Opinión Jesús Mardomingo

¡VAAAAMOOOOS!

Defender lo que amamos significa reconocer la complejidad de nuestra historia y valorar el extraordinario patrimonio cultural, humano y lingüístico que comparte hoy la comunidad iberoamericana. Los grandes clubes de fútbol ibéricos y americanos, ayudan a entender que una economía emocional bien gestionada, se convierte en industria global.

Fuente: propia.

Banda sonora recomendada: Dai Dai es una canción de la cantante colombiana Shakira, y el tema oficial de la Copa Mundial de Fútbol de 2026, organizada en Canadá, Estados Unidos y México. La canción utiliza expresiones escritas en cinco idiomas: inglés, español, italiano, francés y japonés. La final, por si algún lector no se enteró, la celebraron Argentina y España.

Octubre de 2026

Existe una leyenda que dice que, si todos los chinos saltaran a la vez, se desviaría la órbita de la Tierra. La ciencia coincide en que todo esto carece de fundamento o de estudio alguno que respalde la idea. A ello se uniría la aparente dificultad de poner de acuerdo a los más de 1.400 millones de personas, incluidos los once millones de nacionales que el Gobierno del país asiático dice que viven fuera del su territorio.

Sin embargo, sí existen trabajos científicos que analizan la fuerza emocional, simbólica y social de un colectivo que actúa colectivamente, ya sea para tocar a sus Reyes en un gesto de legitimidad y pertenencia, o para llenar un estadio y coordinar un tifo monumental que parece espontáneo, pero es, en realidad, una demostración de capacidad organizativa y potencia, que puede tener su reflejo empresarial.

Un buen ejemplo lo representan los grandes clubes de fútbol, tanto ibéricos como americanos, reveladores de una economía emocional iberoamericana que, bien gestionada, se puede convertir en industria global. El deporte, y en particular el balompié, el futebol, es su expresión más visible. Pero el fenómeno va mucho más allá del césped. Lo que ocurre en un estadio es una metáfora de lo que ocurre en la Región, capaz de reunir a comunidades intensas, empresas que saben canalizar esa intensidad y una cultura que convierte la emoción en producto económico.

La proximidad de la Cumbre Iberoamericana y de su inseparable Encuentro Empresarial, unida a la del Encuentro de Ciudades Iberoamericanas, vuelve a recordar una verdad que a veces se olvida. Iberoamérica es una comunidad política, histórica, institucional y de propósito, pero también un ecosistema económico singular, capaz de transformar identidad, creatividad y pasión en valor.

El deporte, igual que otras actividades análogas donde se manifiestan la diferenciación cultural, la pasión y la creatividad, funciona como un laboratorio privilegiado para entrenar la fricción cognitiva. Son motores de lucidez, a veces para obligarnos a pensar, otras para permitirnos comprender y, en cualquier caso, un método de entrenamiento sofisticado de la inteligencia cívica.

Ciertamente, los países, y, muy especialmente, las ciudades que componen la Región han demostrado que reúnen un colectivo humano que, en términos deportivos y creativos, sabe competir, innovar y liderar. Unos ciudadanos que aman su territorio, con argumentos.

Bajo esta esta realidad, la inminente coincidencia en Madrid de los líderes empresariales (y también municipales) iberoamericanos puede ayudar a consolidar y seguir construyendo una línea empresarial basada en su propio ADN cultural, reconociendo que el deporte es uno de sus laboratorios más exitosos. Y si no, que se lo pregunten a los de la plataforma de la N, despiden a mil trabajadores, pero apuestan por el valor de una competición con 5 países anfitriones iberoamericanos.

No todo es productividad tecnológica, recursos naturales o energía, ni tampoco Iberoamérica necesita imitar a nadie para competir globalmente, basta con potenciar aquello que la hace única.

Película recomendada: “el secreto de sus ojos” (2009) película argentina de dirigida por Juan José Campanella, “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia… de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín… no puede cambiar… de pasión.»

La película, una coproducción realizada con capital local y de España, logró ser la película argentina de mayor éxito de 2009 y una de las más taquilleras de la historia del cine argentino, con más de dos millones y medio de espectadores. En 2010 se convirtió en la segunda película argentina en ganar el Óscar a la mejor película extranjera, después de La historia oficial.

Jesús Mardomingo es abogado de largo recorrido. Defensor de la economía naranja, como modelo de desarrollo en el que la diversidad cultural y la creatividad son punto clave para abordar con éxito la actual transformación social y económica que el planeta demanda.

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