En el pronaos del templo de Delfos, el Oráculo, antes de plantear cualquier consulta a los dioses, obligaba al viajero a rebuscarse y bucear en su propia esencia a través de la inscripción: conócete a ti mismo. Una exhortación grabada a golpe de cincel que se ha convertido en la piedra angular de la madurez humana y en el punto de partida para comprender el mundo.

Cuando buscaba a mi numen pensé que, sin duda alguna, por los alrededores de aquel templo debió de existir un lugar igualmente increíble que acogía y trataba a todos estos espeleólogos con el goce en todo lo alto. Una suerte de cantina en la que comenzar tan trascendental aventura ciceón en mano y, donde, seguramente se podía leer en alguna baldosa: colega, antes de nada, párate a vivir.

En el nuevo spot de Schweppes, una marca adulta que encarna a la perfección la épica del disfrute, hemos querido lanzar una invitación a la gente a bajar el ritmo, a abrazar lo sencillo y a alargar los buenos momentos del día a día. Aquellos que a veces dejamos para un después que nunca llega o que, por cotidianos, no valoramos lo suficiente, como pueden ser la gran proeza de encontrar sitio en una terraza en los tiempos del posconfinamiento o el refrescarte cuando tienes sed y nada importa más a tu alrededor que el sentir ese cosquilleo cítrico de una chispeante burbuja acariciando tu paladar. Un placer mínimo que en esta cinta –como la de Moebius, infinita y llena de significado– toma características cósmicas.

En el plano narrativo, Párate a vivir remite al tono humorístico y emocional de la publicidad histórica de la marca través de un guiño al célebre ‘hombre de la tónica’ –salto generacional mediante– y da continuismo a la campaña Imperfectamente Perfecta, grabada y emitida durante el confinamiento y en la que Schweppes baja de su Olimpo para poner el foco en el consumidor.

Me explico: al tratarse de una marca teocrática, que lidera el mercado de tónicas y mixers desde que llegó a España en 1957 y que ha marcado muchas de las tendencias mixológicas de estos años, su comunicación se había centrado últimamente en el producto.

Sin embargo, ahora y en consonancia con la situación que vivimos, pone por delante a las personas rindiendo homenaje al hombre y a la mujer contemporáneos: a su estoicismo, a su resiliencia y a su carácter disfrutón y alegre, representadas dichas cualidades a través del hombre que, impertérrito cual Simón en el desierto, se amarra –llueve, truene o venga el diablo en forma de una treintañera Silvina Pinal– al placer y al regocijo que representa hoy en día una mesa en una terraza.

Este es el spot de ‘El hombre que se quedó a vivir en una terraza’:

Oficialmente, Miguel Olivares es director general creativo de la agencia de publicidad La Despensa, que firma la última campaña para la marca Schweppes. Pero mejor dejemos que se autodefina él mismo: «Domador de hormigas, aprendiz de mago, filósofo de bar y pensador de sillón, catador de Nocilla,  admirador de belleza, volador de cometas, motorista intrépido, amante del ahora, detractor amarillo de lo mediocre, pesadilla de profesores, cómico de mi público, atleta en mi juventud, viajero incansable y turista ocasional, voyeur de atardeceres,  admirador de las estrellas, novio de la luna y por distintos avatares de la vida socio fundador y director general creativo de una extraña agencia de publicidad llamada la Despensa».