Durante las primeras etapas de la crisis del covid-19, los accionistas han estado totalmente focalizados en controlar la estabilidad y la liquidez del negocio. Así, en pleno auge de volatilidad del mercado, los inversores activistas –quienes invierten en acciones de una empresa con la mirada puesta en influir en su dirección estratégica– han ajustado sus objetivos y han minimizado significativamente cualquier actividad que pudiera causar una mayor perturbación a los ya inestables mercados. Esto provocó una fuerte reducción del activismo en el segundo trimestre. 

Si bien la crisis ha eliminado algunas de las herramientas utilizadas habitualmente por estos inversores, ha dado paso a nuevas tácticas para capear las turbulentas condiciones del mercado, lo que ha trastornado las relaciones entre activistas, private equity e inversores tradicionales. 

En este contexto, el mercado de fusiones y adquisiciones (M&A por sus siglas en inglés) se ha convertido en una importante alternativa estratégica para los activistas. Por un lado, si un negocio no se puede mejorar, o si las valoraciones de las acciones están infravaloradas en los mercados, la venta del negocio se convierte en un posible plan al que recurrir. Por otro, la disponibilidad actual de liquidez y los bajos tipos de interés están impulsando considerablemente la reactivación del mercado de M&A, una estrategia efectiva para los activistas que pone de manifiesto, además, la necesidad de que los consejos de administración y los ejecutivos controlen su narrativa estratégica.

Cambios y dificultades

Creemos que los cambios estructurales y la búsqueda de eficiencia operativa marcarán la agenda de las compañías en el medio y largo plazo. Según los datos del último informe de Lazard sobre activismo accionarial, el 41% de las campañas de 2020 presentaba un objetivo de fusiones y adquisiciones, cifra en línea con los niveles del año anterior gracias al récord batido en el cuarto trimestre con un 47% de toda la actividad. Los vientos en contra tras el estallido de la crisis sanitaria impactaron de lleno en la actividad inversora y frenaron en seco las grandes operaciones de fusiones y adquisiciones en el segundo trimestre. 

Pero, pese a un año difícil, el mercado se reanimó en la segunda mitad de 2020, resurgiendo con fuerza desde el tercer trimestre con grandes activistas agitando empresas participadas para que reevaluaran sus objetivos estratégicos con el fin de influir en el negocio y en determinados sectores. Estos activistas han centrado su apuesta y la mayor parte del capital desplegado en el sector financiero. El papel principal de las operaciones de fusiones y adquisiciones en 2020 ha sido vender compañías, agitar empresas para eliminar una línea de negocio no esencial e intervenir en operaciones en curso para mejorar los términos de los acuerdos o bloquear malas negociaciones.

Vencer al mercado

En Europa, los fondos activistas reajustaron su estrategia y cambiaron el foco para dirigir sus campañas con objetivo de fusiones y adquisiciones a empresas considerablemente más pequeñas que en campañas anteriores, acelerando así el proceso de adaptación al nuevo entorno.

Con la recuperación de los mercados, el objetivo principal de los inversores pone el foco en vencer al mercado durante esta parte del ciclo. En consecuencia, cabe esperar que las empresas que actualmente obtengan un rendimiento inferior pueden llegar a enfrentarse en los próximos meses a una mayor presión de los accionistas, tanto de los institucionales, a largo plazo, como de los inversores activistas. En Lazard prevemos que esta ola de consolidación del mercado de fusiones y adquisiciones continuará durante este año 2021 e impulsará la recuperación de la actividad corporativa en Europa.

**Rich Thomas, Director y responsable de activismo accionarial para Europa de Lazard