Opinión Salvador Sostres

Alejandro Ponsà, la calidad y el conocimiento

El trabajo de laboratorio y la precisión en la selección de materias primas son esenciales en el proceso de creación de un perfume de autor.

Fragantica publicó hace un par de semanas un artículo incendiario sobre un perfume que olía a quesos podridos y cubo de basura. A planta del pie, decía también aquel texto. Quedé sorprendido por tales afirmaciones, y por una dureza que no era exactamente una crítica, sino una reacción, porque de alguna manera, a pesar de sus groseras comparaciones, se notaba que de alguna manera la autora del artículo había sido en parte seducida por el perfume.

Miré un poco y me di cuenta de que se trataba de un perfume fabricado en Barcelona. El nombre de su autor era Alejandro Ponsà. Y a través de la página web de su empresa me puse en contacto con él, y dado que no disponía de una tienda física en Barcelona para ir a probarlo, le pedí que me mandara un ejemplar.

Alejandro respondió enseguida y con suma amabilidad. Había leído el artículo de Fragrantica y mejoró mi petición con el ofrecimiento de que lo fuera a visitar a su taller, situado en Sant Joan Despí.

Me recibió a las 17:15 de la tarde, aunque habíamos quedado a las 17:00, y fue mi culpa porque llegué imperdonablemente tarde. También hay que decir que los pueblos no son fáciles.

En su taller tenía ordenadas en las estanterías las esencias con las que trabaja, proveídas por Maese Lab, un laboratorio de siete generaciones en perfumería veneciana afincado en Barcelona. Alejandro no es un perfumista que busque la originalidad a través de la creatividad, sino que busca la perfección a través de la alta calidad de las materias que usa y de una manera equilibrada, culta y motivada de mezclarlas.

En el símil gastronómico sería un cocinero clásico, conocedor de las grandes recetas de la cocina mundial, y defensor de la pureza de los productos. Hay una modestia, una naturalidad en el señor Ponsà, que se basa en no querer ser el protagonista de sus perfumes. Es su autor, pero es de una manera discreta, porque en su manera de pensar la perfumería hay cosas más importantes que él, como la alta calidad y el conocimiento profundo.

Sobre sus perfumes hay un hilo conductor, que es una cierta contundencia. Habiendo probado toda su colección, incluida el Indy Oud al que hacía referencia el artículo de Fragantica, es verdad que hay una intensidad, hay un una exigencia en cada perfume que los hacen lo contrario de amables y dóciles. Pero de ahí a hablar de quesos podridos y de cubos de basura existe un recorrido demasiado largo y que una persona culta y preparada no debería recorrer, y menos en una conversación civilizada, como la que se supone que se mantiene en una página como Fragantica.

Alejandro Ponsà se expresa a través de sus materias que ha elegido meticulosamente. Son poderosas, reclaman su protagonismo y Alejandro se lo concede porque su manera de amar la perfumería, y por lo poco que conocí, me parece que también de amar la vida.

En el carril central de la perfumería de hoy, e incluso en la alta perfumería de hoy, llamada “niche”, estamos acostumbrados a que todo nos venga rebajado de intensidad y con olores que son siempre los mismos. Todo se nos sirve apacible, liso, fácil, igual que lo de al lado para que no te asustes.

En Alejandro nada es reconocible porque él se ha tomado la molestia de ir a buscar lo extraordinario y hacer que te extrañes, e incluso tengas un sobresalto, es su contribución. Todo lo excelente es difícil, exigente, y la satisfacción que al final tienes también se basa en el esfuerzo que tú has de hacer para alcanzar la cumbre y reservar el espacio de incomodidad que tiene que haber en ti si de verdad quieres crecer.

Cedar Forest, de cedro y humo, en recuerdo de los jardines de su infancia y de su abuelo cortando y quemando leña; Xanath, su opinión -documentada- sobre la vainilla; el resumen del Mediterráneo que es Odissey; Jara, el homenaje al paisaje que vio crecer su madre; y el famoso Indy Oud, componen de momento su colección, aunque la obra de Alejandro no sólo se refleja en ella sino también en los perfumes individualizados que realiza para sus clientes. Su capacidad perceptiva para entender la mezcla entre lo que el cliente cree que le pide y lo que él sabe que necesita, le ha procurado muchos éxitos en este terreno, además de uns interesante líne de negocio.

Alejandro Ponsà tiene carácter, fuerza, ideas, recursos intelectuales poco frecuentes y una cultura muy trabajada. Pero sus perfumes no se pueden llevar de una forma pasiva, porque si no hay una voluntad concreta, y determinada, en el receptor, la sensación será de rechazo. Tras la explosión inicial, el perfume se relaciona contigo de una manera más plácida, pero has de haber llegado hasta allí.