Me ha costado casi 20 años dejar de tener manía a ‘Hey Ya!’, de Outkast. Es curioso, porque comencé adorando esta canción de comienzos del milenio, pero terminé abusando de ella y pasó como con casi todas las cosas que consumes de forma obsesiva, que terminas por odiarlas por un tiempo. Me sucedió lo mismo que con el queso roquefort o con unas Adidas Samba que me compré; varios meses calzándolas de forma compulsiva y ya no las podía ni ver. ‘Hey, Ya!’ llegó a gustarme tanto que cometí un error de principiante: acabé poniéndomela como alarma en el móvil. Es curioso que la generación de los terribles politonos tenga la caradura de que le aberre la mariposa en los dientes de Rosalía. En fin, volviendo al tema principal, que de tanto escuchar la canción de Outkast, incluso hasta con las legañas matutinas, terminé por eliminar de todos mis dispositivos este temazo.

Por aquel entonces bastante tenía con sacarme de la cabeza ese ritmo, pero hoy, desde la distancia y, sobre todo, desde unas canas que empiezan a contarse por decenas, sé que lo que me pasaba era que pasar tanto tiempo con algo me hacía perder la perspectiva. Llegué a interpretar mi hartazgo como el de los demás, a creer que porque a mí me enervase ese ‘One, two, three’ inicial, al resto de los mortales también debía de pasarles lo mismo. Era de cajón, no había nadie que pudiera seguir disfrutando de esa canción. Así que, durante casi 20 años, la hice desaparecer. Hasta que hace un par de semanas me apareció al azar en Spotify y reaccioné con un gutural: “¡Qué **** temazo!”. A veces somos así de energúmenos.

Ahora que he recaído, pienso en que en muchos departamentos de marketing se produce el fenómeno ‘Hey, ya!’. Es decir, como los responsables de marca pasan tanto tiempo con sus productos o con sus campañas, acaban por perder la perspectiva y considerar que su hartazgo por convivir varios meses o años con los mismos conceptos es el cansancio de los consumidores. Por eso tantas maravillosas y fértiles plataformas cambian de la noche a la mañana sin que nadie más que los responsables de la misma se hayan cansado, por eso tantos packs o logotipos se modifican para solaz y esparcimiento de nadie más que de quien tiene la posibilidad de cambiarlos, por eso, anuncios que han tenido una docena de pases están ya quemados. Porque confundimos nuestro empacho con el de la gente.

Quizá una de las mayores dificultades de trabajar en marketing sea saber equilibrar la necesidad de tener una receta y tomar decisiones personales, muchas veces fundamentadas en la intuición, con evitar los ataques de personalidad y saber poner cierta distancia para ver las cosas con claridad. La suficiente para saber que ‘Hey Ya!’ es un **** temazo, pero que para despertarse mejor poner algo a lo que coger manía con gusto. Hay dos discos de Santa Justa Klan ideales para ello.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.