¿Nos encontramos, entonces, ante una nueva conspiración (o contra-conspiración), que es la que crea las teorías conspiratorias que han calado en los medios hasta ahora?

Al igual que una serie de Netflix, una teoría conspiratoria debe estar dotada de los elementos narrativos que la hagan adictiva y viral, en general una fuente del mal personificada en una o varias mentes privilegiadas que conspiran para conseguir un objetivo oculto, que suele ser someter a la humanidad.

Sin embargo, si bien los hechos y análisis que expongo pueden dar pie a un buen relato conspiratorio, creo que la realidad es mucho más simple, y que lo único que interviene en la toma de decisiones corporativas son las cifras de beneficio. Es algo consustancial al capitalismo, pero la diferencia es que la nueva industria del dato abastece a un nuevo mercado también, que es el de los datos humanos y la capacidad de moldearlos.

Y aquí nos encontramos con un problema ético, que considero equiparable al del tráfico de esclavos, pero más sutil: no se capturan cuerpos, sino mentes de seres humanos.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Por falta de consciencia. La IA es perfecta en su espectro de acción y hace lo mejor que puede hacer dada la información que tiene, pero no tiene conciencia. Los seres humanos sí, y ese es el reto que tenemos por delante como individuos y como líderes.

Conspiratest

Visto el desarrollo de la industria de la manipulación, recordemos, cada vez que nos encontremos ante una nueva teoría o información, el ejemplo del palo que se le lanza al perro: primero hay que mirar de dónde viene el palo conspiratorio que nos llega, y a continuación, a dónde nos quiere llevar (¿nos induce a hacer algo, a votar a uno u a otro, a comprar algo, a robar, a dar un golpe de estado?).

Podríamos llamar a este ejercicio “conspiratest”.

Este artículo está escrito por mí, Baruc Corazón, ser humano y por tanto no robot, en mi estudio de El Escorial, en Madrid, España, el uno de junio de 2022, y doy fe de que las informaciones que aporto están contrastadas.

Y, ¿a dónde nos lleva? Espero que a una toma de conciencia.