Cuando uno está triste, no hay nada mejor que acompañarlo de un contexto al menos igual de gris. En esos días, no se me ocurre peor consejo que el “No estés triste, haz algo para no estarlo”. Si uno está apenado, lo único que desea es hurgar en su propia herida; encerrarse en la habitación, atiborrarse a KitKat o M&M (cualquier cosa salvo Mikado, un pico de pan disfrazado de dulce) y poner en Spotify canciones melancólicas, que pueden ir desde Álex Ubago a Pablo Alborán, pasando por “El Muelle de San Blas”, de Maná. La paradoja es que el remedio de más tristeza suele ser efectivo para terminar superando el duelo. De repente, te cansas por abuso de estar apesadumbrado y vuelves a arrancar. Sales a la calle y tu banda sonora es el “Stayin’ Alive” de los Bee Gees.

No sé por qué existe esa tendencia casi obsesiva a buscar siempre la mejora desde el cambio radical. No sólo se trata de algo como el estado anímico, sino que lo he visto a lo largo de estos años en muchos otros contextos. Me llama especialmente la atención cómo aplicamos esta práctica en el entorno profesional. Un hábito es el de buscar siempre el área de mejora en el desempeño de un empleado y, a partir de ahí, encontrar proyectos en los que la pueda corregir. Proyectos incómodos. Lo que viene a ser decir de otra manera: “Como no eres especialmente ducho en esto, vamos a darte la oportunidad de que nos demuestres que nos equivocamos”. Nuevamente, corregir lo que uno quiere hacer por antónimo, buscar la emoción opuesta. Cambiar de disco cuando uno lo que necesita es el “Sin miedo a nada”, de Ubago.

Con el paso de los años, me he dado cuenta de que el planteamiento expuesto anteriormente sólo suele llevar a más frustración. Todos debemos conocer lo que se nos da mal para ser conscientes de nuestras limitaciones, pero mi experiencia me dice que no hay nada más efectivo que potenciar las virtudes. En vez de husmear en los defectos (o el eufemístico áreas de mejora) de alguien y ponerle a corregirlos, con la consiguiente frustración de que podrá rebajarlos, pero casi nunca eliminarlos, es mucho más práctico y, sobre todo, útil, hallar lo que a alguien se le da bien y buscar todos los espacios en los que le podrá desatarse. Hacer lo contrario es como poner a Mark Knopfler a tocar la batería para tener un perfil musical más completo. ¿Por qué hacemos esto?

Sencillamente, quizá sea más complicado indagar en las virtudes de alguien, en lo que se le da bien. Puede que hoy haya desayunado un tazón de Paulo Coelho con cereales, pero estoy convencido de que es posible hallar cosas que se nos dan bien en casi todos. Por eso, creo que la aspiración debería ser lograr aquello en lo que somos excelentes o, simplemente, buenos, antes que exponernos a tareas de las que sólo saldremos un poco menos zoquetes. Dejemos de buscar la mejora desde el cambio de tercio. Si tienes ganas de Álex Ubago… Pues más Alex Ubago.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.