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Al imperativo de la sostenibilidad y la descarbonización, que ya tenía a inversores, reguladores, operadoras e industriales en DEFCON 4, se ha venido a sumar la cuestión de la autonomía geoestratégica de Europa. Acuciante a raíz de la crisis de la cadena de suministro y, sobre todo, de la inestabilidad derivada de la invasión de Ucrania. De modo que la coincidencia en apenas unas semanas de varios certámenes sobre el futuro de la energía eléctrica, como el Energy Storage World Forum en Berlín y, sobre todo, el The Smarter E Europe en Munich, han despertado enorme expectación: ¿ofrece alguna salida viable la innovación al embrollo en el que andamos metidos?

Es el momento de las grandes palabras. Para Ditlev Engel, de la consultora global DNV, “no es solo una transición energética, es una transición industrial”. El mensaje es que hay que acelerar el ritmo e invertir urgentemente en toda la cadena de valor. Y puestos a identificar prioridades, Simon Löffler, de Volkswagen Group Charging, cree que lo que realmente marcará la diferencia será el uso a gran escala de la tecnología de almacenamiento de energía.

La receta de su compañía es introducir incentivos para que el sistema eléctrico se aproveche de las baterías de los coches, estacionados la mayor parte del tiempo. “La movilidad eléctrica es más que cargar vehículos, también se trata de integrar a toda la infraestructura energética”, dice. Sus palabras tienen que ver con la falta de flexibilidad de la red eléctrica de Alemania, que ha tenido que pagar para exportar el exceso de energía a países vecinos más flexibles.

Frente a esa rigidez, compañías como la finlandesa Wärtsilä aprovechan para difundir su visión de “sistemas de baterías de formación en red (grid forming) trabajando junto con el almacenamiento de energía distribuido y la generación flexible”, según su vicepresidente Andrew Tang.

Wärtsilä ha creado en la isla portuguesa de Graciosa una solución híbrida en grid forming que integra generación eólica, solar, almacenamiento y térmica. Y está convencida de que ese es el modelo: “áreas integradas en un sistema energético más amplio, que pueden desconectarse fácilmente de él para garantizar un equilibrio y una resiliencia de la red”. Pueden ser islas, calles, barrios o ciudades autosuficientes. La gestión se vuelve seamless gracias a la inteligencia artificial.

Hydrogen Europe (en cuyo comité de dirección, pese al hype del asunto en nuestro país, lo más español que podemos encontrar es a Gerrit A. Marx, de IVECO) ha presentado el muy interesante informe Steel from Solar Energy que se supone que demuestra que es posible producir acero en Europa a partir de hidrógeno verde, es decir, generado con fuentes de energía renovables.

Pero cuando buceas en el texto, vuelven a aparecer los obstáculos ya conocidos: el coste, ya que, para que el proyecto alcance el punto de equilibrio, el precio de entrega del hidrógeno tendría que ser inferior a 3 euros/kg en el escenario de «precios altos» y de 1,5 euros/kg, en el escenario de ‘precios ajustados’; la escala, ya que para producir todo el hidrógeno verde necesario para reconvertir la industria del acero habría que generar hasta 370 TWh de electricidad renovable adicional; y la necesidad de proporcionar un suministro constante de hidrógeno, algo ahora mismo imposible de garantizar. No obstante, ahí está la llamada a los innovadores.

La buena noticia es que nos estamos acostumbrando a romper récords de energía renovable en Europa. Alemania y España han logrado generar con fuentes limpias más del 75% de su electricidad y el Reino Unido ha pasado casi 68 días sin quemar carbón, el período más largo desde la revolución industrial. Y es sólo el principio, en The Smart E Europe se ha afirmado que las instalaciones fotovoltaicas anuales deberán triplicarse o incluso cuadriplicarse.

La primera gran Estrategia de Energía Solar de la Unión Europea está prevista para este 2022, y se espera que proporcione un impulso añadido. Soluciones que anteriormente eran aplicaciones de nicho, como la fotovoltaica agrícola en tierras de cultivo, la fotovoltaica flotante y, en particular, la fotovoltaica integrada en edificios, se volverán cada vez más importantes para desbloquear espacio adicional. Y, de nuevo, las tecnologías de almacenamiento serán claves para que el crecimiento no se detenga, sobre todo debido al aumento de los precios de la energía.

Aunque persisten las dudas sobre si la innovación nos ayudará a salir del lío energético, hay motivos para ilusionarse, siempre y cuando, eso sí, desaparezcan esos obstáculos regulatorios que impiden implementarla rápidamente.