Tras el verano, padres, madres, hijos, hijas y hasta la mascota de la casa caen víctimas del estrés que supone el tornado de gastos, preparativos y emociones vinculadas al nuevo curso escolar. Con la inflación desbocada, algunos análisis estiman el gasto medio por alumno (libros, uniformes, comedor, ruta…) en más de 400 euros, no mucho menos que el subsidio de desempleo para las personas que no tienen derecho a paro, que asciende a 464,21 euros.

Así que podemos imaginar el ‘palo’ que la educación implica para las economías domésticas más precarias. Pero dicho esto, abordemos tres aspectos de la educación actual vinculados a la tecnología, un capítulo en el que los centros educativos cada vez tienen que hacer una inversión mayor.

Memorizar o buscar en Google.

Existen algunos iluminados que abominan de métodos pedagógicos clásicos y abogan por atrofiar nuestro cerebro renegando del ejercicio de la memoria. Ya sabemos que Internet recoge todo el saber humano, pero eso no puede matar la existencia de una mínima cultura general. Hay datos, fechas, hechos o personajes relevantes que un estudiante debe conocer sin buscar en Google. Además, hay que poner en duda la capacidad para buscar con eficacia y sentido crítico. En la escuela se debería aprender a distinguir las fuentes fiables, a obtener la información que necesitamos más allá de los primeros resultados del buscador. En resumen, a dudar, analizar, comparar y seleccionar. Como en el periodismo, los alumnos le dan mucho al Ctrl C y Ctrl V, es decir al mítico cortar y pegar.

Tecnología en el aula y capacidad del docente.

Hace poco más de dos años, cuando la pandemia convirtió a los niños en simios enjaulados para desesperación de los progenitores, las carencias de muchos docentes en materia de tecnologías de la información y la comunicación quedaron expuestas. Hubo mucha improvisación y profesores -ojo, competentes en la actividad docente, pero poco duchos con ordenadores o tabletas- tuvieron que aprender a marchas forzadas para poder dar clases on-line a sus alumnos.

Algunos no lo consiguieron. También habría que fijarse en las distintas estrategias de educación digital que se le plantean a los colegios en los últimos años. ¿Qué es mejor, desarrollar software propio del colegio, con un sistema a medida, pero caro y complicado o, por el contrario, tirar de las herramientas educativas de gigantes como Google o Apple? La mezcla de ambas opciones es un sindiós, lo digo por experiencia propia.

Asignaturas sobre TIC.

La nueva asignatura de primaria Educación en valores cívicos y éticos -aglutinadora de seguidores y detractores en este país donde la educación, en el fondo, le importa un pimiento a los políticos- incluye algún contenido relacionado con el uso seguro de la tecnología. Sin embargo, como planteaba en mi libro Mi vida por un like, muchos expertos en pedagogía o psicología abogan por que se haga hueco a una asignatura específica y completa que ayude a chicos y chicas a disfrutar de las redes sociales sin exponer su intimidad, a luchar contra el ciberacoso, a no ser víctimas de las fake news y, en definitiva, a sacarle todo el partido a la tecnología en su provecho. ¿Lo veremos algún día? Lo dudo mucho.