A efectos digitales, el espacio único de datos que impulsa la Unión Europea, la gran federación de nubes llamada Gaia-X, podría presentarse como la Via Augusta de los bits del siglo XXI. Se trata de que un vehículo conectado pueda circular desde Lisboa hasta Viena accediendo en todo momento a la información del ecosistema compartido en tiempo real.

La clave, como saben bien Alemania y Francia, los dos países que indiscutiblemente llevan la iniciativa, está en el software que debe orquestar todo el sistema. No en el ‘metal’, que es la forma que tiene el sector de referirse a la parte física de los servidores. Cómo hablar de la industria 4.0 y de edge computing cuando los microcentros de datos que tiene un gran fabricante del automóvil en su planta no pueden hablar entre sí.

No hay otra alternativa, además, para asegurar la soberanía de los datos frente a los gigantes norteamericanos AWS, Google Cloud o Microsoft Azure, que crear una lengua franca propia que permita a todos los sistemas de información interoperar y comunicarse. Las distintas capas de la federación de nubes dispondrán por ello de un estándar europeo de código abierto. Se está trabajando ya en su diseño.
Pero Gaia-X trae sorpresas añadidas. La UE acaba de aprobar un proyecto de colaboración entre diversos países, con el modelo IPCEI, llamado ‘Distributed & Green Orchestrated Cloud Federation’. Su objetivo es crear una red de microcentros de datos alimentados, atención, al 100% con energía renovable.

La UE quiere instalar esos centros de servidores junto a los parques de aerogeneradores y de placas fotovoltaicas. Se orquestarán a través de una herramienta HDCFM (Hybrid Digital Cloud Federation Management) que incluye las plataformas, la infraestructura TIC y la gestión energética, que es el gran reto. Porque los datos fluyen de forma continua, pero la energía verde no: hay que diseñar el software que haga que, en caso de caída del suministro, un día sin viento, por ejemplo, los datos puedan procesarse en otras nubes.

Esa idea de mezclar las energías verdes con la «economía del dato» constituye una gran novedad, e implicará tecnologías de inteligencia artificial como los algoritmos de optimización de swarm, es decir, de enjambre. Es en este punto en el que aparece en el horizonte la oportunidad de dar una sacudida al tablero. ¿Se atreverán las eléctricas que participen en el proyecto de microcentros de datos con energías renovables en España a crear sus propias nubes?

El consumo eléctrico, el principal coste fijo de las granjas de servidores, es precisamente su producto y el transporte de la luz a la red no es problema, porque cerca de los aerogeneradores siempre hay subestaciones. Tampoco hace falta preocuparse por la fibra óptica: los parques eólicos la traen de serie por ley para su monitorización en tiempo real.

¿Por qué entrar en el negocio de la nube? En un data center convencional, cada rack suele reportar unos 1.500 euros de ingresos al mes. Pero si ese mismo rack, ese montón de piezas de ‘metal’, se comercializa como cloud pública, los ingresos se disparan hasta los 20.000 euros mensuales.

Los gigantes ‘tech’ están anunciando grandes inversiones en centros de datos en suelo español, pero una parte sustancial de ellos se dedicarán a abastecer la propia actividad de Amazon, Google o Meta. La mayoría de los datos sobre la escolarización de tu hijo siguen yéndose a Virginia del Norte (EEUU).

“Las eléctricas se lo están pensando”, es la respuesta que trasciende tras las cortinas de Gaia-X. De momento, el IPCEI se desarrollará en tres comunidades autónomas que cubren un 40% del territorio nacional. Es cierto que harán falta muchos microcentros de datos para ganar masa crítica. Pero hay tiempo, el reto es dotarse de estrategia ante la revolución que se avecina en Europa.