Obituario

Mi querido Pepe

El diseñador Oscar Mariné se despide con este texto de su amigo Pepe Cruz Novillo, fallecido este sábado 2 de mayo.

Pepe Cruz Novillo (Foto: cruzmáscruz)

Pepe Cruz además de ser el diseñador y artista gráfico mas importante de su generación, tenía un pequeño añadido, que lo colocaba inmediatamente por encima de la mayoría de los mortales, era un genio.

Podía haberse desarrollado en cualquier otra disciplina pero eligió esta profesión tan prometedora y arriesgada en aquel tiempo.

Fue pionero en nuestro país y consiguió con su trabajo dotar de solvencia y modernidad a muchas instituciones y empresas fundamentales.

Pertenecía a un grupo de jóvenes ilustrados y brillantes con la vocación de hacer del mundo un sitio mejor. Se crió en Cuenca, un campus excepcional para elevar su oficio al mayor nivel artístico e intelectual, por sus calles corrían las mejores cabezas de su generación.

Pepe sobre todo era un pensador con una cabeza privilegiada, era sencillo, directo, ágil y lo que más valoraba en la vida era simplemente vivirla. Era un erudito de la síntesis. Hacía de cada momento algo especial, irrepetible y memorable.

Sus trabajos eran simplemente una continuación de sus principios, no concebía la vulgaridad, era exigente con su entorno, él ponía el listón sólo con la mirada y mantenía la apuesta y el rigor con toda la naturalidad y además, nunca era pedante.

Cuando le conocí yo estaba abriéndome camino como diseñador gráfico en el mundo del underground, me acerqué a la asociación profesional que él dirigía y sentí como me escrutaba, su mirada me caló hasta el fondo, a mi me temblaban las piernas pero él me acogió y disfruté siendo su escudero. Luego fuimos amigos para siempre.

No hacía falta hablar de diseño, trataba cualquier asunto con tanto criterio que ahí estaba su grandeza y cuando te ponías a trabajar sabías cual era EL NIVEL.

Pepe iba como Pitágoras, al frente de la fila en aquellas tertulias con Roberto Turegano, Alberto Campo Baeza, Alfonso Albacete, Titto Ferreira, Julio Peñas, y yo, donde nos explicaba, con su fina ironía, la diferencia de lo significante y lo insignificante, con eso estaba dicho todo.

No hay palabras para tanta grandeza.

Todo mi respeto y cariño para su hijos, Pepe (socio del estudio Cruz+Cruz que se ha encargado minuciosamente de su legado), Meli y Mateo, para su familia y amigos.

Gracias por tu generosidad, buen viaje compañero.