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Foto: Mohamed Hassan/Pixabay

Cuando reúnes en una mesa de trabajo a representantes de empresas de tamaños distintos (EDP, ENEL, Generali, la biofarmacéutica UCB, REInvest Robotics, Schneider Electric…), a instituciones de la UE y a organizaciones globales como el Club de Roma y el World Economic Forum y los pones a debatir sobre Industria 5.0 con varios miembros del grupo de Impacto Económico y Social de la Investigación y la Innovación (ESIR) de la Comisión Europea, puedes encontrarte con una visión utópica como la de las Finanzas 5.0. Y eso es lo que ha sucedido.

El planteamiento de base es el siguiente: si se invirtiera capital en las áreas adecuadas, de manera inteligente, para lograr objetivos sociales comunes, los inversores podrían impulsar la transición hacia una sociedad más justa y sostenible. Estarían tomando las “decisiones correctas”, dice el documento resumen de la reunión. Para hacerlo posible habría que fomentar alianzas público-privadas y ponerlas en marcha en los ámbitos más críticos, allí donde es necesario.

¿Lo que le faltaba a un sector financiero elefantiásico, sobrecargado todavía de redes físicas y plantillas heredadas de la era analógica, acosado en diversos frentes por las nuevas formas de acceso al cliente de la revolución fintech, obligado a lidiar con la subida de tipos, al que le está estallando la tokenización y la Web3, cuando no tiene que afrontar el desafío del euro digital y la desintermediación? Pues sí.

Las finanzas y el medio ambiente están mucho más entrelazadas de lo que muchos creen. Las consecuencias de los incendios forestales, el estrés por calor, la subida del nivel del mar y el estrés hídrico podría afectar hasta al 30% de las exposiciones corporativas bancarias de la zona del euro, según el Banco Central Europeo. Con el agravante de que el sector asegurador no funcionaría como amortiguador en un shock sistémico porque solo el 35% de las pérdidas climáticas económicamente relevantes están actualmente aseguradas, de media, en la UE.

Los cerebros del ESIR creen que una mayor participación de los ciudadanos en las inversiones financieras ayudará a dirigirlas hacia el logro de los objetivos sociales. Indirectamente, las Finanzas 5.0 contribuirán a conseguir que se haga realidad la Industria 5.0, porque además de promover la resiliencia del sistema financiero, es esperable que apoyen a las pequeñas y medianas empresas (pymes).

En la visión utópica del sanedrín europeo, las nuevas finanzas deben dirigirse desde el principio a evitar el «valle de la muerte», que acaba llevando al traste tantas iniciativas de emprendimiento de base tecnológica, especialmente en el ámbito de las startup y las pymes. El sector público podría fomentarlo a través de herramientas y ayudas fiscales mejor definidas y basadas en el valor, por ejemplo, mediante el uso de bonos verdes y de sostenibilidad.

No hay que minusvalorar el llamado “Efecto Bruselas”, tal y como lo concibió Anu Bradfrod de la Columbia Law School. Si acaba calando la idea de las Finanzas 5.0, que no ha surgido de movimientos antisistema precisamente, quién sabe el recorrido que puede tener a nivel global. La reciente aprobación de la taxonomía verde permite ya condicionar la concesión de préstamos y ayudas públicas, así como la asignación de riesgos en el ámbito asegurador, por ejemplo.

De hecho, no ha hecho falta que se publicara esa taxonomía verde europea para que el gigante Walmart acordara con el no menos gigante grupo bancario HSBC que se condicione el coste de la financiación para adelantar los pagos a los proveedores a la puntuación en sostenibilidad que otorgue a cada empresa la entidad sin ánimo de lucro Carbon Disclosure Project (CDP).

Es difícil saber si está el tiempo para utopías. La implementación efectiva de Industria 5.0 va un paso más allá de la Industria 4.0 y exige un proceso intrínsecamente inclusivo, porque una transición justa solo puede lograrse mediante la negociación. Hay que implicar a todos los actores y pedirles que participen en iniciativas de co-creación en su ámbito de actuación. Europa llama a “movilizar la inteligencia colectiva” y a llevar a cabo una “transformación sistémica”.

Mucha innovación va a hacer falta para que las Finanzas 5.0 y algo menos utópica Industria 5.0 se hagan realidad. Pero quizás el mayor esfuerzo de cambio de mindset no corresponde a las empresas y a las organizaciones sociales, sino a la clase política que deberá garantizar la coherencia de las medidas en todos los países y en todos los sectores. Abandonar las visiones localistas, esa sí es una revolución.