Al paso que vamos, en un mundo tan incierto como el actual, a la tecnología le vamos a pedir, sobre todo, más que eficiencia, capacidad de anticipación. El algoritmo ARYA (sí, como el personaje de Juego de Tronos), diseñado por la española Belén Franch y utilizado en el programa NASA Harvest, es capaz de predecir la cosecha con hasta dos meses y medio de antelación. Quién pudiera disfrutar de ese margen de maniobra en otros sectores.

El último informe cuatrimestral del fundador de uno de los despachos de lobby más influyentes en Washington, el bipartisan Mehlman Castagnetti Rosen & Thomas, se titula The Post Post-Cold War World y sostiene que estamos a las puertas de un “Nuevo Orden”. El reto es averiguar cómo encaja la revolución tecnológica y digital en ese cambio de escenario global que podría avecinarse y en el que “la era de la neutralidad empresarial se ha acabado”. De momento, en el corto plazo, su principal aportación debería consistir en anticipar de forma fiable.

El informe escoge el camino de mostrar el mundo hacia el que nos encaminamos oculto entre diversas alternativas posibles. ¿Son las naciones una amenaza mayor si están aisladas o más integradas globalmente? ¿Destruir la economía de un enemigo mete presión a su liderazgo o lo une más a su gente frente a la amenaza externa? ¿Las redes sociales refuerzan o debilitan a los tiranos y quién decide quién puede usarlas? ¿Debemos priorizar la descarbonización o las fuentes de energía de que disponemos? ¿Las empresas actúan motivadas por las restricciones de las sanciones (no se les puede pagar en Rusia) o por la moralidad (la desinversión es «lo correcto»)?

Cada una de las respuestas a estas preguntas definirá la etapa en la que entramos, pero no es nada fácil acertar. El cierre del primer semestre de los gigantes tecnológicos refleja el nivel de incertidumbre en el que estamos inmersos. Mientras la cotización de sus acciones mantiene una evolución anual negativa, con la excepción de Apple y pese al buen mes de julio del Nasdaq, su comportamiento en el mercado arroja algunas luces interesantes que contrastan con el clima derrotista del mercado. Paradojas a tono con la situación general.

El coloso norteamericano de los supermercados Walmart menciona una inflación en los alimentos de “dos dígitos y más alta que al final del primer trimestre”. Como consecuencia de ello, asegura, los hábitos de los clientes están cambiando: reducen sus compras en otras categorías, particularmente ropa, lo cual motiva rebajas de precios y recortes de inventario. Y así.

Amazon ha incrementado sus ventas en el segundo trimestre un 7%, hasta los 121.000 millones de dólares, y Apple también sube un 2% en plena crisis inflacionaria. Las grandes corporaciones han sabido diversificar su negocio, dando entrada a nuevos servicios, y estar bien posicionado en la nube, como supieron ver Microsoft, Amazon y Google, es hoy un buen factor de estabilidad.

Algunos expertos sostienen que la ralentización de algunas economías occidentales es sólo aparente. La explicación sería que en el último trimestre de 2021 se dispararon las compras por temor a la persistencia del bloqueo en la cadena de suministro y lo que vivimos ahora es un exceso de stock en los almacenes de ciertas partes del mercado. Cuesta vender.

En el sector de los microchips, por ejemplo, mientras el automóvil y la industria siguen sin recibir el volumen de unidades que requieren, en el caso de los smartphones, los PC y la electrónica de consumo, el problema es de sobreoferta y no se espera una demanda en el último cuatrimestre de 2022 que ayude a reducir su stock. De modo que tocará ajustar precios.

Una de las empresas de microelectrónica españolas más atractivas, con el 66% de la cuota de mercado mundial de las antenas para llaves de apertura de coches, Premo Group, ha sido capaz de diseñar un modelo de predicción de la demanda a seis meses vista con una fiabilidad del 95%. Son las ventajas de la digitalización bien integrada. Lo característico del momento actual es precisamente que la mayor indefinición está en la demanda: ni siquiera es posible saber si el comprador mantendrá su encargo cuando llegue el momento de entregárselo.

Exhaustos ante la dificultad para predecir, algunos proveedores del automóvil de primer y segundo nivel, los conocidos como Tier1 y Tier2, han pedido a Premo acceder a su sistema de información. Es la clave del momento. Lo peor de estar a las puertas de un Nuevo Orden es no saber cuándo viene el siguiente giro del guion.