“Hola Bárbara, no nos conocemos, soy Andrés. Edito una revista de comida, para los que nos gusta vivir, beber y comer, que se llama TAPAS”. Envié el mensaje, a la deriva, dentro de una botella vacía porque le había pedido a Alberto (García Alix) el móvil de Ouka Leele. Ninguno de sus amigos la llamaba así. Los amigos la llamaban Bárbara.

Me encanta la revista, pero yo soy vegana. No sé si los de TAPAS coméis carne”. Su respuesta llegó dos o tres días después. “Yo como poca carne. Muy poca. Gracias por contestar” (ni se me ocurrió escribirle que soy taurino). “Vente un día a casa y me cuentas”.

Sabía que Barbará se acercó a la Movida desde una ‘familia bien’, y quizá fue ese uno de los brillos de su mirada fotográfica. Así que, no me sorprendió su casa, un ático (omitiré la calle) precioso y caótico.

A la hora del café me abrió la puerta con cierta timidez mal disimulada, como yo tampoco pude disimular la mía. Estantes llenos de libros, una terraza pintada con colores hippies; creo recordar algún gato y todo muy desordenado —quizá estuviese ordenado en su cabeza—. Le conté como me había inventado TAPAS y que éramos el referente chic de este gastro boom y le dio lo mismo. Vente al sótano y te enseño mi archivo.

Me imaginé su obra catalogada, pero esa imagen me duró lo que me duró el viaje en ascensor. Allí mismo decidimos que la portada sería la famosa fotografía de los limones, que me escribiría un artículo mano a mano con su hija sobre los mejores restaurantes veganos de la ciudad —“me pagarás las comidas, ¿no? No te preocupes, que yo no abuso”— y que me firmaría unos libros.

Publiqué la portada. Y desde entonces nos mandamos mensajes,
le compré la fotografía que me mira ahora mientras escribo, vino a alguna de nuestras cenas y quedamos en vernos
. Y sí, como tantos otros, soñé que un día me retrataría, pero claro, nunca se lo pedí. Buen viaje Bárbara, no dejes de comer verduras y soñar.