Según informan varios medios de comunicación estadounidenses, citando a su familia y a su equipo de representación, Clive Davis, descubridor, entre otros artistas de Whitney Houston y Barry Manilow, ha fallecido este lunes, 22 de junio, en Nueva York a los 94 años. Según citan estos medios, el ejecutivo discográfico había estado ingresado en un hospital debido a problemas respiratorios.
Lo normal en la historia de la música pop o rock es que se cite a los fundadores de sellos discográficos como las grandes figuras de la industria musical: Richard Branson, creó Virgin; Berry Gordy, Motown; Sam Phillips, Sun; Manfred Eicher, ECM, el prestigioso sello alemán de jazz y nuevas músicas. En España, uno de los grandes ejemplos es el de Servando Carballar, fundador de DRO. Pero Davis rompió los esquemas: muchos de los ejecutivos más destacados del sector desarrollaron sus habilidades de liderazgo tras pasar años trabajando como productores o agentes de talentos.
Cuando el Sr. Davis comenzó a trabajar en el departamento jurídico de Columbia en 1960, a los 28 años, no tenía experiencia previa en el sector; más tarde se describió a sí mismo como un luchador corriente que se sentía muy orgulloso de haber conseguido becas completas para estudiar en la Universidad de Nueva York y en la Facultad de Derecho de Harvard.
Clive Davis, de Brooklyn a convertirse en un magnate de la música
Davis había nacido en 1932 en el barrio neoyorquino de Brooklyn, en el seno de una familia judía. Sus padres fallecieron con poca diferencia de tiempo, justo cuando Davis acababa de empezar la universidad. “Me quedaban 4.000 dólares para pagarme la carrera de Derecho en la universidad”, declaró en una ocasión en una entrevista. Para conseguir becas, Davis tuvo que mantener un buen promedio de notas. “Eso me inculcó una estricta ética de trabajo”.
En 2013, a los 80 años, publicó su autobiografía “The Soundtrack of My Life”, en la que, además de revelar públicamente su bisexualidad, admitió que cuando empezó “no sabía nada de música”. En ese libro describió una juventud marcada por el estudio constante y la pasión por los Brooklyn Dodgers, un equipo de béisbol, desaparecido en 1957, pero sin ningún interés especial por la música. Dentro de Columbia, Davis demostró desde el principio su astucia en las negociaciones. Contribuyó a que se desestimara una demanda federal por prácticas anticompetitivas relacionada con el club de venta por correo de discos de Columbia y se encargó de las delicadas negociaciones contractuales con jóvenes estrellas como Bob Dylan y Barbra Streisand.
Davis se esforzó por desarrollar su instinto empresarial –y su oído– estudiando las listas de éxitos de la revista especializada Billboard y analizando qué era lo que convertía a una canción en un éxito. Llegó a creer en el poder de lo que él denominaba “música contemporánea”: ese pop descaradamente comercial que surge cuando un ejecutivo discográfico une a los cantantes adecuados con las canciones adecuadas y el productor adecuado.
Tras ascender rápidamente en la jerarquía corporativa de Columbia, Davis asumió el cargo de presidente en 1967 y comenzó a reestructurar el sello discográfico para que pudiera competir en unos tiempos de cambios. El mundo supo de Davis, tanto en lo musical como en lo empresarial, en el Festival Internacional de Pop de Monterey, en junio de 1967, donde el cartel incluía a Jimi Hendrix, The Who y The Grateful Dead. Davis quedó especialmente cautivado por Janis Joplin y su grupo, Big Brother and the Holding Company, pero el enorme potencial comercial del rock le causó una impresión aún mayor. “Sentí un escalofrío recorriendo mi espalda y mis brazos vibrando –recordó en un documental en 2017–. Me di cuenta de que ese iba a ser el futuro. Lo sentía en lo más profundo de mi ser”.
Y así fue como terminó convirtiéndose en uno de los magnates más poderosos y longevos de la industria, encargándose de guiar las carreras de Whitney Houston, Barry Manilow o Aretha Franklin, además de impulsar (o revitalizar) a estrellas y grupos como Miles Davis, Santana, Bruce Springsteen, Billy Joel, Pink Floyd, Patti Smith, Alicia Keys o Aerosmith, lo que le permitió dejar una huella decisiva en la historia de la música de las últimas décadas, sabiendo que el proceso podía llevar tiempo. A modo de ejemplo, para el primer álbum de Whitney Houston, Davis y su equipo buscaron productores y canciones durante casi dos años. Cuando “Whitney Houston”, el álbum de debut de la cantante, salió finalmente a la venta, en 1985, incluía tres canciones que llegarían al número uno –“Saving All My Love for You”, “How Will I Know” y “Greatest Love of All”– y se convirtió en uno de los álbumes de debut más exitosos de la historia, con más de 25 millones de copias vendidas en todo el mundo, según Sony.
Cuando Clive Davis descubrió a Whitney Houston
La larga trayectoria de Davis en el mundo de la música lo convirtió en toda una institución en el sector. En 1973 abandonó Columbia y se encargó de relanzar un pequeño sello, Bell, que él rebautizó como Arista. Y enseguida logró un número 1 para el nuevo sello, “Mandy”, de Barry Manilow, uno de los artistas que formaban parte del sello Bell.
Mucho después de que la mayoría de sus contemporáneos se hubieran jubilado, Davis siguió buscando talentos. Ganador como productor ejecutivo de varios premios Grammy, desde el año 2000 era también miembro del Salón de la Fama del Rock and Roll. También fue capaz de acaparar titulares, como cuando reveló, a los 80 años, que era bisexual y que había mantenido relaciones serias con hombres, además de sus dos matrimonios con mujeres, de los que tuvo cuatro hijos. “No fue hasta que alcancé la mediana edad, tras dos matrimonios fallidos, cuando empecé a mirar más allá del género en lo que respecta a las relaciones”.
Uno de sus descubrimientos profesionales más importantes fue Whitney Houston. «Tuvimos una relación profesional muy estrecha desde aquel momento, en 1983, en que la descubrí. (…) Era un portento vocal, capaz de transformar una canción y darle un aire completamente diferente”. En 2022 se estrenó “I Wanna Dance with Somebody”, una película producida, entre otros, por Davis sobre la cantante fallecida en 2012, a la que ha echado mucho de menos, al igual que a la cantante Aretha Franklin, fallecida en 2018. De esta última afirmaba haber sido “muy buenos amigos. Salíamos a comer juntos y hablábamos de la vida. Nunca admitió que padecía una enfermedad terminal. Seguimos charlando hasta unas semanas antes de su muerte”. Pero lo que más escuchaba era la música de Bruce Springsteen. “Me encanta todo lo de Springsteen. Desde el momento en que firmó su contrato hasta sus actuaciones en Broadway, lo he seguido toda mi vida”.
En una entrevista relativamente reciente para Rolling Stone, Davis declaró estar plenamente satisfecho de su vida. “Entrar en la industria discográfica y dedicar mi vida a la música ha sido increíblemente gratificante y satisfactorio en todos los sentidos”. Hoy nos despedimos de él.

