Hay cosas inmutables. Todos los días amanece y atardece; todos los días, de lunes a viernes, se cuelan en tu pantalla Orestes y Rafa, los concursantes más longevos de Pasapalabra. El uno, Orestes, con su cara lozana, sus chistes penosos y a la vez entrañables, su impulsividad y su mente brillante; el otro, Rafa, con su tranquilidad, su rictus de torero y su barba para encender cerillas. No son sólo concursantes de un programa de televisión, son asideros a los que agarrarse para saber que los días corren, son como la alarma por la mañana, la transición de lo vertiginoso del día al hogar, casi como ponerse el pijama. Orestes y Rafa son la certeza de que la vida avanza.

Decía el Grand Prix hace ya un par de décadas que era “el programa del abuelo y del niño”. Quizá en su momento lo fue, pero el que ha logrado consolidarse como alternativa para todos los públicos es Pasapalabra, que, en vez de vaquillas y bolos humanos, ha empleado para lograrlo un rosco. Rosco por el que Orestes y Rafa han batallado ya en más de 120 ocasiones, batiendo un récord histórico global como enfrentamiento más repetido. El primero, además, ya había tenido otro duelo que llegó al centenar de contiendas contra Jaime Conde; no aparecerá en las listas de personas más relevantes del año, pero estoy convencido de que lo merecería. Orestes se ha colado más en tu salón que Canalcar en tu coche.

“Quando arriva a casa, Nescafé Capuccino”, decía una famosa campaña de los noventa. En mi caso, más bien sería “Quando arriva a casa, Orestes y Rafa”. Llamadas, videollamadas, tráfico, caterings, trabajo y más trabajo. Los días son así hasta que ambos irrumpen en pantalla, como si fuesen un punto aparte o un cierre de paréntesis. Una vez comienzan el rosco, el día termina y, al mismo tiempo, empieza. Ahí radica la magia de Pasapalabra: es para todos los públicos, interactivo a su manera y todo en él, hasta su horario, está pensado para que lo disfrutes con las personas con las que estás en casa. Orestes y Rafa son los espadachines de un modelo perfecto.

La recurrencia y sencillez de estos dos concursantes, que gustan a Toñi, de Usera; Cayetano, de El Viso; Gorka, de Bilbao; o Brais, de Coruña, nos recuerda qué importante es tener certezas cuando todo lo de alrededor cambia tanto y rutinas para parar el ritmo vertiginoso en el que estamos.

Que alguien me diga ahora que Orestes y Rafa son sólo dos concursantes de Pasapalabra.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.