Siguiendo el hilo de las modas conspiratorias, hago una breve contextualización: el capitalismo del dato ha sobrevenido al industrial y nos sitúa ante un nuevo paradigma, en el que los humanos somos los proveedores de datos (la nueva materia prima) que sirven para influir en nuestras opiniones y comportamientos (la nueva fuente de riqueza).

La industria del dato busca los instrumentos y estrategias más efectivos para atrapar nuestra atención por medio de las redes sociales y, de esa manera, asegurar nuestra fidelidad como surtidores de datos.

Como consecuencia, las nuevas modas o tendencias virales ya no hacen referencia a la ropa o bienes materiales, sino a las informaciones y opiniones. En este hilo de artículos propongo el ejercicio de trazar el mapa de estas modas, localizándolas tanto geográfica como socialmente.

¿Cómo se genera una nueva tendencia viral? La estrategia de creación de una nueva tendencia de opinión tiene un primer campo de batalla: romper la frontera de la verdad. Una vez traspasada, el terreno está abonado a sembrar las ideas que más beneficios proporcionen.

Voy  a trazar un breve esquema de cómo ganar esta batalla:

Lo primero es denunciar los puntos débiles de las fuentes tradicionales de información, a las que se atribuye estar sesgadas. Es imposible que haya un medio de comunicación absolutamente imparcial, pues, o pertenece al gobierno (de modo que será más favorable al gobierno en curso), o a un individuo o corporación; pero, al igual que en el caso del monopolio, la democracia ha ido generando unos mecanismos de protección de los abusos, de modo que hay unas garantías de veracidad, y unas responsabilidades que son demandables judicialmente. Sin embargo, no hay aún un cuerpo legal cierto que aplicar a las informaciones que se propagan por las redes sociales, cuya veracidad no tienen la obligación de comprobar.

Un buen ejemplo de esta táctica es el del vuelco de las elecciones de EE UU de 2016 que terminaron dando la victoria de Donald Trump: el candidato difamó a periodistas y medios de comunicación que no le eran afines y, una vez instalado en el poder, vetó su asistencia a las ruedas de prensa. Esta estrategia dio un primer fruto al que se denominó post verdad, que, como se ha comprobado, había alimentado tres meses antes otra campaña de resultados inesperados, la del Brexit (que daba por válidos datos inventados, como el coste anual de la UE para el Reino Unido), y se ha convertido en una tendencia difícil de controlar.

El término post verdad, cuyo uso aumentó en un 2000% de 2015 a 2016 (según un estudio de la BBC), se define en el diccionario Oxford  como “Relativo a o denotando circunstancias en las que hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que la apelación a la emoción y a la creencia personal». Es decir, que lo único verdadero es la emoción que despierta y que posee al usuario.

Una vez censurados los canales de información verdadera y abiertos los de la post verdadera, la guerra está ganada.

El siguiente paso es demonizar a los contrincantes, ya sea en la arena política o en la económica. Es el paso de la post verdad a la conspiranoia, en la cual se siembra el miedo a una conspiración mundial para someter a la humanidad. Se habla de un poder en la sombra, lo cual es siempre muy efectivo, pues al estar en la sombra, no se puede probar si es real o no. Es una estrategia que se repite en la historia, muy apreciada por los dictadores.

Propaganda

Todo dictador hace uso de la propaganda del odio y el miedo para adueñarse de la población y justificar lo injustificable, pervirtiendo la verdad. Franco hablaba de una conspiración judeo-masónica, y Hitler de algo similar, con más dramáticas consecuencias, pero Stalin es, probablemente, el que más exitosa y prolijamente ha desarrollado esas estrategias, que lograron pervertir la utopía de la dictadura del proletariado anunciada por Marx convirtiéndola en la dictadura de un nuevo Zar que ha perpetuado el nepotismo de los anteriores, pero autonombrándose comunista. El órgano desde el que desarrollaron las tácticas y técnicas para mantener el control físico y psicológico de la población es la KGB, de donde procede Vladimir Putin, sucesor en línea directa de Stalin, con Yeltsin entre ambos en el linaje (quien, hay que recordarlo, recuperó el poder soviético con un golpe de estado a Gorbachov).

Retomando el hilo del artículo de la semana pasada, en el que hablaba de cómo se pueden ubicar geográfica y socialmente las corrientes de opinión, como si fueran vientos, he detectado una nueva que está haciendo cambiar la actitud hacia Putin en la guerra de Ucrania, relativizando la crueldad de la invasión, culpando a los invadidos y a los medios de comunicación de exagerar y falsear lo que sucede, e incluso justificando la agresión como una vía de desagravio, recurriendo una vez más a informaciones falsas.

La estrategia se repite: primero, se niega la verdad, matizando su alcance; a continuación, se justifica lo que la verdad haría injustificable. Y una vez más, los vientos opinacionales siguen el mismo recorrido: de los seguidores de Trump a los grupos más alternativos de perfil antisistema.

Podemos trazar su itinerario, pero la pregunta relevante es, ¿de dónde proceden? Es lo que voy a tratar en el próximo artículo.