El paradigma del capitalismo en el que vivimos ya no es el industrial, sino el del dato. Si en el primer tipo de capitalismo la materia prima era la extracción de los recursos fósiles, en el actual es la de los datos para alimentar la inteligencia artificial (IA) que da con la fórmula para predecir y condicionar el comportamiento humano.

En este nuevo modelo, los humanos somos al tiempo la fuente de alimentación (quienes proporcionamos los datos) y el producto a procesar (quienes pensamos y actuamos sobre la realidad social, política, comercial y económica).

El juego, sin embargo, es entre corporaciones: es algo que está claro en el comercio de bienes y servicios, en el que son las compañías las que pagan como marketing o publicidad, pero también en el del comercio de opiniones y comportamientos, como se ha visto en el caso del Brexit, en el cual el cliente de FB es Cambridge Analytics (y en tanto otros casos que van saliendo a la luz).

A diferencia de lo que sucedió en los tiempos de Rockefeller, cuando las autoridades federales advirtieron del peligro de monopolio que representaba su holding y legislaron para mantener un sistema de libre competencia (de ahí las leyes antimonopolio), las multinacionales del dato no han tenido restricción ni limitación alguna, de modo que tienen más poder que cualquier gobierno o nación (como se ha comprobado en Australia y EEUU cuando se ha intentado establecer algún tipo de regulación, especialemte notorio en el caso de Meta (Facebook).

Las redes sociales son el principal instrumento de extracción de datos humanos, y, a su vez, el medio por el que se expanden las informaciones que elaboran los algoritmos a partir de ellos. Dentro de la industria del dato, aquellos gigantes que poseen redes sociales propias son lo que mayor capacidad de influencia tienen: Meta (con FB e IG), Alphabet (Google/Youtube) y Tesla (de verificarse la compra de Twitter por Elon Musk).

Mentecat@s

Una mente cautiva es, etimológicamente, una mente capta, de la que deriva mentecata/o. Está claro el interés en convertirnos en mentecatos, y es el mejor ejemplo de cómo la ambición, ya sea personal o corporativa, puede llevar a la destrucción del medio ambiente en el que vive la persona o la corporación: no auguro futuro posible a un mundo en el que las opiniones y comportamientos de la humanidad estén dirigidos por una IA en manos de una persona, oligarquía o corporación.

La industria del dato desarrolla las tecnologías más adecuadas para abducir nuestras mentes, que son los surtidores de datos. Lo logran captando nuestra atención, y la forma más efectiva de hacerlo es controlando nuestras respuestas emocionales. La IA lee nuestra interacción como seres humanos y extrae los algoritmos que nos hacen predecibles y, por tanto, manipulables. En línea con lo que argumenta Yuval Noah Harari en Homo Deus, hemos dejado de ser dueños de nuestro destino. Porque nos convertimos en mentecatos.

¿Cómo podemos liberar nuestras mentes, y conseguir hacer de la nueva sociedad que estamos construyendo una sociedad libre? Tomando conciencia.

El problema del capitalismo corporativo es que se considera que las corporaciones no tienen conciencia, pero, ¿es esto cierto? ¿Acaso no responden a una conciencia colectiva, que es la que las ha creado y las hace crecer, o hundirse? Este es el punto de partida del trabajo de Diseño Consciente.

En el siguiente artículo, continuaré siguiendo el hilo para dar con la trama: ¿dónde se generan las modas conspiratorias, que sesgan nuestros pensamientos y emociones para orientarlos en una dirección?