De entre todas las cosas que me sacan de quicio, hay una que sobresale. No, no es la dicción de algunos actores españoles, tampoco que los restaurantes atufen a trufa desde hace algunos años, ni siquiera el doblaje de Shelley Duvall, Wendy Torrance, en El Resplandor. Lo que más me quema del mundo es la gente que te dice “Si me permites darte un consejo”. Nunca lo has pedido, hay cierta condescendencia en la formulación, suele esconder una crítica, aunque sea constructiva, y, lo más importante de todo, habitualmente es retórico, dado que rara vez obtiene respuesta. Sin embargo, heme aquí yendo a, si me lo permitís, daros un consejo básico para la vida personal y profesional.

El consejo es el que viene a continuación: todo lo que se formula, todo lo que se presenta, todo lo que se plantea, es susceptible de ser aprobado. Como se dice en tantas películas e imagino que también en la realidad… “Cualquier cosa que diga puede y será usada en su contra en un tribunal de justicia”. Tal cual sucede con lo que se presenta, como siempre me he empeñado en decir a mis equipos o agencias. Por ello, si algo no te convence, si algo te dice en tu interior que lo que llevas no es correcto, no lo cuentes; si no, siempre te arriesgas a que te digan que sí.

Elegir supone una renuncia, lo raro es que suponga una decepción para el emisor. En más de una ocasión he visto la tristeza en los ojos de los equipos cuando me decanto por una ruta en concreto. Se presentaron siete, pero todos creían que merecían la pena de verdad únicamente dos. ¿Por qué no trajeron sólo esas? Contando las otras cinco se arriesgaron a que la opinión del receptor fuera completamente distinta y se aprobase finalmente algo en lo que no creían. Cuando no creas en algo, por favor no lo cuentes, acaba siendo frustrante para todos.

También sucede en la vida personal, aunque de manera ligeramente distinta. Cada vez que hablamos, cada vez que planteamos algo, estamos adquiriendo un compromiso. Cuando uno afirma que va a hacer algo y el receptor muestra su aquiescencia, existe un pacto tácito que no cumplir es una pequeña traición. Si no vas a poder llevarlo a cabo, tampoco lo propongas. No te comprometas con lo que no quieres o puedes cumplir.

En resumen, si me permitís daros un consejo, nunca pidáis que se os permita dar un consejo y, sobre todo, aplicad eso de que en boca cerrada no entran moscas, porque solo existe lo que se dice.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.