El sueño de fundar Papiroga se inicia bastante antes de su nacimiento en 2011: aspirábamos a transformar la industria de la moda mediante accesorios nunca vistos y valores inéditos hasta la fecha. Queríamos abrir nuestro camino, explorar una ruta propia en un mundo plagado de dogmas que sabíamos que no nos lo iba a poner fácil. Menos teniendo en cuenta la crisis económica que asolaba por aquel momento España y la ausencia total de ayudas y padrinos.

La clave era encontrar un modelo personal, desarrollar un concepto auténtico que diera consistencia a todos los puntos de contacto: desde el tipo de producto al marketing, pasando por el branding, el tono de comunicación, la relación con el cliente o la misma logística, cada uno de los elementos de la marca debía reflejar nuestra particular manera de ver las cosas.

Diseños atemporales

Si el objetivo era reinventar la relación con el consumidor, replantear las reglas del negocio, no podíamos dar nada por sentado, incluyendo principios aparentemente intocables como el de las rebajas. A la posición respecto al Black Friday llegamos casi por decantación, como resultado natural de algunas reflexiones previas. Entre ellas, la relativa a la dinámica de temporadas, a la producción acelerada con fecha de defunción incorporada. Nuestros diseños buscan la atemporalidad, escapar de las variables caprichosas del momento. Y si no tienen caducidad, ¿por qué entrar en una carrera frenética para deshacerse de ellos?

Pero hay más. Como evitar a toda costa el excedente con ediciones limitadas. Cuando una referencia se agota, se agota. Lo que impacta de paso en nuestro esquema de difusión: si no hay sobrante, ¿para qué desplegar una agresiva estrategia de promoción? Y ahí puede que asome una verdad incómoda. Pero, nos guste o no, si un producto es bueno no necesita publicidad. Y, si no es bueno, en el fondo tampoco…

Piezas atemporales que trascienden temporadas, supresión de métodos tradicionales de promoción junto a una política de precios… sencilla: porque no alteramos el valor del catálogo, los diseños valen lo mismo del primer al último día. Por una razón de nuevo muy personal: si a los primeros que nos molesta que un producto recién adquirido aparezca después con descuento es a nosotros, ¿por qué replicar la fórmula en Papiroga? Y, además, ¿no dicen que los principios no valen nada hasta que te cuestan dinero?

 

Leire Urzaiz, Estefanía de Oliveira y Daniel Coma-Cros, son fundadores de Papiroga, una firma de bisutería madrileña fundada en 2011 y que hoy en día es una de las más deseadas a nivel nacional.

Con el paso de los años han logrado expandirse internacionalmente, sabiendo sacar partido de las redes sociales, sin más influencers que ellas mismas, y con un éxito tal que sus pendientes se venden hasta en Rusia y Japón.