Oasis es mi grupo favorito, los escucho prácticamente todos los días. También me encanta Creedence Clearwater Revival. System of a Down, The Beatles, Dire Straits, Eminem, Blink 182… Un surtido de artistas y grupos que objetivamente, aunque no te apasionasen, dirías que son decentes o, al menos, relevantes para la música. Nadie te lincharía por afirmarlo. Talentos que eran “comerciales” y que sacaron grandes álbumes llenos de significado, construcciones elaboradas y canónicas de lo que se ha considerado buena música. Muchos de ellos ejemplos de cuando decimos “antes sí se hacía música buena, no como ahora”.
Ahora. El “ahora” siempre es peyorativo. Quevedo, Rosalía, Bad Bunny, Karol G. Que si el ‘autotune’ esto, que si las letras sin significado lo otro. Cada vez que me escucho siendo un estereotipo que los cuestiona, freno inmediatamente. Seguro que hay decenas de argumentos para justificar que musicalmente son mucho menos virtuosos, pero hay algo en sus melodías, en su entendimiento del contexto, en cómo lo lanzan, que los hace conectar con lo que venimos a llamar nuevas generaciones. Me atrevería a decir que los arpegios de Mark Knopfler son más profundos que el “Punto G” de Quevedo, que la posteridad los dejará en mejor lugar, pero no sería capaz de restar un ápice de mérito a una realidad: conecta de maravilla con la gente. Eso vale oro. Además, ¿por qué debemos juzgar a Bad Bunny bajo la misma lupa que a Johnny Cash?
Pienso que en marketing ocurre algo similar. Ha habido ejemplos canónicos de marcas maravillosas construidas desde la fuerza del álbum, con procesos que llevan casi tres años entre una y otra propuesta, marcas que lanzaban discos con un folleto que explicaba cada canción, que se consumían en una cantidad de medios mucho menor que los que ahora tenemos a disposición. Aún quedan marcas de la vieja escuela, muchas de ellas muy exitosas y venerables, normalmente orientadas a públicos mayores de 35 años, que suelen ser los que determinan si algo es bueno o malo, al ser mayoría.
Sin embargo, también existen otras enseñas que buscan conectar con las nuevas generaciones que se parecen más a Karol G. Ya no dependen del gran álbum, que sino se construyen a base de ‘singles’, tácticas, por llamarlo de otra manera. Enlazan algunas canciones objetivamente potentes con otras menos pretenciosas, alternan una buena cantidad de colaboraciones con mucha presencia en los lugares donde está su gente, dan valor a sus redes, todo lo que enseñan cuenta. Son artistas y marcas muy distintas, referencia para muchos que crecimos con otros grupos y cantantes. Hacen algo radicalmente nuevo que rompe con los estándares que teníamos. Antes sí se hacía buena música, por supuesto. La de ahora es distinta. Punto y final.
Feliz lunes y que tengáis una gran semana.