en China utilizando Qwen y rechazó una oferta de adquisición de Bytedance. Cuando los abogados de Zuckerberg cerraron la compra en diciembre, la valoración de Manus había crecido ostensiblemente, entre 2.000 y 3.000 millones de dólares.

Al CES de Las Vegas le toca mantener la llama del tecno-optimismo en las actuales circunstancias. Eso significa encontrar nuevos motivos de inspiración que permitan pasar página de las ensoñaciones de aldea global y convergencia de Teilhard y McLuhan. Uno de los que hablan más claro es Gary Shapiro, CEO de CTA, organizadora del evento: “en tiempos de grandes cambios, las ferias comerciales como CES son muy importantes para que la gente se reúna y hable entre sí, para asegurarse mutuamente de que el mundo está bien”.

Otro punto de interés este mes es el Foro de Davos, en el que Børge Brende se estrena como presidente y CEO del Foro Económico Mundial (WEF), en sustitución del controvertido Klaus Schwab. Está prevista la asistencia de Donald Trump, veremos, también la de Pedro Sánchez. El lema de este año se anunció en septiembre, lejos del estado de ánimo actual: “Un espíritu de diálogo”. Vaya. Venimos advirtiendo de que uno de los temas de 2026 será la energía (también, atención, el problema del agua) y así aparece destacado en el programa de Davos.

Como es habitual, de la mano de la consultora McKinsey, el WEF ha analizado las tendencias clave que podrían dar forma a las estrategias comerciales durante los próximos cinco años. Han plasmado sus conclusiones en el informe “Cuatro futuros para la nueva economía: geoeconomía y tecnología en 2030”.

Los resultados de la última encuesta a directores de estrategia de empresas de todo el mundo apuntan a la “comercialización de IA y tecnologías emergentes” (72%) y a la “fragmentación geoeconómica” (52%) como las dos tendencias más impactantes. Hoy no es fácil determinar si se trata de dos vectores que avanzan aceleradamente en direcciones opuestas.

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